6 de diciembre de 2010

SEMOS CHISMOSOS

PALABRA DE CÍCLOPE


Imagen cortesía de http://ciberprensa.com/


Si las espaldas vieran, la porción usual de esputos se reduciría ostensiblemente, los chismes ya no serían chismes, tendrían matices claros y las bocas indecentes guardarían mutismo mientras estuviéramos presentes.

Y es que nos fascina hablar mal del prójimo, lo hacemos con devoción meridiana y así nos inventamos vida y obra de ella o él, aunque nos simpaticen, y creamos mitos y leyendas negras y rosas.

El chisme se basa en entretenimiento perverso, sociales como somos vivimos a plenitud nuestra antropofagia conscientes de que la lengua es más rápida que la luz, y decimos y opinamos sobre otros porque nos preocupa el qué dirán de nosotros.

Semos chismosos de natura y nos ocupan las apariencias, el juego de máscaras y antifaces, la reputación debe brillar como el oro y hay que ocultar la doble moral.

Y entre sonrisas y murmullos avanzan las maledicencias, difamaciones sistemáticas de zutanita y perenganito, a ella le falta un paso para transitar en la zona de tolerancia si su falda estuviera dos dedos más arriba, en resumidas cuentas la tachamos de putilla porque ni siquiera en sueños nos hace caso y él tiene cara de santito pero ayer fue azul, hoy es rojo y mañana será verde porque en el fondo, enfatizamos, siempre ha sido comunista.

El chisme habitual ha abandonado aldeas, villas, pueblos y ciudades pequeñas donde reside, por costumbre y aburrimiento, para asediar espacios intangibles y evoluciona para ser visto, leído y escuchado en la pantalla.

Traspasa territorios y fronteras, islas y continentes, planetas todavía no ya que el humano aún no coloniza las esferas interestelares, porque para que el chisme subsista necesita al menos de tres de nosotros: la víctima de la insidia, el comunicativo que lo concibe y el metiche que lo repite.

Sus efectos son deletéreos y devastadores, las presas del chisme son las últimas en enterarse cuando el daño es irreparable y la infamia reposa tan profunda que se ha convertido en una aberrante verdad.

Pero que nadie nos califique de chismosos porque antes de nacer el alba lo negaremos tres veces, cínicos nos cobijaremos en la continuidad de la tradición oral, esa masa de voces que viene desde quién sabe dónde devorando prestigios y lo que encuentra en su camino.

Gabriel Otero

LA MORDIDA DE TU VIDA

PALABRA DE CÍCLOPE





Tuviste la boda que siempre soñaste, vestida de blanco, límpida e incólume, cruzaste, segura del futuro, esos arcos dorados tan conocidos como la muralla china y ahí junto al mostrador lo viste: guapo, bañado en loción, acicalado con saco gris, corbata y camisa blanca, pantalón azul, calcetas con rayas rojas y tenis recién lavados, al fondo la marquesina brillaba anunciando los McTríos del uno al nueve, los pays y las promociones.

No es nada común tener a Ronald McDonald de testigo y a las hamburguesitas con patas como damas de honor, eso te recordará que siempre serás niña por donde quiera que vayas y sonreirás al sol por tu felicidad.

No les hagas caso a los que te digan que tus nupcias evidenciaron el deshonroso segundo lugar mundial que tiene México en personas con obesidad, no es tu culpa que las mamás flojas de hoy les den McNuggets de pollo anciano a los infantes en lugar de ensalada.

Tampoco te molestes por lo que canta el coro de gente fea, esa maledicencia que afirma que a los regios les cautiva imitar lo que sucede arriba del Río Bravo, no lo admitas, aunque sepas que el sueño dorado de todos es que Monterrey sea Houston o Dallas.

Las insidias no te quitan el ser parte de la primera pareja en Latino América en casarse en una hamburguesería, ¿y qué tiene? si a alguien se le ocurrió decir “sí” en el fondo del mar y a otros en la montaña más alta y a algunos en globo aerostático es muy su asunto, el chiste es la originalidad, tu sello personal, el gozar a lo Warhol de tus quince minutos de fama.

Y es obvio que dinero no te falta, escogiste la sucursal del McDonald’s de San Pedro Garza García, uno de los dos municipios con mayor poder adquisitivo del país, salvando esos comentarios que a los querubines enamorados no les alcanzaba ni para el mole de los comensales.

Tu boda, publicitada en el mundo, forzó a que los versados en mercadeo de Burguer King y Wendy’s estén planeando elaborar menús casamenteros y toda la estrategia para captar parejas acosadas por la nostalgia y el gusto por el queso amarillo, la lechuga, el ajonjolí y el aderezo receta secreta.

Subrepticio resucitó el eslogan “La mordida de tu vida está en McDonald’s”, ojalá la anécdota se la cuentes a tus nietos cuando los invites a una cajita feliz.


Gabriel Otero
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* Basado en la nota de la boda de Maricela Matienzo Guerra y Carlos Muñoz Mendoza, mayores detalles en http://www.milenio.com/node/587694

10 de octubre de 2010

MARIO VARGAS LLOSA, LAS TRAVESURAS DEL ESCRIBIDOR

PALABRA DE CÍCLOPE


La obra de Mario Vargas Llosa, nacido en Arequipa, Perú, en 1936, puede dividirse en dos etapas: la primera abarca desde el libro de relatos Los Jefes (1959) hasta La Tía Julia y el escribidor (1977), y la segunda desde la obra de teatro La Señorita de Tacna (1981) hasta la novela Travesuras de la niña mala (2005).

Esta división, completamente arbitraria, se ha establecido bajo la óptica del análisis estructural aderezado con tintes biográficos, factores extraliterarios que desde luego condicionan la forma de narrar y las historias que se narran.

Controvertido hasta la médula y provocador por convicción, la vida de Mario Vargas Llosa siempre ha estado envuelta en la polémica, intelectual de primera línea, poseedor de una pluma versátil, orfebre de la palabra en su esencia más pura, es narrador, ensayista, articulista y dramaturgo.

Aún hay quien recuerde su escaramuza verbal con el crítico Ángel Rama cuando afirmó que “la literatura es fuego” al recibir el premio Rómulo Gallegos por La Casa Verde, o su ruptura con la Revolución Cubana cuando un grupo de intelectuales le dirigió una carta pública al caudillo Fidel Castro exigiendo la libertad del escritor Heberto Padilla.

Su andanza más reciente fue su visita a Venezuela cuando el Presidente de ese país Hugo Chávez, en una bravuconada típica de militares lo retó a él y a otros intelectuales a un debate que nunca se llevó a cabo.

Chávez, argumentó, habitar en otra liga: el Olimpo de los estadistas, sitio ajeno a cualquier creador desde que Vaclav Havel, célebre escritor checo, contribuyó a la separación de Checoslovaquia en dos repúblicas, la realidad es que el ejercicio del pensamiento no ha sido la práctica usual para quien escoge la milicia como forma de vida y hubiese significado un enfrentamiento desigual y patético.

Años antes Vargas Llosa demostró públicamente su empatía con Vicente Fox, Presidente de México de 2000 a 2006, mismo que llamó “Borgues” a Borges, por lo que la bancada de senadores y diputados priístas y perredistas pidieron la aplicación inmediata del artículo 33 constitucional para ese escritor perniciosamente metiche, y además reincidente, que hacía décadas había calificado al sistema instaurado por el PRI como “la dictadura perfecta”.

Vargas Llosa, peruano por accidente y nacionalizado español gracias a Alberto Fujimori, publicó su primer libro Los Jefes en 1959, siguió con La ciudad y los perros (1963) donde recreó magistralmente la vida e historias de los cadetes de la Academia Leoncio Prado. Los militares, indignados, emprendieron la quema pública de dicha novela convirtiéndose en sus mejores publicistas.

Siguieron la publicación de La Casa Verde (1966), Los cachorros (1967) Conversación en la catedral (1969), García Márquez: historia de un deicidio (1971), Pantaleón y las visitadoras (1973), La orgía perpetua. Flaubert y Madame Bovary (1975) y La Tía Julia y el escribidor (1977).

La característica principal de esta primera etapa de la obra de Mario Vargas Llosa se refiere a la estructura narrativa al entretejer muchas historias dentro de una misma novela, lo que resultaba en un mosaico rico en matices y voces, algo novedoso en la literatura latinoamericana.

Vargas Llosa formó parte de una brillante generación de narradores influidos por la corriente existencialista de Jean Paul Sartre y Albert Camus y por los estilos de William Faulkner y Ernest Hemingway.

El llamado “boom latinoamericano”, integrado por Gabriel García Márquez, Julio Cortázar y Mario Vargas Llosa, que tuvieron en común además de la amistad a Carmen Balcells como agente literario, fue un fenómeno de difusión y de ventas, la nueva literatura se despojó de temas costumbristas y de lenguajes locales para expresar lo urbano y lo mágico como sustancia de lo cotidiano.

París y Barcelona eran las sedes del “boom” que se convirtieron en lugares de residencia de Vargas Llosa donde estudió el doctorado en letras y se relacionó con la vanguardia del pensamiento, sitios en los que se palpaba el afán de modificar el status quo como producto de las ondas expansivas de la Revolución Cubana y el desencanto originado a partir del nuevo orden mundial y su bipolaridad.

Sus detractores que eran legión, no solamente cuestionaban sus temas y personajes, también lo hacían con su vida: la visión y la praxis de un escritor clase mediero que había crecido en Miraflores, un barrio acomodado de Lima, Vargas Llosa era transgresor de la moral revolucionaria por haber practicado las desviaciones pequeño burguesas del incesto al casarse con su tía para luego divorciarse y hacerlo con su prima, sin importar de que ambos parentescos fuesen en tercero, cuarto o quinto grado.

Pero al mismo tiempo, el sargento Lituma, Pichulita Cuellar, Pantaleón, la Chunga y la selvática, por mencionar algunos personajes, se transformaron en sujetos de tesis académicas y de interpretaciones ensayísticas desde perspectivas muchas veces opuestas.

En La Tía Julia y el escribidor la ficción rebasó a la realidad, muchos lectores pensaron que la novela era una biografía disfrazada, nadie más que su autor podría aclarar que esta narración fue “la verdad de las mentiras”.

Con la aparición de La Señorita de Tacna (1981) Mario Vargas Llosa incursionó en el teatro, la experiencia resultó tibia porque ser un extraordinario narrador y conocer perfectamente las técnicas para contar historias no implica convertirse en buen dramaturgo.

Ese lapso fue uno de los más cuestionados en la vida y obra de Vargas Llosa, gozaba de un estatus envidiable al ser reconocido como un lúcido y talentoso escritor pero pregonaba abiertamente su admiración por las propuestas de libre mercado de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, lo cual resultaba ofensivo para muchos, en un mundo marcado por las transgresiones a las soberanías nacionales.

Cabe recordar las guerras civiles en Nicaragua y El Salvador, el conflicto por las Malvinas entre Inglaterra y Argentina, la invasión de Granada y el bombardeo de Tripoli en Libia, crisis fomentadas en gran medida por el expansionismo armamentista y comercial del libre mercado y el miedo al comunismo en el traspatio.

La defensa de lo que Vargas Llosa consideraba como “libertad” le restó una cantidad considerable de lectores, su legión de críticos lo calificaban de “vendido” y “reaccionario” sobre todo cuando tildó de “cortesanos” a los intelectuales amigos de Fidel Castro afirmación que llevaba una especial dedicatoria al escritor colombiano Gabriel García Márquez al que literalmente había derribado de un puñetazo años antes en circunstancias inciertas.

El poeta Mario Benedetti salió a defender a García Márquez en otra polémica memorable que se publicó en la Revista Vuelta dirigida por el poeta Octavio Paz, fue un encuentro entre maestros de esgrima que acabó con “un amargo sabor de ceniza” en la boca de Vargas Llosa.

A principios de la década de los ochenta y en un periodo de seis años, Vargas Llosa publicó La Guerra del Fin del Mundo (1981), Entre Sartre y Camus (1981), Contra viento y marea (1982), Kathie y el hipopótamo, Historia de Mayta (1984), La Chunga (1986) y ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986).

Durante el primer periodo presidencial de Alán García, Vargas Llosa regresó a Perú que padecía los ataques de la hiperinflación y del grupo terrorista de Sendero Luminoso.

Alán García estaba por declarar su famosa “moratoria” en la que el país pagaría el equivalente al 10 % de sus exportaciones al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial. Vargas Llosa se perfiló como su principal opositor y en 1990 se postuló como candidato a la presidencia.

De 1986 a 1989 Vargas Llosa publicó El Hablador (1987) y El elogio de la madrastra (1988) en esta novela experimentó con la literatura erótica, un género siempre subestimado por la crítica pero que es platillo para sibaritas.

Y por enésima vez fue epicentro de ataques, al recrear las aventuras carnales de una madrastra con su hijastro, una historia simple contada por un maestro narrador. Los apetitos son saciados cuando se tiene la vida resuelta. Esta temática la continuaría en Los cuadernos de Don Rigoberto (1997).

El libro fue publicado por Tusquets, editores catalanes que se habían hecho famosos por sus colecciones de poesía y por el concurso “La sonrisa vertical”. En esos tiempos la editorial era referente de la literatura exquisita.

Vargas Llosa, estaba entonces en el pináculo de su popularidad, férreo opositor de las posturas políticas y económicas de Alan García que asfixiaban a Perú, fue postulado como candidato presidencial por el Frente Democrático (FREDEMO) que coaligaba diversos partidos de centro y derecha. Las elecciones se celebrarían en 1990.

Había muchos cambios en el planeta, la Perestroika culminaría con la caída del Muro de Berlín, los países de Europa Oriental estallaban en llamas intestinas por el retiro de los soviéticos de sus territorios, el comunismo se moría de inanición.

En Nicaragua los Mercedes Benz “habían dejado de ser una tentación” y los Sandinistas se preparaban para ganar otras elecciones hasta que se enfrentaron con Violeta Barrios de Chamorro, en El Salvador la derecha, impredeciblemente había asumido el poder y la guerra ahora sí llegaría a las calles de San Salvador durante la ofensiva de noviembre de 1989.

Fue una época de grandes transformaciones, Mario Vargas Llosa era favorito para ganar la presidencia pero no logró captar la mayoría de los votos por lo que tuvo que irse a segunda vuelta en donde fue superado por Alberto Fujimori, un completo desconocido que había sido apoyado inicialmente por evangélicos y después por partidos de izquierda.

En El pez en el agua (1993), Vargas Llosa relata esos momentos de incertidumbre cuando decide retomar su oficio literario y su partida a España días después de su lance político.

Vendrían años de reconocimientos, Vargas Llosa ha ganado todos los premios posibles con excepción del Nobel (1) y de novelas igualmente brillantes y enriquecedoras.

Con Lituma en los Andes (1993) Vargas Llosa vuelve a su oficio de novelista y resucita un personaje que lo ha acompañado en muchas de sus historias: el cabo Lituma, ascendido a sargento por su larga hoja de servicios a la patria.

Según la lupa de los críticos, Vargas Llosa juega con sus personajes sin que exista concordancia con el plano temporal real. Lituma aparece en La Casa Verde, Historia de Mayta y ¿Quién mató a Palomino Molero?, editados años antes. Con este libro gana el Premio Planeta y se posiciona como uno de los escritores más versátiles en castellano.

En Perú, el victorioso Alberto Fujimori, de origen japonés, disuelve el parlamento, promulga una nueva constitución y se auto otorga poderes omnímodos para gobernar a sus anchas.

Vendría la captura del líder de Sendero Luminoso Abimael Guzmán que fue humillado públicamente al ser exhibido en una jaula vistiendo el traje de rayas de los presidiarios.

En 1994, Vargas Llosa se nacionaliza español sin renunciar a su ciudadanía peruana y con su columna “Piedra de toque”, publicada en el diario “El País” de España y en más de veinte países, continúa actualmente expresando su aguda visión sobre temas políticos y literarios.

En esta década la obra ensayística y dramatúrgica de Vargas Llosa es extensa, no así la novelística. De 1990 a 2000 publica los libros de ensayo: La verdad de las mentiras: ensayos sobre la novela moderna (1990); Carta de batalla por Tyrant Loblanc (1991); Desafíos a la libertad (1994); La utopía arcaica. José María Arguedas las ficciones del indigenismo (1996); Cartas a un joven novelista (1997); las obras de teatro: El loco de los balcones (1993); Ojos bonitos, cuadros feos (1996); el libro de memorias: El pez en el agua (1993); y las novelas: Lituma en los Andes (1993); Los cuadernos de don Rigoberto (1997); y La Fiesta del Chivo (2000).

En Los cuadernos de don Rigoberto compuesto por una serie de relatos imaginarios cuyo autor es don Rigoberto, uno de los protagonistas junto a Fonchito y la imagen omnipresente de la madrastra, expulsada de la casa familiar por su incesto, obedecen a una secuencia contrapunteada con personajes de obras de arte en las que se exalta lo erótico como elemento distractor y único en la cotidianeidad.

La celebración del sexo como un homenaje a la vida, la fiesta del alma y los poros aderezados con el humor característico de Vargas Llosa. Con esta novela recuperó gran parte de sus lectores latinoamericanos que habían dejado de adquirir sus libros en la década de los ochenta.

La Fiesta del Chivo (2000) representó la reconciliación absoluta del escribidor con los seguidores de utopías, al narrar la decadencia del típico dictador latinoamericano, Leonidas Trujillo, que en pleno ejercicio de sus excesos, viola a la hija de uno de sus más cercanos colaboradores: Urania Cabral la hija de “Cerebrito” Cabral.

Leonidas Trujillo, Presidente de la República Dominicana de 1930 a 1961, es recreado por el novelista como un personaje incapaz de sudar en los calores tropicales, además de padecer incontinencia de la uretra, mal físico usual en las personas de edad avanzada. Trujillo “el Benefactor de la Patria” había cambiado el nombre de la capital Santo Domingo a la de Ciudad Trujillo como una deferencia mínima por sus servicios, tal como lo hizo Josif Stalin con Stalingrado en la Unión Soviética.

Vargas Llosa, hace gala como siempre, de sus dones de prestidigitador de la palabra al mezclar como mínimo dos historias principales que se encuentran como telas de araña: la violación de Urania Cabral narrada en retrospectiva y la conspiración que culminó con el fallido golpe de estado.

Como ambiente se describen las entrañas del sistema, la podredumbre reinante en la isla, un lugar donde los chivatos hacen de las suyas como en cualquier dictadura.

En El Paraíso en la otra esquina (2003), Vargas Llosa cambia radicalmente de tema y cuenta parte de la vida de Flora Tristán, una de las principales luchadoras sociales del siglo XIX, cuya vida termina en Perú y que es abuela de Paul Gaughin (1848-1903), uno de los pintores franceses más influyentes de los inicios del siglo XX que deja a su familia y su posición acomodada para viajar a Tahití y envejecer entre los aborígenes. Las historias se enlazan y tienen un carácter simbólico en el que se plantea la tensión entre el progreso y la vuelta a lo primitivo.

Esta novela fue subvalorada por la crítica luego del éxito de La Fiesta del Chivo, juicios que desde luego no influyeron en el común de los lectores al sembrar el interés por conocer más de la vida y obra de Gaughin como el tatarabuelo de la corriente naif que estuvo en boga en la pintura de finales del siglo XX.

En 2005, Vargas Llosa publica Las travesuras de la niña mala volviendo en esta a las tramas íntimas al recurrir a la historia de los amores personales porque ¿quién no ha tenido relaciones tormentosas? mujeres-demonios que nos persiguen como ángeles hasta el fin de nuestros días, hembras monumentales y destructoras, diosas-cadáveres que siempre resurgen de las cenizas.

En la actual década Vargas Llosa se ha dedicado más a escribir libros de ensayos y a recibir una veintena de doctorados Honoris Causa otorgados por universidades de todos los continentes.

Sin embargo, nada supera el reconocimiento que le brindamos sus lectores, el diálogo individual que nos permite descubrir las travesuras del escribidor.

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(1) Mario Vargas Llosa finalmente ganó el Premio Nobel en octubre 2010.

(Agosto 2000, julio 2009)

Gabriel Otero

EL SEISA

PALABRA DE CÍCLOPE



¿Qué surgió primero el burdel o la funeraria?, los dos se llamaban Seisa y estaban uno frente al otro, en uno se celebraba la carne y en la otra se lloraban las ausencias, se ubicaban a cincuenta metros de la Alameda Roosevelt y ocupaban casas viejas, sitios de techos altos con jardines centrales, albergues amplísimos construidos a la antigua, pensados para grandes familias cuando poblar la tierra se tomaba al pie de la letra.

La infancia es audaz, de niño se es sordo ante los peligros, conocí ambos lugares a los ocho años, en la funeraria nos metimos en un ataúd con el anhelo de imaginarnos más allá que acá, cabíamos dos en el rectángulo de madera uno en cada extremo, la muerte era transitoria, los brazos cruzados sintiendo el palpitar de la vida en la mano derecha, no había nada que pensar, solo reírse, carcajearse, de la inmovilidad.

Al burdel fui incidentalmente y no para practicar artes precoces, en su estacionamiento descubrimos el tesoro: una caja de cartón que había servido para empacar un congelador, la requeríamos para fines prácticos, era un navío que tripularíamos sobre una pendiente de pasto de setentaicinco grados de inclinación. Sacamos el armatoste con la anuencia del vigilante.

Son fútiles las palabras que afirmen que sólo pudimos utilizar el navío una vez, olas de tierra y grama perforaron su casco y sus tres tripulantes, el más alto de nosotros medía uno cuarenta metros, estuvimos a punto de partirnos la cabeza a la mitad de la travesía, pero el conocimiento del terreno nos permitió sortear bucles y cascajos.

Tres mil días después, en el ejercicio de mis facultades hormonales, asistí a la casa de citas tres veces más: la primera, con mi hermano del alma, él, generoso, invitó los tragos, las putas y el hotel, no faltaba más para vivir historias de amor efímeras.

Ellas son sinceras, a lo que van, se abren de piernas para subastar el lenguaje universal: “apúrate rey que el tiempo es dinero”, quince minutos es lo lacónico, treinta minutos lo irritante, dos horas lo normal y la noche entera es la perversión.

Me enamoré de la ternura de Rozanna, así escribiéndolo con zeta y con doble “n”, todo fue muy simple, me hizo creer ser el último amante en el abismo, el agua secando desiertos, un hombre y una mujer comiéndose a pedazos en un motel camino al puerto de La Libertad.

La segunda ocasión llegué solo como todo un vaquero, un buscapleitos empedernido, con la típica cara retadora del “¿qué me ves?” a plantarme en la barra y a esperar. Los borrachos hablaban de piernas y posesiones, con pretextos y gesticulaciones porque tú “eres mía mientras yo te pague”, “obséquiame un poco de tu interés y te invito otro trago”. Esa vez me metí con Birmania, una sílfide del trópico con el pubis rasurado, ella ni se movía, esperaba con hartazgo la inundación inevitable de los frotamientos, aséptica y profesional me preguntó si había terminado.

La tercera, fue la más memorable de todas, cualquiera hubiese pensado que estaba en otra parte y no en un burdel, todo inició con un vil coqueteo, pronto supe que se llamaba Lluvia Sol, puta fina y estelar que resultó amante de un miembro de la tandona porque los milicos siempre tienen su parnaso en los bajos mundos.

Y Lluvia Sol resultó una habilísima conversadora que no tenía ninguna necesidad de habitar en lo sórdido sino que la ninfomanía, la enfermedad de la insatisfacción, la obligaba a agotar sensaciones.

Era un estuche de monerías, mujer de mundo, bailarina de belly dance que resucitaba a los muertos, ella fue por mucho una de las mejores amantes que he tenido.

Hoy ya no existen ni la funeraria ni el burdel, la funeraria quebró poco antes de que iniciara la guerra y el burdel vivió sus momentos cumbres cuando todos buscábamos comprar amor.

Gabriel Otero

EL REINO DEL PÁJARO Y LA NUBE

PALABRA DE CÍCLOPE


Fotografía de Roberto Estrada


Las alturas son sólo nuestras evasivas para recordar los versos de Alfredo Espino, un poeta ahuachapaneco que murió a los 28 años y que con sus Jícaras Tristes subyugó a todo a un país al que le habló al oído susurrándole lo sabido pero lo no dicho, las oraciones cantadas al territorio en el que uno nace, porque de la vista siempre nace el amor y de la palabra brota la memoria.

Al oriente de San Salvador se asoma el Cerro de San Jacinto, un promontorio de tierra y árboles, sin agua a sus alrededores, adonde dicen los más viejos, existió un burdel famoso y mítico en el que se curaban los ímpetus del cuerpo: El Pájaro Azul. Desconocemos si la madrota de la casa de citas se haya inspirado en uno de los cuentos de Azul de Rubén Darío para bautizarlo con ese nombre o si hacía alusión al sexo del hombre caracterizándolo con colores audaces, anhelos ocultos o proyecciones falocéntricas precoito pensarían los perversos.

Muchos años después, para ser precisos en 1977, se inauguró en la cumbre del cerro un parque de diversiones de grata recordación para varias generaciones: El Teleférico San Jacinto. Su creador Antonio Bonilla supo regalarnos a los niños de entonces, las imágenes y experiencias para atesorarlas toda la vida.

Bueno, el costo de la entrada no era un obsequio: siete colones los adultos y cuatro los niños. Pobre de mi madre, la fastidiaba días enteros para que me llevara, las dos torres, una de ellas torcida por la geografía, y la galera atisbadas en la lejanía eran realmente un enigma que debíamos descifrar.

El teleférico fue otra de mis fijaciones, sustraía los binoculares Bushnell de mi padre y los secuestraba a la caseta del parque para percibir algún movimiento en lo que se sabía inerte, pero la perseverancia a veces tiene sus premios: vi góndolas ascendiendo a su cúspide, distinguir sonrisas o gente asustada a la distancia era mucho pedir.

La tonadilla “ven y sube al reino del pájaro y la nube” ha sido una de las más acertadas en la historia de la publicidad en El Salvador, venir era la invitación a lo nunca visto y subir a un reino ignoto y mágico sólo para soñar.

Hasta que por fin llegó la tarde en que fuimos mi madre, mi hermano, su novia y yo, abordamos el funicular que se detuvo a cien metros del suelo, elevación suficiente para descuartizarse. Mi madre reía nerviosa como diciendo “a ver cuando te vuelvo a hacer caso mono baboso” y la novia de mi hermano, una de las de la colección, que hablaba francés, inglés y alemán preguntaba coman sava? Tres bien mon cheri, le respondía le petit Gabriel sin saber ni jota de lo dicho.

Y ahogado el miedo subimos, la visión era espectacular, las pupusas algo tibias y caras, las botargas de la perica y el conejo predecibles, el tren y los juegos panorámicos lo que valía la pena.

Y el viaje de bajada en el teleférico fue otro cuento, una estampa de los que vivimos alguna vez en lo que se llamó el reino del pájaro y la nube. Un espacio entre el aleteo del torogoz y el cielo que nos cubre, un retazo especial de la memoria.


Gabriel Otero

INTERROGATORIO

PALABRA DE CÍCLOPE


¿Has pensado a qué genio se le ocurrió diseñar las portadas de tu pasaporte resaltando la pequeñez del territorio en el que naciste?, poco les faltó colocar un texto indicando la longitud y la latitud, los paralelos y meridianos para facilitar las deportaciones, enorme estupidez en un país que produce indocumentados al por mayor.

¿A quién le interesa de dónde provengas? Sí, a la migra, la temible, la colmilluda, la corrupta, la que te extorsiona, la que te exprimirá cada centavo de la billetera.

Eres del sur pero no tanto, el Istmo de Tehuantepec nunca fue tu tierra aunque se parezca, ¿Salvador? pinche pueblo bicicletero, dime, ¿quién es el padre de tu patria?, ahora resulta que te hacías pasar por jarocho.

Tú eres mara enséñame tus tatuajes, tradúceme el lenguaje de tus manos, no te hagas guey, saliendo de allá, o sea de tu rancho, no hay absolutamente nadie que te proteja, eres parte de los jodidos más jodidos, algo entre haitiano y nigeriano o quizá menos: biafrano, somalí es demasiado sofisticado, tú eres habitante del subsuelo, un estado inferior cercano a los monos, los infrajodidos que se roban tambos de gas y tuberías en Cuautitlán.

Sí, aunque no lo creas, el cobre se paga caro, hay estadísticas de paisanos tuyos que logran llegar al norponiente de la Ciudad de México y que mueren calcinados por el hambre y las llamas.

No te hagas ilusiones ya te capturamos, si no somos nosotros son los otros, que son cuates nuestros, dinero mata autoridad pendejo, o lo que es lo mismo acá mandan los rostros de Hidalgo y mejor aún los de ese viejito pelón con lentes, los dolarucos que nunca pasan de moda.

¿Quieres que le llame a tu embajador?, esos cabrones, los diplomáticos, se la pasan en cocteles y recepciones, tú no existes para nadie, ¿le hablamos a tus parientes en Los Ángeles?

Más les vale que azoten los billetes o te mueres, ¿ves ese terrenito donde se cagan las gallinas? Ahí quedarán tus huesos porque sólo te regalaremos un tiro en la cabeza y te rociaremos gasolina para que no apestes.

Hijo de tu puta madre, quieres pasar por mi país sin pagar peaje, este es tu purgatorio, tu peor pesadilla, si sales de ésta haz de cuenta que volviste a nacer.

Acá soy tu Dios o de perdis tu San Pedro, no chilles puto, sé macho ¿quieres que te castremos de a grapa cortesía de la casa?

Gabriel Otero

25 de agosto de 2010

ELLA Y EL MAL DE AMORES

PALABRA DE CÍCLOPE




Me trataba con cariño, ella, blanca, risa brillante, pelo negro en capas, ojos sonrientes escrutadores, voz suave, curvaturas apabullantes en pleno aumento, vivía a tres calles de mi casa y la pretendían los más grandes.

Me veía como su hermanito menor, lejos de sus atracciones y muy cerca de sus simpatías, yo no sé en qué momento me nació el amor, me fascinaba, la miraba pasar con la falda cuadriculada de la Asunción, siempre me saludaba diciendo adiós con el inconfundible cierre de manos que se les enseña a los bebés.

Ella estaba en la edad de los vahídos, cuando las niñas se asumen como mujeres y atraen ojeadas de asombro de sus amigos y admiradores y otras no muy sanas de algunos adultos.

Crecimos en la misma colonia, un vago como yo nunca hacía las tareas del colegio, daba flojera aprenderse las fichas de estudios sociales de la madre María Guillermina y repasar matemáticas o naturales, el chiste era no reprobar y aplicarse cuando había que hacerlo, la ley del mínimo esfuerzo en su máxima expresión.

Ella, en cambio, era el primer lugar de su salón, niña de medallas y de los ojos de sus papás, la consentida y primogénita de tres hermanas, exquisitas todas, pero ella única.

Me la pasaba jugando fútbol por las tardes en el parque, al principio por la motivación de llegar a la primera división, después para captar el momento justo de su llegada, puntual como los escuadrones de pericos que surcaban el cielo regresando de la costa una hora antes de que el sol se ocultase.

Ella era cuatro años mayor que yo, diferencia abisal entre la mariposa y la oruga, tiempo transcurrido entre el que apenas va y la que se va volando, pero no importaba, en la niñez y en la obsesión no hay imposibles. Debía declarármele cuanto antes.

Pasaron meses de ensayos frente al espejo, contemplaba mis gestos, serenaba mis temblores, apaciguaba los nervios y pronunciaba cada sílaba del “quieres ser mi novia” convencido de que aunque no era muy alto sí era muy formal, un futuro consorte de lujo sin vocación alguna más que la de jugar fútbol.

Y llegó el día de las verdades, no hallaba cómo abordarla ni qué decirle, la improvisación sudaba en las manos, se me escapaba el lenguaje y el color de la cara, hasta que por fin hablé ansiando envejecer ocho años en tres minutos.

Le pregunté lo que debía preguntarle, ella era el remedio a mis cuitas, el alfa y el omega de mi alma, el pensamiento que devoraba mi tiempo, la amaba impetuoso desde mi niñez.

Y sucedió lo previsto: tierna me contestó que no, que seríamos amigos, que yo estaba muy pequeño, que me agradecía haberme fijado en ella. Y se fue.

Jamás la volví a ver y me curé del mal de amores, esa enfermedad de la que se padece pocas veces en esta vida.

Gabriel Otero

ÉRAMOS CÁNDIDOS CASI PRIMITIVOS

PALABRA DE CÍCLOPE

Fotografía de Parque Tim


No es por abaratar la nostalgia pero San Salvador hace 40 años era un lugar decoroso para vivir, la ciudad descubría sus alrededores y la avidez predatoria no estaba tan marcada como hoy, el costo de la subsistencia se percibía en centavos y los salarios no superaban los centenares de colones.

De niños éramos cándidos casi primitivos, nos sentíamos a gusto con lo simple, las colonias donde residíamos las rodeaban lomas y llanos, la capital era contradictoriamente campestre, pintoresca, en algunas calles se veía pasar carretas y por las noches se oían el pitido del sereno y a los gallos desgañitarse desde la hora prima extrañando el amanecer.

Nuestras diversiones eran elementales y algo salvajes: subirnos a los árboles de mango y hartarnos de sus deleites; provocar a pedradas la ira de iguanas verdes que se asoleaban en los techos; organizar peleas de zompopos de mayo; rastrear sapos gigantescos en las alcantarillas en épocas de lluvias, estos escupían un líquido espeso como sistema de defensa; e irnos de expedicionarios a los barrancos y túneles y regresar a la superficie llenos de tierra hasta los ojos.

No se necesitaban niñeras en los parques, sólo las requerían los infantes a los que apenas les salían los dientes, pero para ellas estos lugares eran edenes, breves espacios en los que se encontraban amores. Nosotros éramos hombrecitos a los siete años para colgarnos del satélite metálico, una rueda con asientos que giraba a empujones en la que nos extasiábamos hasta el vómito.

En los parques jugábamos pecado, mica, ladrón librado, escondelero, chibolas, trompo, capirucho, yoyo, fútbol y básquetbol, había torneos entre equipos de las cuadras y nunca faltó la imaginación para marcar goles inexistentes y celebrar triunfos épicos de último minuto.

En el juego de pecado casi siempre perdía el Chele Fracaso al que fusilábamos con saña y una pelota de tenis, como dolía perder y no solo por los pelotazos, las burlas calaban el ánimo y la autoestima.

Las vacaciones eran largas y comenzaban justo con los vientos de octubre, la única temporada en que usábamos suéteres y que podíamos pasar todo el día en la calle, los peligros resultaban anómalos, no había preocupaciones ni precauciones, las puertas de las casas permanecían abiertas de par en par sin que algún intruso se metiese.

El primer muerto que vimos fue todo un acontecimiento, la noticia corrió entre nosotros como la rareza del momento, él era un señor al que le había dado un infarto al querer alcanzar un mamey, el cadáver estaba subido en el árbol abrazando su tronco a cinco metros del suelo.

Su fallecimiento fue dulce como nuestra infancia, ignorábamos que vendrían periodos oscuros y de mucho dolor. Algunos pudimos partir, otros agonizaron en la ortodoxia y naufragaron en el odio y los demás murieron buscando el horizonte.

Como ha empeorado todo desde entonces que ya ni nos acordamos de nuestros nombres.

Gabriel Otero

10 de agosto de 2010

POBRECITO PAÍS EL NUESTRO

PALABRA DE CÍCLOPE


Fotografía de Michael Sholten


Vivir en El Salvador es para pensarse no una, dos, sino varias veces, muchas, ahí el tiempo se paraliza y la savia se consume a fuego lento, tanto, que hay que salirse de cuando en vez a bañar en agua fría las ideas y el resuello, ahí todos tienen el riesgo de calcinarse.

No se escoge donde se nace pero sí donde se vive, y así ha llegado una cantidad notable de extranjeros al país que han sembrado y cosechado vidas dignas de ser recordadas, porque algunos muertos dejan obras, grandes o chicas, y otros sólo imágenes en álbumes familiares.

¿Qué les atrajo?, lo que no vemos los que nacimos ahí, lo que confundimos con el aire, el refugio estrepitoso entre volcanes, una parcela mínima para perpetuarse, la inmunidad propia de los extraños a las ponzoñas de la lengua.

Y nosotros creemos que se quedaron porque les cautivó el paisaje, que ciertamente por amor u odio, o ambos, lo distinguimos único y privilegiado, aunque la naturaleza es hostil con quien no esté familiarizado: mosquitos prehistóricos alimentándose de pieles transparentes y sus ronchas como cráteres, lluvias huracanadas efímeras arrasando ramas y ventanas, ardores tropicales cercanos al mismo infierno y letanías de chicharras o cigarras acosando al tímpano en Semana Santa.

Se llega a vivir en El Salvador porque ahí se tienen parientes o se buscan contratos globales o se pregonan causas perdidas ¿quién vendría a un paisito extraviado en el mapa que es mundialmente conocido no por sus personajes, estadistas o riquezas naturales sino por sus matanzas y conflictos?

¿Quién llegaría a un lugar donde el respeto por la vida se dilapidó en el verdor? ¿Qué osado discutiría con interlocutores sordos quienes solo escuchan la voz de sus vísceras y sus intereses? ¿Qué atracción puede causar un lugar donde se le rinde culto a la amenaza?

Pobrecito país el nuestro plagado de políticos iluminados que leen sus siete minutos diarios de La Biblia para sentirse pletóricos de valores divinos, y que nosotros la sarta de oligofrénicos gobernados no entendemos ese mensaje tan prístino y tan obvio que la verdad refleja.

Pobrecitos los que llegan porque no saben a qué vienen, pobrecitos los que se quedan porque no pueden irse aunque quieran, pobrecitos los que amamos y odiamos al país porque no tenemos salida.


Gabriel Otero

27 de julio de 2010

NO ES CERRO, ES VOLCÁN

PALABRA DE CÍCLOPE

Volcán de San Salvador, Fotografía de Arturo Treminio


A la distancia lo evoco nítido, altivo, queriendo mimar las nubes mientras carga sus mil 900 metros sobre el nivel del mar, duerme en paz pero suspira y cuando lo hace se siente en todo el país.

De cerca su orografía es cubista, no es el típico cono simétrico irruptor del paisaje, se desparrama hacia los cuatro puntos cardinales para compensar lo que le falta de altura.

No es cerro, es volcán, con imaginación se puede avistar un hombro y una mano de árboles y quebradas emergiendo de la tierra, son como venas por las que circula su orgullo, es un tanto exhibicionista porque él se sabe emblema de la ciudad capital.

De lejos parece una mujer recostada, no es la famosa Iztaccihuatl que presume sus caprichos y tamaños, todos los volcanes tienen su lado femenino, por lo menos los que se expanden, sus cúspides suelen resaltar curvas e inclinaciones, siluetas familiares reposadas a la vista.

Era 1917 cuando escupió su lava del otro lado, cerca de Quezaltepeque, los oriundos de ahí lo adoptaron como su volcán tal vez por abrigar su calor o por ver como el fuego se convierte en roca. Asunto de visiones y propiedades, para ellos es el Volcán de Quezaltepeque, para los demás, o sea todos, y los que vivimos de este lado es el Volcán de San Salvador.

No se parece en nada al Cerro Verde o al Volcán de Izalco, ni al Chichontepec o al de Santa Ana, es tres veces más alto que el volcán más pequeño pero es cuatro veces más pequeño que el volcán más alto del mundo.

Muchos crecimos contemplando sus resplandores, sabíamos que estaba ahí, su magnificencia a la vuelta de la esquina, subir al picacho o bajar al boquerón y comer moras y frambuesas con un toque de azufre era el paseo sabatino o dominical.

Han pasado tantas noches desde que en su cumbre se leía el letrero luminoso de Vifrio, ¿cuánto nos debieron haber pagado para recordarlo?, ¿qué tamaño tenía el rótulo para vislumbrarlo desde cualquier punto de la ciudad?

Somos viejos conocidos, él aún vivirá cuando no estemos ahí o acá y si llegara a despertar más vale huir y olvidarse del poniente de San Salvador.

Comparo fotografías actuales con mis daguerrotipos guardados en la memoria, el Volcán de San Salvador cotidianamente sobrelleva las insidias de taladores y urbanistas que día con día devoran su intimidad.

El volcán es santuario ambiental, símbolo de encuentro del pasado, presente y futuro, ¿seguiremos deforestando nuestro patrimonio natural?, ¿seremos solidarios solamente en la tragedia cuando no haya nada que hacer y los deslaves arrasen colonias enteras?

Gabriel Otero

12 de julio de 2010

EL MANOTAS

PALABRA DE CÍCLOPE


Ah que pulpo tan tentón, se llama Pablo pero le dicen “El Manotas” por la rapidez de sus extremidades, oriundo de la Colonia Buenos Aires, chilango de estirpe y canto, de oficio cuchara o ayudante del maestro albañil.

Chaparrito y moreno como casi todos los de su raza, la hace de portero en el Teporochos F.C. uno de los tantos clubes que juegan en el llano, entre chelas y carnitas dominicales.

Mientras no se beba la primera caguama “El Manotas” es garantía en el arco, el mejor guardameta del mundo, parece que tuviese tentáculos, no pasa nada por arriba ni por abajo. Pero después de las cervezas y el pulque del medio tiempo pierde concentración y le clavan seis goles por todos lados, la sed es débil y el hígado también.

El San Lunes apremia cada semana, siempre lo despiden por no llegar a su chamba y siempre lo contratan en otros trabajos por sus habilidades manuales, no hay nadie más vertiginoso para la mezcla y el repello y es resistente para cargar las cubetas de arena o lo que le pongan en el lomo.

A “El Manotas” le encantan las multitudes para andar de mano larga, él sabe que se expone a ser capturado por tocón, y muchas veces ha llegado lejos y soba resuelto y se retira cuando ellas recién se dan cuenta.

Las horas pico en el metro son sus favoritas, aborda los vagones en los que ve mujeres, de preferencia solitarias, las acosa con las manos, algunas aguantan el abuso por pena, otras gritan y mientan madres y las menos fantasiosas disfrutan los rozones.

“El Manotas” se sabe arbitrario, hijo de Dios, descendiente de Cuauhtémoc y La Malinche, adorador de la Santa Muerte, sus dones de ilusionista digital son su gran y único atributo, ¿para qué quiere más si tiene lo que necesita?

Sus cuates, carteristas de profesión, lo incitan a tomar lo que no es suyo pero él se niega, su habilidad es envidiada en el barrio, sitio famoso porque ahí se desmantelan coches en cinco minutos y en otros cinco se venden en partes.

“El Manotas” no aprende a pesar de los sustos, en una ocasión su víctima resultó ser mujer policía que sintió una mano inquieta posarse en su pubis, casi lo atrapan, alguien jaló la alarma del vagón, en el barullo ella no reconoció al agresor y se pudo escapar de los tres meses reglamentarios en el reclusorio norte pero le pudieron prescribir cuando menos seis años para aminorar su calentura.

A “El Manotas” se la pela la ley aunque vea o sea ciega, él es de esos inmortales que edifica ciudades, él es uno de esos acosadores sexuales que pocos extrañarán si amanecen flotando hinchados en el canal de Cuemanco.

Y entonces su madre clamará justicia porque su hijo era el humilde aprendiz de albañil, un pan de Dios que nunca hizo daño, un muchacho que jugaba fútbol cada siete días y al que llamaban “El Manotas”.

Gabriel Otero

www.caleidoscopionocturno.blogspot.com

27 de junio de 2010

HOMÓNIMO XXX


PALABRA DE CÍCLOPE

Diseño del espejo de Eduardo Samso

Ignorabas si el anuncio clasificado era una broma de mal gusto o el producto de tu doppelgänger, el lado maléfico que hasta hoy habías logrado ocultar: la encarnación de tus apetitos concupiscibles, el otro yo vivo cuyos oficios sórdidos hoy se hacían públicos como su existencia.

“Sección Otros: Personal femenino para video y modelaje XXX. Somos una empresa dedicada a la realización de videos y modelaje XXX, buscamos personal de 18-30 años, buena presentación: preferiblemente tallas de la 0 a la 7, busto de cualquier tamaño. También requerimos mujeres embarazadas, requisito indispensable: que no hayan llegado a la semana 30 de gestación. No es necesaria experiencia. Interesadas solicitar entrevista con el Lic. Gabriel Otero; Relaciones públicas. Llamar al 044 5519091965. Salario entre $ 10,000 y $ 30,000” (1)

De todos tus homónimos este era el único dedicado al negocio de la carne, en el peor y redituable sentido de la palabra, porque ellos, los que se llaman como tú, tienen profesiones disímiles y no tan abiertamente impúdicas: pastores, políticos, fotógrafos, cineastas, astrónomos, músicos, agrónomos, carpinteros y periodistas esparcidos en Montevideo, Buenos Aires, Santiago de Chile, Lima, Nueva York, Ponce, Madrid, La Coruña, La Habana, Monterrey y México D.F.

Y fuera esquizofrenia o el desdoblamiento onírico de tu otro yo, es indispensable aclarar que no era tu clon, eso querías pensar, sería una copia tuya aunque ahora te quede la interrogante quisquillosa.

Y en cualquier edificio del centro del Distrito Federal, en una tarde de verano, el publirrelacionista de una empresa productora de pornografía iniciaba el casting: “sonríe chiquita, di cheese o whisky darling, que no te de pena la cámara, vamos mi niña, tranquila, eso es, date la vuelta, ¿si?, desabotónate lenta la blusa, muy bien, no, no te tapes, sabías a lo que venías, ¿quieres el empleo o no?”.

El rango de salarios es establecido con base a las pericias sexuales y a lo deshinbida que sea la candidata, talento natural, porque quién sabe si aquí surja la Linda Lovelace mexicana, la célebre protagonista de “Garganta Profunda”, el filme icónico que en 1972 costó producirlo 40 mil dólares generando ganancias por 600 millones de billetitos verde suerte.

Pero tampoco hay que ser ambiciosos, poco gana el que mucho abarca, no se debe nadar en el mar sino se sabe cruzar el río, hay que conformarse con los puestos de películas piratas del Eje Lázaro Cárdenas, la distribución masiva de filmes porno a diez pesos por disco compacto y a treinta el dvd.

Al casting acudieron 100 mujeres, las menos para exhibirse o ser artistas, las más por supervivencia, todas competían con la candidez colgada del perchero.

Leíste y releíste el anuncio, estuviste a punto de marcar el número, dudaste, no lo hiciste, no hubiera deparado nada bueno, no es usual que uno se muera por escuchar su propia voz al otro lado de la línea.

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(1) Este anuncio se publicó en “Segunda Mano” el 23 de junio de 2010.
Gabriel Otero

POÉTICA DEL CÍCLOPE

PALABRA DE CÍCLOPE



¿Y ahora qué?, a nutrirse de raíces extrañas, a reinventarse, las palabras no llegan a tiempo aunque se siembren en época de lluvias. Escribir es un acto de fe en uno mismo, un ejercicio de disciplina cuando se carece de talento.

A intentar contar lo jamás dicho, suena pretencioso, lo importante es decirlo de otras formas: las propias. A llegar adonde siempre se ha querido estar, las palabras son nómadas, errabundas e irascibles, se padece de placer al pescarlas.

¿Qué contar cuando no hay que contar? ¿Apagarse en silencio?, ¿esperar a que sea de mañana o a que pase la eternidad?, esos son dilemas improvisados alentados por la sequía, el cursor irritado titilando en cada renglón.

La oscuridad inicia en el párrafo, ¿qué sigue?, la escritura a tientas fluyendo por oficio, porque algo se aprende después de 28 años de tropiezos, la búsqueda de musas ilusorias concluye en un callejón sin salida.

Lo intenso es recurrir al verso, al alma de las cosas, el problema es que nadie lee poesía, el mejor monólogo es el que rebota en el hipotálamo.

El hambre por expresarse jamás se sacia y lo gratificante es tener lectores, uno, dos o muchos, y no vivir la apatía de que alguien le de vuelta a la página.

Luz a la palabra escrita para no desgastarla, ¿qué opinar cuando no hay que opinar? lo nuestro debe ser el mutismo observador, el único ojo flotando a la mitad de la frente como en todo Cíclope que no duerme.

¿Y ahora qué?, a invocar a la babel milenaria, que renazcan todos los lenguajes del mundo y se transformen.

A esculpir de nuevo el hablar, a solamente, vivir.

Gabriel Otero

13 de junio de 2010

LOS HOMBRES SÓLO QUIEREN SEXO

PALABRA DE CÍCLOPE


Expresan los mitos y las exageraciones que un hombre piensa en sexo unas 86 400 veces por día, es decir, sesenta segundos de un minuto, sesenta minutos de una hora y veinticuatro horas de un día.

La cifra es falaz, como también negar la influencia y el hechizo de la testosterona, no hay tanto tiempo para verlas, imaginarlas o soñarlas.

Es falso, también, que las mujeres exilien totalmente la calentura y el deseo, son menos evidentes que los hombres y en sólo un vistazo pueden determinar vestimentas, condición social, atributos físicos y percibir olores atrayentes o desagradables. La mirada de ellas es una profunda y breve radiografía.

El hombre es cien por ciento visual, los ojos son para contemplar las maravillas de la naturaleza, el sol, el cielo, los árboles, los pajaritos y las curvas de la que pasa al lado, porque es un hecho que escruta y codicia cuerpos e instantáneamente los desecha.

Y no por eso, las mujeres deben sufrir misandria o androfobia o sentirse pedazos de carne en vitrina violados por la retina, ni tampoco subestimar el poder del erotismo del que son dueñas, ellas saben que en ese campo ganarán de antemano la guerra y manejarán a su antojo a quien sea, ni identificar y confundir la libido masculina con la de los animales.

El hombre es fisgón, busca descubrir intimidades y descuidos, enfoques reveladores para más tarde, visiones en la memoria de lo que deseó y no tuvo.

Se ve lo que vale la pena ver, las mujeres que se asumen como mujeres y resaltan su feminidad aunque anden rapadas, en harapos y sin maquillaje.

A las muñecas les halaga que las vean, están acostumbradas, su método de vida es exhibirse, a las acomplejadas les duele el atisbo masculino con el rabillo del ojo, es esa ofensa que se paga con el insulto.

La igualdad mora en el respeto a lo complementario, el principio de equidad en oportunidades, y en resumidas cuentas que tanto mujeres como hombres hagan lo que les venga en gana sin transgredir los derechos de los otros.

El sexo entra por los ojos y los hombres lo quieren en cualquier momento, unas llaman la atención y los otros ven, son dos caras que son lo mismo, ¿para qué desgastarse en futilidades si nacimos para acompañarnos en el camino?.

Gabriel Otero

5 de junio de 2010

EL ORIGEN DE LOS COLORES

RELATOS


Había una vez un campesino que quería ser pintor, todavía no existían los colores así que no podía pintar. Un día se le ocurrió una excelente idea, puso a la luz solar una botella de pintura blanca, unas horas después, ¡ya tenía el color amarillo!, luego mezcló jugo de uva con pintura blanca e hizo el color morado. Al otro día, fue al río y tomó algo de agua y le puso especies para cocinar, como el cilantro y el romero, ya tenía el verde, esa noche, dejó un frasco de pintura blanca, ya que sólo existían el blanco y el negro, lo dejó toda la noche e hizo el color azul marino, para el rojo, mezcló agua, frambuesas, fresas y arándanos, pero le faltaban todavía 3 colores para su obra de arte, el verde oscuro, el café y el azul cielo.


Para el verde oscuro, mezcló pintura negra y pintura verde, el café fue fácil, nada más puso en agua granos de café y el azul cielo fue pintura blanca con pintura azul marino y todos los pintores del mundo se lo agradecieron. Antes pensabas que siempre habían hecho las pinturas en las fábricas, pues ahora ya sabes la verdad.


Gabriel Otero Patiño*
*El autor es mi hijo de once años, quien a su edad ya publicó su primer cuento.

DESAYUNAR SAPOS Y CULEBRAS

PALABRA DE CÍCLOPE

Imagen de www.colombiche.net


Desayunar sapos y culebras resulta una costumbre asquerosamente saludable, hemos adoptado la ancestral usanza de la civilización china, cuya sabiduría asevera que engullir batracios y reptiles cura todos los males del cuerpo y permite la invisibilidad en el fango.

Esta práctica durante siglos fue exclusiva de políticos y empresarios, pobres ellos, sacrificándose por la patria y el capital, y no siempre en ese orden, lo cierto es que llegó para quedarse en la sociedad global en crisis.

La deshumanización rebasa las fronteras del exterminio, en los países subdesarrollados los derechos laborales son parte de un pasado arcaico y cualquier abuso es permisible en aras de mantener el empleo, por lo que hay que inmunizarse de suciedades e inmundicias para proteger la alegría, las metas y la sanidad mental personal.

Terrorismo sicológico, estupideces, malos tratos, amenazas y chantajes si los jefes son hombres, caprichos y desbarajustes hormonales en el caso de que los superiores jerárquicos sean mujeres, pero todos son el común denominador y a lo que es sometido cualquier empleado durante ocho horas de trabajo.

Son contadas con los dedos de una mano las empresas e instituciones que respetan las dignidades de sus trabajadores, estas representan un oasis en el despeñadero, la última piedra a la cual asirse para no ser tragados por el abismo.

Los empleadores se amparan en el miedo, la utilidad no es negociable cuando la mano de obra abunda y por cada empleado despedido con veinte años de experiencia se contratarán otros veinte que apenas balbuceen en el mercado.

Y si el asco causa náuseas, y desayunar sapos y culebras no es suficiente, hay que sazonarlos con ajo y pimienta mientras se comen y taparse la nariz.

Además, como medida precautoria, hay que procurar la piel y cubrirla con otras más rugosas como de paquidermos y arcosaurios que resisten cualquier daga y que son a prueba de venenos de ojo.

Las envidias así resbalan y los odios ajenos fortalecen, el secreto es la inteligencia y la resistencia, sólo flotar y nadar hasta llegar a la orilla que uno quiere.

Y, ante todo, entender que el trabajo es sólo un medio y no un fin, nunca subestimarlo o sobrevalorarlo sino otorgarle el tiempo justo y no permitir que se nos escape la vida en su esclavitud.

En el abanico de prioridades, el trabajo es una herramienta importante para adquirir más sapos y culebras y así desayunar dosis diarias de viscosidades y seguir solos en una espiral que no parece terminar.

Gabriel Otero

20 de mayo de 2010

PRETEXTOS PARA SER ATEO

PALABRA DE CÍCLOPE




¿Quién es la analogía de quién?, ¿nosotros de Dios o él de nosotros?, podemos pensar que el universo fue creado en siete días astrales, el equivalente a millones de años, pero nunca dudar de nuestra proveniencia de los simios, la larga escala evolutiva desde que éramos organismos unicelulares.

Dios es darwinista, prueba fehaciente es el libre mercado, sobreviven los aptos, los generadores de riqueza, los demás somos empleados comprando en inglés o mandarín.

¿Quién es la creatura de quién?, ¿él y su santísima trinidad o nosotros exterminándonos a placer?, ¿cuál justicia es la válida la del reino ideal o la de los hombres?, ¿quién inventó el hambre y la carestía? ¿la imagen de Dios o la caricatura del hombre?, ¿o el hombre es Dios con poderes absolutos para inventar a Dios?.

¿Habrá cielo arriba e infierno abajo y la tierra es el limbo?, ¿para qué tanto obstáculo si Dios nos ama?, ¿o es que es un proceso de purificación producto del conflicto de las especies?.

¿Dios es hombre o mujer?, ¿Dios es Diosa?, la vagina es el origen de la vida, ¿o la Virgen es Dios?, si las mujeres son sólo costillas ¿por qué todo depende de ellas?.

Dios es musulmán, cristiano, católico, judío, ortodoxo, mormón, evangélico, budista, adventista, ammish, luterano o testigo de él mismo, las religiones son ritos decorativos para guardarse como recuerdo o souvenir.

Dios está en todas partes, ¿si somos panteístas porque matamos?, ¿si somos él y él es nosotros porque no soportamos a los otros?.

Dios es una enorme contradicción, un ente que no es materia, un voyeurista omnipresente, un espíritu exhibiendo su piedad, Dios es albedrío, intensidad y dolor.

Dios es ícono de imposibles, adición de verdades, cúmulo de sueños, Dios es centrípeto, la humanidad entera gira hacia él o ella en espera su salvación.

Dios es un mito nonato, la necesidad imaginada para evitar el vacío, ¿morirá Dios con nosotros? ¿o creará otros hombres para destruirlos?

Tan magnánimo es Dios que nos otorgó la capacidad para borrarlo y escribir su nombre en mayúsculas o minúsculas.

Dios perdónanos por no creer en ti y volver a creer por si las dudas, discúlpanos por ser infelices en tu caos, ya sabemos que innovaste el mal y nosotros lo perfeccionamos.



Gabriel Otero

PREGUNTAS IMAGINARIAS AL COMANDANTE

PALABRA DE CÍCLOPE


Sonríale a la cámara, Comandante, no se sienta acosado, es una lente y un flash, no los confunda con los destellos de los Hueys en picada, nadie lo va a bombardear, le haré cuestionamientos incómodos, los usuales, los que usted ya sabe, yo soy un equis o un ye representando la vox populi, la vox dei, a esos ojos ciegos que lo vieron en su pretendido ascenso a la redención de los caudillos.

¿Qué se sentía matar, Comandante? Revitalizador ¿verdad?, la sangre del enemigo le inyectaba ánimos, la revolución es un vampiro alimentándose de la sangre de los lacayos del capital, nótese la carga ideológica de la imagen para sentirnos en confianza.

Comandante, qué tiempos aquellos pero recuerde que ahora es gobierno, que pena que su legado sea una camisa apretada estrangulándole el cogote, pero es, como usted dice, su derecho por haber participado en el proceso.

Hoy, Comandante, es el retrato de la moderación, ría, carcajéese, respire y convenza a todos que tiene limados los dientes.

Usted es duro, Comandante, un gran y justo guerrero no debe darse el lujo de escarapelar cicatrices, usted es práctico, el disfraz de civil es una losa, los camuflajes con lodo y hojas son la nostalgia abandonada en la montaña.

Usted es parte del pasado, Comandante, me lo imagino ortodoxo y estólido, los guerrilleros y los locos son dignos de respeto, ambos monologan y gritan incoherencias.

Comandante, ¿cuál era el plan dictado por el petit comité y la asamblea revolucionaria?, la guerra popular prolongada libre de revisionistas, esos parásitos del materialismo histórico inmerecedores de la vida, pequeños burgueses, intelectuales de cerveza y café que discuten y planean, hablan y se esconden, desviaciones del hombre nuevo, nada que ver con el valiente matador de canallas (1) desterrando tiranías.

¿No se arrepiente, Comandante? al poeta ejecutado le regalaron la inmortalidad, le llegó como el agua de mayo. Lo exterminaron antes de cumplir su cuarta década.

Diga, Comandante:


“¿Qué hacer si sus peores enemigos

son infinitamente mejores

que usted?


Eso no sería nada. El problema surge

cuando los mejores amigos

son peores que usted.


Lo peor es tener sólo enemigos.

No. Lo peor es tener sólo amigos.


Pero, ¿quién es El Enemigo?

¿Usted o sus enemigos?


Hasta la vista,

amigo.” (2)



Comandante, las intrigas, dogmatismos y torpezas, tan propias de sectores de la izquierda salvadoreña, causaron el “ajusticiamiento” del poeta eufemismo vil y llano de asesinato, verbo recurrente en la retórica revolucionaria, ¿qué argumento es válido frente a una pistola, escopeta, metralleta, o lo que sea?, sé que usted me responderá que es consecuente y por ende actuó como tal.

Por cierto, lleva 35 años de vivir en las entrañas del gran pez, ¿ya se acostumbró Comandante?

___________________
(1) La imagen es de Silvio Rodríguez en Canción del Elegido
(2) Conversación Tensa de Roque Dalton, poema de Un libro levemente odioso

Gabriel Otero

MANUAL DEL SEDUCTOR

PALABRA DE CÍCLOPE


Báñate antes de tirarte al ruedo

Piensa que las mujeres son únicas, cada una es diferente, intuye ¿qué más resta o suma por conocer?, ayúdame, escribamos juntos, Don Juan y Giacomo Casanova nos acompañan, son sombras trémulas, consejeros generosos que bebían chocolate antes y después de hacer el amor.

Las mujeres son la suma de todas las exquisiteces, invención divina infartadora, figura pletórica de redondeces amables, vemos sus senos bamboleando mientras caminan, su mente es un callejón profundo del que jamás salimos.

Ellas mandan, nunca creas lo contrario, el papel de proveedor es ilusorio, no te resistas déjate llevar por la ternura y la cachondería, contémplalas y sobre todo compréndelas.

Báñate antes de tirarte al ruedo, sólo se apesta siendo cadáver, olvídate de la vieja máxima de que siempre hay un roto para una descosida.

Acéchalas pero no las asfixies, absorbe su tibieza, el aroma de su cuello, bésales las manos agradecido, pretendemos ser evocados como algo plausible de recordarse.

Desecha los mitos, no te servirán de nada, si se acarician el cabello es por innata coquetería, no es para llamarte y tener sexo contigo, si te sonríen es por amabilidad, ellas escogen con quien aparearse, por eso conviértete en la primera opción de sus feromonas.

Habla con ellas con los ojos y las manos, evita la cursilería, las mujeres te harán caso en la medida en que tu conversación sea diferente, sedúcelas por la piel y las neuronas, que el interés sea mutuo y no desmedido.

Si hay empatía será un chispazo, si no vete a la siguiente. Se sincero y no alardees, la mentira es para los torpes y necios, los que siempre cuentan lo mismo y siguen igual.

Nunca seas un libro abierto, los finales felices aburren, herédales la duda de tu palabra muda la que les dice cosas que nunca oirán.

No trates de dominar su temperamento, haz mutis cuando se pongan necias, eso sucede con cierta frecuencia cuando se sienten manipuladas.

Las mujeres no son demonios sedientos de carne pero están llenas de deseos que nos aseguran la perpetuidad.

¿Y ellas qué quieren?

Lee la Biblia y el Corán de las frivolidades, o sea Vanidades y Cosmopolitan, publicaciones en las que mujeres dan cátedra a otras mujeres sobre lo trendy, lo retro y lo charm.

Ahí sabrás cómo ellas te tendrán atado a su sexo, eso es lo clásico que nunca pasa de moda, ahí averiguarás como hacerla feliz con esos pequeños y románticos detalles de cenar a la luz de las velas con olor a sándalo y si te alcanza el presupuesto las harás sentirse diosas obsequiándoles un reloj Bulgari o un vestido Channel.

En esas páginas te enterarás que ellas quieren el resumen ejecutivo de lo diverso, todos los hombres en uno solo: un hombre cursi por horas para que no las aburra, nada más un poco de miel porque empalaga; un loco impredecible que las divierta, aquel que detiene el tráfico en horas pico y se tira a una avenida principal como Insurgentes o el Boulevard de Los Héroes sólo para decirles que las ama.

También necesitan un doctor, de preferencia ginecólogo de dedos largos, que sepa la ubicación del mítico punto G y el ritmo exacto de su ovulación para concluir en la copula; quieren, además, un tipo brillante que les enseñe física cuántica y les explique la teoría de la relatividad; un sensible artista que les muestre otra percepción de la vida; un guapo por el que babeen pero que no hable por narcisista; un hombre solvente que las consienta pero que no las compre; y un semental cariñoso que no se duerma después del sexo.

Pero eso no es todo, si las llevas a bailar, más te vale personificar el encanto de Fred Astaire, la sonrisa de Gene Kelly, la elasticidad de Mikhail Baryshnikov, la originalidad de Michael Jackson y lo latino de Chayanne y que te olvides del slow slow quick quick slow de tus clases nocturnas de danza.

La imaginación de ellas es insaciable, quieren creerse protegidas con alguien que tenga pectorales y bíceps monumentales, cerros de músculos como acorazados y ellas en medio acariciando ese estómago de lavadero generado a base de pesas y esteroides.

Y a la hora de llorar, requieren de un confidente no afeminado, un sicólogo de cabecera conocedor del lenguaje femenino el que interpreta que el no es si y que el tal vez es no.

Y si vas de compras con ellas, solicitan un testigo mudo, ármate de valor y entrena para el maratón, corre cuando menos una hora diaria, irás hacia un rumbo totalmente incierto, porque si ven ropa se probarán todo sin que algo les satisfaga.

Eso es una ínfima parte de lo que ellas quieren, es tan sólo un lunar en su universo.

Voulez vous coucher avec moi?

Tanto que las miras y tanto que se te niegan, la timidez te hace temblar al acercarte, ellas huelen tu miedo, lo perciben a leguas, envalentonadas se pasean frente a ti diciéndote que veas lo que no has de tener como las aguas del río que corren.

Exhibiste lo peor, lo que no le debe suceder nunca a un hombre: ventilar ante ellas tu inseguridad, un lujo no permitido en algo similar a la persecución, “cacería” la llamarían los misóginos, ingenuos ellos porque al final el trofeo es uno.

Los triunfos repetidos se cimentan en el autocontrol, la confianza ciega que uno tenga en si mismo, grábate en algún lugar de tu conciencia que las mujeres nos han legado la gracia de resguardarlas.

El primer rival a vencer es el que se ve a diario en el espejo, a ese hay que exorcizarle los demonios y devorar sus limitaciones, no te frustres, hay mujeres de otras galaxias a las que nunca viajarás.

¿Cómo llevarlas hasta donde uno quiere sin meterse en el laberinto?, a algunas les encanta el cortejo y creer en la fábula de la liebre y la tortuga, el proceso atosiga cuando la somnolencia golpea al deseo, hay que aliarse con ellas y sembrar filiaciones de roble.

Otras dan una probadita del paraíso, asumen el poder milenario del erotismo, algo que es exclusivo de ellas, libres de prejuicios vuelan siendo genuinas, uno se enamora de su locura, regalan su vértigo a quien quiera hacerle cosquillas a su propia muerte.

Las otras dan besos a todos en los labios, la asamblea del traspaso de salivas, con ellas nos regalamos amor a cada momento, sin dudarlo, nos despojamos de nuestra piel para cobijar su desnudez.

Lo mejor es descubrirlas, desenmarañar sus velos, esconderlos en el misterio, seguir su juego sin fingir, ¿quieres acostarte conmigo?, claro, sin dormir afirmamos.

Tal vez, responden ellas, hay que probar tu sustancia, replican convencidas mientras mascan chicle.


Gabriel Otero

26 de abril de 2010

EL ANTRO

PALABRA DE CÍCLOPE


La duda es roedora de voluntades

Fui a parar ahí por cuestiones incidentales, yacía desempleado con la moral en el subsuelo, algo más allá de la tumba y la muerte, uno nunca sabe qué tan abajo puede caer: la duda es roedora de voluntades, las capacidades propias me llevaron en vilo como un cadáver despierto a manejar algo que de antemano sabía estaba putrefacto.

El lugar, Puebla la mocha, la bella, el sitio mítico cuna de la gente que no habla, uno les pregunta a los poblanos la dirección de lo que sea y nunca saben adónde está aunque los letreros de calles y recintos les golpeen la nariz.

No recuerdo la ubicación del antro, sólo la iglesia y su cúpula dominando el cerro, que altiva gozaba de la observación espectacular de la ciudad, la Puebla complaciente con la curiosidad, la Puebla pudorosa que enseña las piernas hasta las rodillas.

Y no es juicio de valor lo pasmoso, la sorpresa de gerenciar un antro sin quererlo, mi gran amigo, por segunda vez en cinco años, me rescataba del desahucio, yo callado asentía por las necesidades tan obligatorias como desgastantes, la dosis de realidad cínica recordándome que nunca se puede dejar de ser productivo.

La fecha, abril del 2001, debía abrir el antro en menos de una semana, había que organizar todo: la desconfianza crecía tajante, los enemigos eran los ex empleados sin excepciones y otros habitantes de lo sórdido, el deporte era chingar al otro, al gerente, al empresario y a todos con absoluta naturalidad, nadie sabe nadie supo, le quito un pelo al felino hasta raparlo y me quedo con céntimos de algo que no existe mientras no lo cuentes.

El antro era secuela de un embargo judicial, sus anteriores dueños argumentaban la ausencia del pago de la renta debido a la crisis, el monto exiguo se recuperaba en una noche según pude corroborar el primer día.

El antro formaba parte de un conjunto de salones de fiestas y un pequeño bar, sobre el cual se afirmaba caía la maldición de los espíritus.

En cinco días debía tramitar permisos con el ayuntamiento, recontratar personal, conseguir grupos musicales, comprar discos, luces, mezcladora, bocinas de altos, medios y bajos y máquinas de humo, además de darle una manita de gato a paredes, mesas, sillas, cortinas y baño; debía también imprimir material de difusión y papelería interna: volantes, viniles e inserciones en los diarios locales, comandas foliadas y listas de bebidas, la inversión tendría que ser sostenida los meses siguientes.

Uno nunca es la medida de las cosas, mi amigo y yo, entusiasmados en las licorerías escogimos botellas de buen ron, tequila, vodka, coñac, cava y whisky de doce, quince y dieciocho años para el grand opening, quiméricos ignorábamos los gustos de la futura clientela: Antillano, Bacardi, Jimador, Don Pedro, Presidente y Torres 10 en quincena.

La incógnita en el bajo mundo apenas iniciaba, nadaríamos en ríos llenos de pirañas hasta llegar a amenazas de secuestro, que por fortuna, no se concretaron.

El Grand Opening

Los primeros que pasaron por su coima fueron los policías del sector, mediante la módica aportación de 300 pesos por noche avisarían cualquier imprevisto: operativos, inspecciones y visitas inesperadas ¨¿Güerito, entonces qué, le entras o no?”.

La segunda visita fue la del delegado sindical de discotequeros, gerentes de bares, similares y conexos quien me hizo una oferta que no podía rehusar: él recogería la cuota semanal y una de mis obligaciones era comprarles su alcohol, marranilla vil o trago adulterado. La mafia local gritaba presente, de mi dependería cavar y enterrar al antro en un hoyo negro o navegar independiente mientras durara, elegí lo último.

El tercero en llegar fue el representante del seguro social, de 14 empleados era imprescindible asegurar por lo menos a tres, las ineludibles aportaciones al estado.

La cuarta, la supervisora del ayuntamiento, de su marcación personal se encargaría Jesús, el jefe de los salones de fiestas, al parecer acabarían retozando por ahí en un rincón oscuro, la casa pagaría la cuenta.

La quinta, la agente de salubridad, en el antro no había cocina, a la clientela se le proporcionaba cacahuates y chicharrones como botana.

El sexto, el contador, de este dependía toda la legalidad, Hacienda tiene una memoria prodigiosa para cobrar deudas existentes o no, “death and taxes” dicen los que saben.

Muévete niña que estamos aquí

El antro tenía un aforo de 500 personas, una pista de baile de 100 metros cuadrados, se cobraba un cover de cuarenta pesos por cabeza que cubría los costos del grupo en turno.

La fila era larga la noche del grand opening, yo escrutaba caras e indumentarias buscando algo fuera de lugar: un abrigo en plena primavera, bolsas de mujer aparatosas, cualquier indicio alarmante, nunca me relajé mientras estuve ahí.

Antes de las diez la casa estaba llena, el grupo musical versátil, de calidad cuestionable, transitaba por diversos géneros adivinando el sentir de la gente para encenderla, el pianista andaba perdido tratando de recuperar sus tiempos, había buena vibra, la pista se llenó a la cuarta rola.

Las primeras casualties of war se registraron dos horas después: Ella me mira a los ojos, me coquetea, se levanta la falda borracha y me dice en un guiño “penétrame con el iris”, somos lascivos de hoy en adelante sólo cuando bailes desinhibida, sus amigos la sacan en hombros apenados por su espontaneidad.

Él es San Pedro en las puertas del antro

“A ver, pendejo, ¿quién te dio la instrucción de dejar entrar a menores de edad?”, el gordo de seguridad suda, siente que lo voy a despedir, es un monote de uno noventa metros con la inteligencia en el tejido adiposo, el oligofrénico intenta tutearme, él es San Pedro en las puertas del antro, el temido cancerbero con la prerrogativa de decidir quién entra y quién no.


Él intenta convencerme de los resultados cuantiosos, no hay que cerrarle nunca las puertas a un consumidor potencial, son las licencias arbitrarias de la libre empresa, él es un mercadólogo y economista incomprendido, “te me vas en chinga a solicitar identificaciones ahorita te digo a quiénes”.

El bar man tenía muchas cualidades equiparables a sus malas mañas, servía trece, catorce, quince tragos por botella de 750 mililitros, una miseria, porción raquítica que se paga en efectivo, al aprendiz gandalla habría que amputarle un dedo o varios por indecente.

Instauramos reglas novedosas, de nueve a diez tragos por pomo, 75 mililitros en promedio por bebida, copas abundantes, duraderas y legítimas. La estrategia fue la calidad total, bueno, mínimo en lo que consumían, así regresarían sedientos y briosos.

Hasta la madre de los tacos árabes

La logística para manejar el antro no varió, era complicada y costosa, los jueves nos trasladábamos a Puebla mi amigo, el teniente y yo. El teniente era todo un personaje, oficial de campo que hacía tiempo anduvo en la sierra destruyendo sembradíos y laboratorios clandestinos.

Un tipo bien conservado para sus cincuenta y pico que corría diez kilómetros diarios robándole vida a la edad. Era la fuerza contratada como escudo.

Nos hospedamos en no menos de diez hoteles, un tanto por ahorrarnos pesos y otro poco por seguridad. El trabajo de noche modifica el cuerpo, se marchita por el desvelo, dormíamos de las seis de la mañana a las dos de la tarde.

El antro rigurosamente lo cerrábamos a las dos de la madrugada, mi amigo protestaba, yo lo persuadía, las multas eran altísimas, no valía la pena pagar algo así por caprichitos superfluos.

Luego de contabilizar el corte diario nos íbamos a los tacos árabes, los ancestros orientales de los tacos al pastor, al principio eran deliciosos, a los meses nos tenían hasta la madre, hastiados del mismo sabor vagábamos buscando alternativas.

Nunca bebimos en el antro, código disciplinario impuesto como defensa natural, si atentaban contra nosotros debíamos estar lúcidos para responder.

Personajes oscuros aparecían con mayor frecuencia, conminaciones sutiles para alinearnos, en una ocasión los pitazos de “El Moco” y “El pelos”, patrulleros de guardia, no fueron efectivos y el operativo llegó enérgico.

No había nada que esconder, pero siempre son desagradables las indagatorias y cuestionamientos, el exceso de autoridad es insoportable en cualquiera de sus manifestaciones.

Los operativos generan mala fama, inseguridad, nadie quiere ir adónde estén, son como entes de mal agüero, aves negras que presagian fatalidades.

A la semana siguiente me buscaron tres abogados que se identificaron como representantes del sindicato, no quise recibirlos solo, les pedí a mi gran amigo y al teniente que me acompañaran.

Las intimidaciones hacia nosotros tuvieron el efecto contrario, en lugar de acceder estábamos dispuestos a destapar la cloaca de la que brotaría mierda fresca y quién sabe hasta que niveles.

Por las malas los zapatos lastiman, generan ampollas hasta que fastidiados uno se los quita, una situación similar experimentábamos en el antro. Ahí las buenas intenciones y obras no cuentan, no podíamos pretender ser vírgenes en un burdel.

Y se fueron para nunca más volver

El primero en renunciar fui yo, los oráculos me llevarían a otro trabajo acorde a mi formación. Tuve el dilema de quedarme y enfrentar la marejada y sentir correr la adrenalina en las uñas.

Al teniente lo sedujo el lado lúgubre, dicen que dos tetas jalan más fuerte que una yunta de bueyes, antes de salirme contraté a una mujer para el guardarropa del antro, hasta ahí no había ningún problema, lo peligroso surgió cuando se hicieron amantes y planificaron el secuestro de mi amigo.

Culebrón inesperado, final de telenovela de quinta cuando la codicia rebasa la lujuria. Mi amigo detectó todo el plan perverso y cerró el antro al que nunca más volvimos.

Han pasado casi diez años, hoy es una memoria más, la última vez que estuve en Puebla vi por fuera el lugar, los vidrios quebrados, las paredes llenas de grafitis, síntoma irremediable de su extinción.

Desde la cúpula aún se atisba toda la ciudad.

Gabriel Otero

22 de abril de 2010

HISTORIAS DE AZOTEA

PALABRA DE CÍCLOPE



Las azoteas son reinos de otro mundo, en las noches son parajes selenitas inadvertidos por el común de los mortales, ahí todo se ve y se hace: el hijo de familia sube a hurtadillas a sobarle el amor a la muchacha de la casa; en la oscuridad, parejas de novios adolescentes que no tienen lugar para darse calor y comerse el uno al otro se juran la eternidad; las letanías de la neurótica del 403 se escuchan claras, y cómo no padecer la enfermedad del enojo, la abandonaron con tres hijos y montañas de deudas.

Un aficionado a la astronomía manipula su telescopio y observa los 140 kilómetros por segundo que recorre la Galaxia de Andrómeda hacia la Vía Láctea, imagina su probable colisión en tres mil millones de años, se siente polvo cósmico, nada de la nada, en el futuro no habrá nada ni siquiera cucarachas de azotea.

Es el placer de las sombras, la nocturnidad imbatible y encubridora, la noche urbana vivida desde lo alto, un fisgón se mete por las ventanas con binoculares, intenta escrutar formas a través de las cortinas, hoy no tiene suerte, en viernes por lo general sí, cuando ellas mareadas y cachondas regresan de las fiestas o los antros y no apagan la luz cuando se desvisten.

Ella escondida en un resquicio, entre el tanque de agua y las antenas de cable, le habla por celular a su amante, a susurros le dice lo mucho que lo disfruta y que lo verá mañana en el lugar de siempre, algún motel de Tlalpan o de la Roma siempre que la habitación tenga jacuzzi para borrar los restos de semilla en vellos, orificios y piernas.

En otra azotea se oye música bailable, es la fiesta de los gatos, los que carecen de sitios cercanos a la tierra para divertirse, son los “ninis”, ni estudian ni trabajan, solitarios vividores de la melancolía, vinieron de lejos a buscar oportunidades en esta ciudad en la que ya no cabe nadie.

En la hora prima, los suicidas dubitativos nunca aspiran tirarse de edificios de más de cuarenta metros de altura, ellos son exhibicionistas, buscan alguna razón o las súplicas que los anclen a la vida unos años más. Los suicidas convencidos no necesitan azoteas, basta la invasión de la tristeza y el desasosiego y dos botes de ansiolíticos para perseguir la luz que no cesa.

Las azoteas durante el día son aburridas, espacios para lavar y secar la ropa, miradores impersonales atiborrados de antenas, tuberías de gas y agua y tendederos oxidados.

Las historias se escriben cuando todos duermen, el lapso en el que sol alumbra por otras partes, las horas en las que en la piel se deslizan las gotas de rocío.


Gabriel Otero

13 de abril de 2010

DIÁLOGO

PALABRA DE CÍCLOPE


De mi todo lo que has descubierto, de ti todo lo que dices y tu trato, nos enlazan afectos profundos, dos cuerpos flotando para sí, hemos visto una luz en el otro, la voz que nos dice “ven” y a la que obedientes seguimos.

No somos comunes, no formamos parte de los casi 90 mil divorcios al año en México, digo, esos baches hay que sortearlos a diario, llevamos casi dos décadas de conocernos, el renovar la confianza y reinventarse, el evitar chantajes y manipulaciones.

Yo te quiero libre, determinada, si quieres puedes regresar a mi a cobijarte en estos brazos llenos de hoyos, a recibir el aliento de la tierra que palpita, a contemplar al cielo raso que nos espera.

Nos casamos bajo las leyes del hombre y los preceptos de la secta de la oblea, curiosa manera de llamarle así a la hostia, ese ente perniciosamente divino que dicen purifica: ¿será que el pecado nos hará mejores?, como si necesitáramos ir al templo todos los domingos, la iglesia es la mejor fábrica de ateos, ahí sacrifican al cordero en pensamiento, palabra, obra y, la sempiterna, omisión.

¿En quién creer? En nosotros, en la libertad incondicional que nos hace volver el uno para el otro con mayor convicción que ayer o que hace un momento.

Cualquier dogma es insulto a la inteligencia, el amor ideal no existe ni tampoco la sobrevalorada fidelidad, el sexo electivo es placentero y el reproductivo obligación. Nos han querido imponer falacias que se deshacen al contacto.

Anduve hurgando la etimología de “matrimonio”, la palabra es herencia del Derecho Romano que consideraba la sumisión de la Mater al Pater para que sus hijos tuvieran legitimidad, el concepto es lapidario, una loza demasiado pesada e injusta para ti y tus congéneres.

Tú no eres mía ni yo soy tuyo, el contrato que firmamos nunca habló de adquisiciones, ¿para qué limitarte y amarrar tus sueños?, ¿quién soy yo para determinar lo que hagas o lo que dejes hacer?, mejor acompañémonos en el camino con la certidumbre de que algo habrá detrás de los cerros.

Y nada ni nadie puede allanar este diálogo íntimo, asunto de dos, lucha diaria entre dos seres que se comen y se poseen olvidándose de la gente que los mira.

Gabriel Otero