13 de abril de 2010

DIÁLOGO

PALABRA DE CÍCLOPE


De mi todo lo que has descubierto, de ti todo lo que dices y tu trato, nos enlazan afectos profundos, dos cuerpos flotando para sí, hemos visto una luz en el otro, la voz que nos dice “ven” y a la que obedientes seguimos.

No somos comunes, no formamos parte de los casi 90 mil divorcios al año en México, digo, esos baches hay que sortearlos a diario, llevamos casi dos décadas de conocernos, el renovar la confianza y reinventarse, el evitar chantajes y manipulaciones.

Yo te quiero libre, determinada, si quieres puedes regresar a mi a cobijarte en estos brazos llenos de hoyos, a recibir el aliento de la tierra que palpita, a contemplar al cielo raso que nos espera.

Nos casamos bajo las leyes del hombre y los preceptos de la secta de la oblea, curiosa manera de llamarle así a la hostia, ese ente perniciosamente divino que dicen purifica: ¿será que el pecado nos hará mejores?, como si necesitáramos ir al templo todos los domingos, la iglesia es la mejor fábrica de ateos, ahí sacrifican al cordero en pensamiento, palabra, obra y, la sempiterna, omisión.

¿En quién creer? En nosotros, en la libertad incondicional que nos hace volver el uno para el otro con mayor convicción que ayer o que hace un momento.

Cualquier dogma es insulto a la inteligencia, el amor ideal no existe ni tampoco la sobrevalorada fidelidad, el sexo electivo es placentero y el reproductivo obligación. Nos han querido imponer falacias que se deshacen al contacto.

Anduve hurgando la etimología de “matrimonio”, la palabra es herencia del Derecho Romano que consideraba la sumisión de la Mater al Pater para que sus hijos tuvieran legitimidad, el concepto es lapidario, una loza demasiado pesada e injusta para ti y tus congéneres.

Tú no eres mía ni yo soy tuyo, el contrato que firmamos nunca habló de adquisiciones, ¿para qué limitarte y amarrar tus sueños?, ¿quién soy yo para determinar lo que hagas o lo que dejes hacer?, mejor acompañémonos en el camino con la certidumbre de que algo habrá detrás de los cerros.

Y nada ni nadie puede allanar este diálogo íntimo, asunto de dos, lucha diaria entre dos seres que se comen y se poseen olvidándose de la gente que los mira.

Gabriel Otero

2 comentarios:

Tzaviere dijo...

Me ha gustado mucho, a excepción de la cita infame. También hubo una línea un tanto desconcertante. Pero ese soy yo, no me hagas caso.

Gabriel Otero dijo...

Tzaviere:

Sí, tienes razón con la cita, la siento forzada, excelente observación, un abrazo.
GO