16 de junio de 2009

COLEGIO DEL TEPEYAC, GENERACIÓN 84: 25 AÑOS DESPUÉS

LO ACTUAL

Dicen que los otros se reconocen en uno así como uno en los otros para evitar el olvido, si nadie se acuerda de nosotros es como si no hubiésemos existido, eterna paradoja de la vida que gira frenética en espiral. En ella dejamos rastros antes de coser nuestra mortaja de estrellas y nuestros hijos y sus hijos se encargarán de preservar lo que fuimos.

¿Para qué hablar de lo que somos si lo que nos une es la memoria? hace 25 años rondábamos estos pasillos y los recuerdos son precisos ¿cómo olvidarse del camarón, el foco, el tigre, la macana, juanito Cuadros, el sir y Peña?, toda la fauna de sobrenombres de aquellos que contribuyeron a formar lo que ahora somos, ¿quién no se acuerda de los camel toes de la maestra de actividades estéticas o la de modelado? cuando nos imaginábamos lo que queríamos ver, y como de plano andábamos urgidísimos de instantáneas calmantes de nuestra febrilidad recurríamos a fisgonear las luces reveladoras de la maestra de sicología.

Dicen que el pasado siempre fue mejor que el presente, no lo creo así, pero causa un enorme placer acordarse del compañerismo, el anecdotario de complicidades: el primer trago, el primer cigarro, la primer novia, las revistas porno traídas por algún gurú, la angustia de irse a segunda vuelta o a un extraordinario, la alegría egocentrista de exentar todas las materias, el tocar o cantar en la trova o el escribir en el Horizontes, el jugar fútbol o entrenar americano en el campo de tierra, el esgrimich y la duda si te quedarías en el equipo.


El ser Fraile y cantar “que por eso sirvan cerveza y mezcal para los del Tepeyac” y quedarse como cadáver en el Andy Bridges. Sería injusto mencionar nombres y apellidos, somos tantos que en algún segundo nos topamos sin conocernos, la circunstancia de coincidir en un momento de nuestras vidas.

Dicen que somos espejo de lo vivido, totalmente cierto, el caminar por la calle de Lindavista para venir o salir del colegio y encontrarse con las niñas del Guadalupe, las sonrisas furtivas de atracción, la timidez del gesto de alguien que amamos a primera vista pero que olvidamos dos segundos después cuando veíamos a la que venía detrás, la volatilidad de cupido y la testosterona.

Porque todo eso fuimos y vivimos, parte de nuestra historia la que nos une y la que nos hace estar juntos a la generación 84 del Colegio Tepeyac 25 años después.

Un honor y un gusto estar con ustedes.

Gabriel Otero

6 comentarios:

Ka-tica dijo...

jajajaja que hermoso post!!!!....
definitivamente recordar estas cosas nos vuelven a traer esos aires de nostalgia!
exquisitos... frescos...
en el 84... yo apenas balbuceaba un par de monosilabos! jajaja

Saludos!!!

Ricardo dijo...

Buen post, Gabriel, me acabo de recordar de mi colegio y de las promociones 99 y 2001.

Gabriel Otero dijo...

Ka-tica:

Me acaban de dar punzones en el lumbago con lo que me estás diciendo...la vida pasa muy rápido como para no disfrutarla, esa reunión estuvo divertidísima, la liga pre geriátrica en pleno.

Gracias por tu comentario.
Saludos
go

Gabriel Otero dijo...

Ricardo:

Estás joven brother, y es importante reconocer el camino andando. Pienso que uno debe examinar su historia personal porque eso siempre determina lo que pasará mañana.

Saludos.
GO

Anónimo dijo...

Saludos. Cursè la primaria (Tambìen hice el kinder en el Kinder del Tepayac) en ese glorioso colegio; làstima que no exista algo relacionado al Tepeyac en internet, de generaciones que no estuvimos durante la secundaria y preparatoria.
Pertenecì a aquellas viejas generaciones, cuando el Tepeyac era de PADRES, por cierto, muy modernos para aquellos años. Me tocò pertenecer al "cambio" de dueños del colegio cuando estaba en sexto, todavìa permanecieron los padres no sè cuanto tiempo màs.
Siempre me sentirè ORGULLOSO de haber sido parte de ese GRAN COLEGIO.
Recuerdo que en primero de inglès, en una ocasiòn me castigaron (me mandaron con Miss. Maria Pura, quien esa la directora de inglès) y cuando me dejò ir, ya el camiòn del colegio se habìa ido; caminè desde el colegio, hasta mi casa (colonia Claverìa, Deleg. Azcapotzalco), todo un maratòn, si tomamos en cuenta que tenia yo 7 años, ya se imaginaràn la que armaron mis papas al otro dia verdad? Todavìa tengo la carta de disulpas que enviò el cloegio a mis papas, je.
David F. de L.
dafla_1960@hotmail.com

Anónimo dijo...

Que si me acuerdo? Pues como no! El Tepeyac, semillero de grandes y pequeñas personalidades de este país.

Un minuto de silencio por los que ya se fueron: el Chevo, el Huevo, el Mesié, el prof. Cuadros...