UN POEMA DE AMOR
BARDOS Y GOLIARDOS DE SIEMPRE Nicolás Guillén Camagüey, Cuba (1902-1989) No sé. Lo ignoro. Desconozco todo el tiempo que anduve sin encontrarla nuevamente. ¿Tal vez un siglo? Acaso. Acaso un poco menos: noventa y nueve años. ¿O un mes? Pudiera ser. En cualquier forma un tiempo enorme, enorme, enorme. Al fin, como una rosa súbita, repentina campánula temblando, la noticia. Saber de pronto que iba a verla otra vez, que la tendría cerca, tangible, real, como en los sueños. ¡Qué explosión contenida! ¡Qué trueno sordo rodándome en las venas, estallando allá arriba bajo mi sangre, en una nocturna tempestad! ¿Y el hallazgo, en seguida? ¿Y la manerade saludarnos, de manera que nadie comprendiera que ésa es nuestra propia manera? Un roce apenas, un contacto eléctrico, un apretón conspirativo, una mirada, un palpitar del corazón gritando, aullando con silenciosa voz. Después (ya lo sabéis desde los quince años) ese aletear de las palabras presas, palabras de ojos bajos, penitenciales, entre test...