8 de diciembre de 2009

SOÑAR Y VIVIR

PALABRA DE CÍCLOPE


Me resisto a creer que un tercio de mi vida la he pasado dormido, 14.66 años intentando llegar a los sueños, porque habemos noctámbulos por naturaleza que nos resulta inadmisible perder ocho horas diarias en futilidades, en esas actividades pasivas que son tan necesarias para no llegar a la insania.

No es lo mismo dormir que soñar, uno no es consecuencia de lo otro, sin dormir sería imposible la higiene mental y la regeneración del cuerpo, el descanso obligado cuando los párpados nos vencen, pero ¿qué sería de nosotros sin el sueño?, ¿podríamos vivir sin soñar?, ¿soñaríamos sin vivir?.

Querámoslo o no requerimos traspasar el umbral hacia lo onírico, cruzar el estado del movimiento ocular rápido*(1) y llegar adonde todo es insoportablemente permisible: volar sin tener alas, nadar sumergido por horas sin tener branquias, sentirse omnipotente y fundar mundos paralelos, escuchar colores, ver sonidos, hurgar los orígenes del inconsciente, en síntesis, personificar y parafrasear el Cogito ergo sum de René Descartes: “Sueño, luego existo”.

Hay quien sueña despierto en momentos de abstracción extrema cuando ningún estímulo le perturba, a ellos se les llama soñadores y se les trata de forma despectiva, son los genios y los locos, solitarios y creativos, muchas veces incomprendidos pero que luego con el tamiz del tiempo son adorados e incluso venerados.

Los visionarios nos han beneficiado con la concreción de sus sueños, la raza humana depende de ambos, de gente sobresaliente que ha dado su vida por un sueño y de la libertad que conlleva el simple hecho de soñar como piedra angular de motivaciones personales y colectivas.

Porque los sueños nadie nos los quita, son individuales y alimento de la lucidez, materia prima del arte, sustancia de estudios y discusiones filosóficas, sicológicas y religiosas a través de los siglos.

Los sueños son enigmáticos, en la Grecia Antigua surgió la oniromancia o técnica de interpretarlos a los que se consideraba con poderes premonitorios y fue hasta en el siglo XX cuando Sigmund Freud pretendió darles un contexto científico.

Los sueños se basan en símbolos, dilucidarlos es adentrarse en terrenos pantanosos, aclararlos implica jugar con conceptos contrarios otorgándoles valores emocionales y sicológicos.

En estos momentos yo sueño que escribo y que alguien en su sueño también me lee y que ambos formamos parte de otro sueño que es la vida.

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(1) Movimiento Ocular Rápido: actividad física que indica la presencia de los sueños mientras se duerme, conocido también por estado REM.

Gabriel Otero





26 de noviembre de 2009

ENTREVISTA EN RADIO CIUDADANA

LO DE HOY


El domingo 29 de noviembre me entrevistarán en Radio Ciudadana a las 23:00 hrs., en el programa Letras para no dormir, quien quiera escuchar las loqueras de un servidor está cordialmente invitado, leeré versos y algunas Palabras de Cíclope (será la primera vez que las lea en un micrófono), abajo está la página para escuchar en línea.

Letras para no dormir se transmite los domingos a las 23:00 Hrs. (hora de México D.F.) La entrevista dura una hora.
Radio Ciudadana 660 AM y www.radiociudadana.imer.com.mx (cliquear la liga "escucha en línea")

Saludos, será un honor que me acompañen.
Gabriel Otero

GENERACIÓN 84

PALABRA DE CÍCLOPE


Para Julieta In Memoriam,
Cómo se acuerdan todos de ti


Asevera Sergio Montes, fotógrafo profesional, que alguna vez fuimos delincuentes en potencia, se refería los integrantes de la Generación 84 del Colegio Tepeyac, institución educativa ubicada al norte de México Distrito Federal que fue creada en 1940 por una fundación norteamericana para posteriormente ser manejada por frailes benedictinos brindándole su orientación educativa.

En 1972, la orden benedictina se retiró quedando a cargo un Consejo de Administración que tomó las riendas del colegio y continuó el camino trazado por sus antecesores.

Al principio las palabras de Sergio me parecieron duras y un tanto desproporcionadas, por fortuna ninguno de los 208 de la Generación 84 tenía necesidad de ganarse la vida, más bien crecimos entre algodones con los traumas típicos de la clase media, la mayoría vivíamos en las cercanías y nos íbamos caminito de la escuela (1) por las calles de Lindavista.

Haciendo una revisión del anecdotario tuve que darle la razón: para ser maestro de nosotros había que tener la paciencia de Gandhi, la vocación de la enseñanza a prueba de maremotos y estar convencido de que el paraíso existe antes de ser devorado por los leones.

En el recuento de nuestras imprudencias y complicidades llegamos a cosas inauditas, casos de crueldades extremas como amarrar a algún compañero en el pupitre y dejarlo sentado en calzones fuera del salón de clase o el robo de charolas completas de sopes, cuando Amadita la de la tienda se descuidaba, para repartirlas entre todos.

Y por supuesto, lo típico de cualquier colegio, los temas ocultos de los que nadie habla: sustracción ilegal de exámenes, sobornos, y relaciones extrañas y travesuras inofensivas como calentamiento de asientos con encendedor, apertura de hoyos reveladores en el escritorio de los maestros y torneos de basta, gato y timbiriche. También era usual la famosa quiniela en la que apostábamos a cuántos de nosotros sacaría el Tío Gamboin en la clase de lógica.

Parecería hipérbole contar que alguna vez alguien escaló tres pisos para meterse al aula de modelado y que lo de diario era trepar la reja de tres metros junto a la dirección y escabullirse por una ventana cuando se llegaba tarde.

Había que evitar la prefectura a toda costa, “el Foco” no se andaba con cuentos, mal geniudo buscaba cualquier pretexto para hacer valer su autoridad, era todo lo contrario a Juan Cuadros, un hombre pausado que utilizaba el poder de la palabra como medio de persuasión y por lo mismo lo queríamos y lo respetábamos.

Abundan las historias colectivas, hemos cambiado pero en el fondo seguimos siendo los mismos, imberbes de corazón en cuerpos añejos que descubrimos la vida día a día, compartimos la mística y un código mutuo, sí, somos afortunados, fuimos delincuentes en potencia, ahora pretendemos ser hombres de bien.

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(1) Canción de Francisco Gabilondo Soler “Cri-Cri”

Gabriel Otero

19 de noviembre de 2009

HACER O SER EL RIDÍCULO

PALABRA DE CÍCLOPE


Ilustración cortesía de www.plataformasinc.es


Dícese de la catagelofobia al intenso temor de alguien o miedo de ser presa de la risa o burla de los demás, en otras palabras es la fobia al ridículo.

Japón es el país adonde existen más personas que padecen esta enfermedad y por ende también abundan los katagelaticistas o gente que disfruta el causar sufrimiento mediante la risa o humillación de los otros (1).

Todos hemos sido ridiculizados en algún momento de nuestras vidas, en la tierna infancia cuando el maestro nos preguntaba la complicada y temible tabla del nueve o exhibía nuestros garabatos que ocupaban todo el renglón al intentar escribir con el método Palmer. La falta de memoria o destreza como ejemplo aleccionador para los demás y la tácita advertencia o terror sicológico de “que te haré pasar el ridículo sino aprendes rápido”.

Y de adolescentes cuando le declarábamos nuestro amor a la que nos hechizaba y ella simplemente nos hacía añicos con su indiferencia, y no sólo eso, sino que le contaba a sus amigas y a todos, que nos había dicho “no” por feos, dientones, enclenques, gordos, pobres o por tener la piel oscura o ser albinos con ojos rojos de conejo.

Sin embargo, ser ridiculizado nunca será lo mismo que hacer el ridículo voluntariamente, eso es todo un arte, se debe tener convicción, afán de notoriedad y además poseer una dosis de sadismo para torturar a los otros con la estolidez o la ausencia de talento propios.

Hay personas que su única manera de sobresalir es haciendo el ridículo fomentando la catagelofilia como una opción, hombres y mujeres que casi llegan al éxtasis al escuchar las carcajadas de su audiencia.

La televisión actual es especialista en ridiculizar y en convertir en mercancía las fobias y filias humanas porque ser y hacer el ridículo vende y genera rating, gran parte de la programación se basa en las pretensiones artísticas de algunos o en la inconformidad física de otros o en la búsqueda de amor de aquellos y así nos trasmiten bazofias como “La Academia”, “Buscando a una estrella”, “Me quiero enamorar”, “Sexos en guerra”, “El resbalón”, “Jackass” y tantos más.

Y no hay que subestimar el poder curativo de la risa, como diría el Guasón, pero también producir emisiones en las que se exalte la ridiculez se ha convertido en un síntoma más de la decadencia de la televisión que aún no encuentra otra razón para reinventarse y superar sus taras.
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(1) Fuente: “La risa es un placer, pero no para todos”, cable de la Agencia EFE fechado en julio de 2008.


Gabriel Otero

2 de noviembre de 2009

LA ABUELA

PALABRA DE CÍCLOPE

Fotografía de Tejutepeque cortesía de www.tejutepeque.com


Para la abuela Ángela

Recuerdo a mi abuela hablando de céntimos, de leguas, del Cerro de los Coyotes, de Tejutepeque, de la “Circasia Salvadoreña”, de la ruina familiar, del Partideño, de la huelga de brazos caídos que derrocó al Gral. Hernández Martínez, de sus hermanos que se fueron y los que se quedaron, de la tristeza de ver morir a los que amaba y saberse sola poco a poco.

La abuela era una mujer de carácter forjado en yunque, de esas “mujeres de fuego, mujeres de nieve” (1) estremecedoras, pioneras del siglo y de todas las épocas, le encantaba la fruta y contarme las mismas historias una y otra vez, yo no entendía que era su manera de no olvidarse, de afincarse en la memoria de su descendencia.

Le fascinaba escuchar a los pájaros y expresarme sus cantos en palabras, era mágica, testigo de tanto y protagonista de mucho en tan poco tiempo. Leía en voz alta, degustaba la fuerza de la letra, leía pausada para aprehender todo el conocimiento.

Su peor error, decía, era haberse ido con el primer jinete que le regaló un pedazo de luna, un seductor a caballo: mi abuelo, tan ilustre en la reminiscencia como desconocido a los ojos, un personaje incidental de enorme relevancia porque sin su semilla nunca hubiese nacido mi madre.

Cosas de la vida, eventualidades afortunadas, la abuela fue madre a los veinte años y partió a la ciudad, ahí era feliz con su hija, después nacería la Tía Concha, aunque falleció siendo niña. El deceso se escribió en tinta indeleble en su alma, alguna vez vi una fotografía de ella, una imagen borrosa de alguien al que se le escapó el hálito vital en un suspiro.

En San Salvador, la abuela padeció de la pobreza, el mal generalizado que se ha incrementado por el egoísmo de unos cuantos, el vicio de acaparar todo lo que se produce. Relataba haber vivido la solidaridad de clase, algo inexistente hoy en día, sobrevivió montando un puesto en el mercado con la dignidad por las alturas.

Yo oía atento sus lecciones de existencia mientras escudriñaba el mapa de arrugas en su rostro, para ella siempre fui “Gabrielito” el menor de sus nietos, el arcángel personificado.
La vi por última vez en 1995 cuando le faltaban nueve años para cumplir su primer centenario, dicen que perdió la lucidez poco antes de morir, no lo creo, seguramente se burlaba de mis hermanas mayores que se excedían en cuidarla.

La abuela aún me acompaña en sueños, es una figura tutelar que se aparece amable durante mis tribulaciones, la recuerdo siempre al alba cuando intento interpretar lo que me dicen los pájaros.

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(1) “Mujeres” de Silvio Rodríguez


Gabriel Otero

25 de octubre de 2009

CALAVERAS DE DÍA DE MUERTOS (OTRA RONDA)

Ilustración de Jose Guadalupe Posada:
"Gran fandango y francachela de todas las calaveras", 1913


CALAVERA A LA PARCA

Dicen que la parca nació en México
y murió en el ombligo de la luna.
Dicen que la vieron en el cementerio
comiendo pan de muerto y una tuna.

Tómate este pulque mi reina,
muerde este y aquel otro charal,
calma mi bien aún no me lleves,
mejor degusta de Oaxaca este mezcal.

¿O te gusta la charanda?, huesuda,
flaca, dientona, con mirada hueca,
frías tus falanges y tu risa franca,
búrlate de mí pero no seas chueca.

Duérmete acá, parca, este es tu lugar,
aunque hoy sea tu día yo me quedo,
olvídame un buen rato, lustros quizá,
y mientras roncas yo me pelo y te remedo,
y mientras sueñas yo te espero al final.

Gabriel Otero

CALAVERA A LA SUEGRA

Ella se ahogó en su veneno,
pobre señora ya no respiró.
Del cielo raudo cayó un trueno
y la muerte se la llevó como costal.

Vuele con Dios suegra querida,
córtele a los ángeles sus alas,
porque no creo que el cachudo
la admita en su infierno personal.

No se preocupe señora ya váyase,
yo me quedo con su hija y mi humor,
porque de burlas nacen las sonrisas
y de las risas las dudas de donde estará.

Y ya no vuelva ni en Día de Muertos
porque asustará a los otros y a los demás,
a esos extraviados y lumínicos espectros
que están buscando como regresar.

Gabriel Otero

23 de octubre de 2009

MEJOR O MENOS MALO O AMBOS

PALABRA DE CÍCLOPE

Fotografía cortesía de http://cinturaamericana.wordpress.com

Para Julián y Juliancito, pamboleros entrañables

Llegaron como hordas en autobuses del Colegio Miraflores, custodiados por decenas de granaderos, eran los “tristes más tristes del mundo” (1) vestidos con playera azul y ondeando sus banderas nítidas y bicolores. “Chinguen a su madre putos salvatruchas” les gritaban, la rechifla era unánime, en el fútbol pocas cosas son tan democráticas como las mentadas de madre y los silbidos o los recordatorios de que tuvieron sexo con las hermanas, la genealogía familiar invocada antes y durante el juego, después sólo si se pierde.

La calidez mexicana le había reservado a la hinchada salvadoreña un rinconcito cerca del cielo como dice la canción, unos tres mil aficionados habían viajado para ver el partido desde el palomar o donde las águilas anidan, o sea, lo más alto del estadio Azteca, lo más barato, desde donde los jugadores se ven a escala a un vigésimo de su tamaño real. Nadie quería problemas con la Rebel o la Monumental, barras de los Pumas y el América que resuelven sus ortodoxias a putazos.

El árbitro dio el pitazo inicial del juego y sucedió lo inusual, las abejas volaban en la cancha, afanosas construyeron un panal sobre un micrófono ambiental y en la red de la portería norte, el partido se suspendió diez minutos, los cultos comentaristas de Tv Azteca afirmaron en broma que de seguro un aficionado cuscatleco había untado de miel el micrófono para dilatar lo inevitable: la derrota del equipo salvadoreño. Del lado opuesto, los humanistas y civilizados seguidores de la selecta lo interpretaban como un arma más para impedir el triunfo, el anhelado “Aztecaso”, “porque al mundial no vamos pero a México le ganamos”.

El primer tiempo fue vomitivo, el equipo mexicano alentado por millones de aficionados llegaba al marco contrario de manera estéril hasta que un defensa salvadoreño la metió en su propia portería, gol de México o autogol de El Salvador: 1-0. Los jugadores mexicanos driblaban a uno a dos o a tres pero no tenían ni idea de lo que estaban haciendo, mucha estrellita centrípeta que gritaba “pásamela a mí que hoy sí voy a brillar”, “dámela guey que de aquí tiro”, los jugadores salvadoreños corrían y corrían pero sólo llegaban a media cancha. La distancia es tan relativa como el tiempo. ¿Pagar 50 dólares para ver in situ a 22 jugadores hacer el ridículo?, ¿Para qué dormirse en el escándalo de un estadio si con solo oír a los comentaristas televisivos uno se arrulla?.

Segundo tiempo, parecía que a los 22 jugadores les aplicaron un enema, el portero salvadoreño inspirado y con flexibilidad felina evitó tres goles cantados, hasta que en una jugaba brillante de Cuauhtémoc Blanco combinada con Guillermo Franco cayó el segundo gol de México, precioso tanto, esos goles son los que le dan sentido al fútbol.

Luego vino la debacle, Juan Francisco Palencia, un delantero cumplidor, clavó el tercero, se celebraba ya la inminente victoria del tricolor en todo el país, la selección salvadoreña hizo el esfuerzo teniendo en contra sus limitaciones técnicas, la mentalidad chiquitita y el temblor en las piernas.

De repente, en un tiro libre, un obús azul sacudió la red pero llegó demasiado tarde, el ánimo yacía en el subsuelo. México anotaría otro gol fruto de un error del defensa central cuscatleco quien le regaló un pase de cabeza a Vela, mismo que desempeñó un papel ornamental pero que será convocado para futuros partidos. El resultado final, ya se sabe, México 4 - El Salvador 1.

Con esa victoria México aseguró su décimo sexta participación en mundiales, un logro engañoso si se toma en cuenta que la Confederación Norte Centroamericana y del Caribe de Fútbol (CONCACAF) reúne a los peores equipos del mundo, es decir, es el menos malo entre los malos o el levemente menos enano entre los enanos, o percibiéndolo a la inversa, el más el fuerte entre los débiles. Es claro que al famoso dicho “de ardor mueren los quemados” se antepone la sabia frase del evangelio de San Juan “la verdad nos hará libres”.(Jn. 8-32)

Cualquier equipo de la zona está destinado únicamente a asistir al mundial, a servir de relleno, a animar como porrista y en ocasiones a inyectarle una dosis de duda a los pronósticos, México es el que más lejos ha llegado jugando 45 partidos mundialistas de los cuales ha ganado 11, empatado 12 y perdido 22, metiendo 53 goles y recibiendo 85. Las cifras son contundentes, le dan sentido al “si se pudo” expresión del clamor popular cuando se ha superado un obstáculo para llegar a los sueños.

Y de sueños de opio ha vivido el fútbol mexicano desde que existe la televisión, las cadenas nacionales son especialistas en fomentar la hipnosis del aficionado, en convertir a los jugadores en ídolos para después lapidarlos por no llegar al ansiado quinto partido.

Y así como hoy sucede cada cuatro años, se olvida lo remoto y lo inmediato, porque la selección mexicana es de impulsos no de constancia, en 17 años ha habido doce cambios de director técnico a partir de la llegada de César Luis Menotti, el que marcó un antes y un después en la mentalidad del jugador.

Permanece la incógnita si con este equipo pletórico de divos, con la excepción de dos o tres que sí juegan, se pueda superar el “ya merito” y así llegar a la tercera semana de estadía en Sudáfrica 2010.

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(1) Versos de Poema de Amor de Roque Dalton

Gabriel Otero