25 de septiembre de 2015

LA GUARDARRAYA

Este viernes 25 de septiembre, La Guardarraya, del Día a Día News de los Ángeles (CA), publica al poeta colombiano Winston Morales Chavarro y al poeta salvadoreño Gabriel Otero.

18 de septiembre de 2015

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I
El otoño llegó para quedarse
y la muerte empieza a ser la propia
el único tiempo real
es el que ya pasó
la vida es hoy una suposición
y el porvenir un espejo
de paradojas

II
El medio siglo es contundente
un mazo que golpea el asombro
sabios son muy pocos
escasos
lo que abunda
es la lengua y la estupidez

III
El otoño llegó para vivirse
dicen que es gris
y trillado
yo no sé de esas cosas
y  de otras tampoco

IV
Mi cobija es su amor
mi victoria es su gloria
cincuenta años son la hojarasca
para el reposo de la eternidad

V
El otoño es grave
y grandilocuente
cuanto se añora
la ingenuidad
y el verdor
del que no sabe nada
y sabe todo

VI
Diez lustros son un trecho
para perpetuarse
los escasos milímetros
ganados
en la mal llamada
memoria colectiva
existir más allá
de las fotografías
para aparecerse
en sueños


VII
El otoño es más
que una estación
es la implacable verdad
cayendo rauda
sobre el cuerpo
en vías de marchitarse.

VIII
En estos dieciocho mil
doscientos cincuenta días
de existencia
sus ojos amarillos
han sido mi
más preciada posesión

IX
El otoño llegó sin sentirlo
cómo anticipar su venida
si uno va parsimonioso
sin pensar  que el sol
se oculta
por alguna extraña
y terca razón.

Gabriel Otero 
México D.F., 19 de septiembre de 2015


28 de julio de 2014

AMOR EN DOS DÉCADAS






Golondrinas peregrinas

Al verla irse sentía que el amor desaparecía a través de la puerta de vidrio del aeropuerto. Ansioso, sólo la seguía con la mirada, las manos hechas agua apretaban la manija de la maleta.

Uno se enamora contadas veces, muy escasas, la necesidad de dar y compartirse es tan rara que puede no nacer nunca o morirse de asfixia o ahogarse en la indiferencia.

La mayoría de los amores son maravillosos encuentros de la urgencia y se van como llegan volando igual que las golondrinas peregrinas. Pero en esa ocasión en el aeropuerto de la Ciudad de México el amor trascendente partía a la inmensidad o a sumergirse en las profundidades de veinte millones de almas extrañas.

Y la mía, era una pasividad exasperante que me anclaba a la frustración de querer gritarle lo de siempre lo que nunca le había dicho.

La conocí en un avión una semana antes en la que la primera impresión fue caernos mal, ella por cumplir su trabajo y yo por sucumbir a los efectos respondones del Juanito caminante.      

Asistíamos al primer congreso iberoamericano de periodismo cultural en Veracruz, ella formaba parte del staff y yo representaba al suplemento cultural Tres mil de Diario Latino de El Salvador.

Y de la aversión pasé al amor a segunda vista, cuando agobiado por el calor del puerto y aburrido por las mesas redondas la abordé afuera de la sala de conferencias, mientras se escapaba a conocer el malecón.

Se llamaba Griselda, tenía los ojos amarillos y pagó el taxi y los boletos de entrada al acuario. Aunque yo insistí en invitarla su despliegue de insolencia económica dejaba en claro que este era su paseo y yo un personaje incidental.     

Y se nos fue la tarde con la brisa del mar, en el  camino de regreso contamos las gaviotas y cada grano de arena de la playa y descubrimos la existencia de una afinidad insólita.

Dicen que el amor traspasa planos temporales y dimensiones, ella me transmitía plenitud, yo imaginé amarla desde hace mucho cuando  éramos luz errabunda sin llegar a ser idea.

Los días posteriores me dediqué a perseguirla con ahínco  y a escribir mi ponencia con una altísima dosis de improvisación. Al entregarla fui de los pocos que necesitó traducción caligráfica porque no entendían que la “e” la escribo igual que la “i” y que la “l” es un uno con pedestales.

Intercambiamos teléfonos, el viaje concluía sin quererlo. El último día me esquivaba porque era notorio que evitaba sufrir y el ritual de despedida no estaba contemplado en el repertorio de ninguno de los dos.

La busqué en el avión de vuelta y en los pasillos del aeropuerto, fue entonces cuando la vi y me quedé petrificado sólo siguiéndola con la mirada.

96 horas 35 minutos 12 segundos

Apesarado retorné a San Salvador y a las 96 horas 35 minutos 12 segundos recibí una llamada esperanzadora, era ella. Celosa me reclamó que una voz femenina le había contestado, ufano le dije que vivía con dos mujeres: mi abuela y mi hermana.

Me casé al año por todas las leyes posibles, la humana, la divina, la real y la imaginaria. Hoy continuamos una historia de amor que rebasa las dos décadas.            

Lo vivido y lo bailado nadie nos lo quita.


Gabriel Otero

12 de junio de 2014

PLAYERAS FUTBOLERAS



La playera

La playera para un equipo de futbol además de ser un símbolo de identidad, es lo que le da el sentido de pertenencia a un grupo que busca lo mismo: perseguir la pelotita dirían los intelectuales, ganar afirmarían los categóricos, competir alegarían los conformistas cobijándose en la esencia más pura del deporte.

La playera es, sin duda, la primera piel.



Futbolista profesional

De niño mi meta en la vida era convertirme en futbolista profesional. Pasaba horas en el parque de la colonia acariciando ese sueño. Mi primera playera era igualita a la de la selección de Uruguay.

Llegó antes la guerra y muchos nos fuimos del país.


1982

La última participación que tuvo mi país fue en el mundial de España 1982. Dicen que la Selección de El Salvador no llevaba las suficientes playeras para poder intercambiar con los demás equipos, gran parte se las apropiaron los directivos de la federación y sus hijos para tener un recuerdito mundialista.

Y después de recibir 10 palazos de Hungria a nadie le quedaron las ganas de recordar a sus sepultureros, ninguno con vocación masoquista, sólo  Luis Baltazar Ramírez el “Pele” Zapata celebró su llegada al cielo con el único gol anotado por un salvadoreño en un mundial. 10-1 fue el marcador que pasó a la historia de este campeonato, y de todos, como el más abultado.

Existen atenuantes que podrían justificar la goleada: mandaron a la representación salvadoreña dos días antes de su debut en el mundial y el país era presa de la guerra civil que se prolongó toda la década.  

Con todo y sus limitantes y magros resultados esa ha sido la selección más talentosa y con cojones que ha tenido la nación.





2013

Diecisiete futbolistas de la selecta fueron encontrados culpables de arreglar partidos en los últimos diez años. De estos catorce fueron suspendidos de por vida y a los otros tres les dieron castigos de 18 meses.

Los directivos se hacen los desentendidos. Los que apostaron con los sentimientos de la afición esconden la cara. Los jugadores olvidaron que el azul de su playera es igual al color del cielo.

En El Salvador el futbol oscila entre lo trágico y lo ridículo.

2014

Se formaron como niños para recibir un obsequio, en fila india y ordenaditos afuera del vestidor.  No intercambiaron la playera en el campo con el otro equipo, el único beneficiado fue el portero que saltaba de la alegría por la generosidad del cancerbero contrario.

Son madrileños y catalanes por adopción nacidos en Soyapango, Ayutuxtepeque y Mejicanos, no se pierden un solo juego del Real Madrid y Barcelona y ahora tuvieron el privilegio de conformar la Selección de El Salvador y jugar contra el campeón del Mundo.

El resultado es irrelevante, esperan sudorosos la salida de sus ídolos, la más solicitada es la playera del pique de la Shakira, algo de suerte debe tener ese monote para haberle pegado un hijo a la colombiana la del waka waka, la del baile del vientre.

Ríen, están de fiesta, los llevaron de gira, es la nueva y rejuvenecida selecta, no importa que ahora sea un equipo sparring que ocupa el lugar 68 del ranking de la FIFA y que no asista al mundial.

Leer para aprender

Iniesta, el volante que hizo campeón mundial a España, confesó no saber donde queda El Salvador, pero cuando menos tiene la certeza que ahí nació uno de los mejores: El Mágico González.

Ante esas sinceras y diáfanas declaraciones, escritas en un tuit con faltas ortográficas, es obvio que para él veinte minutos de lectura diarios no son suficientes, a pesar de los afanes alfabetizadores de Xavi y el Piqué de Shakira.

La geografía como que no se le da al cerebro del Barcelona pero eso no importa mientras no se haga viejo y siga con la gambeta en la cintura y los pies.

Iniesta, Xavi y el Piqué de Shakira, vistiendo la playera del club catalán, son algunas de las personalidades que formaron parte de la campaña “Leer para aprender” cuyo propósito es fomentar el hábito de la lectura entre los mexicanos.

Cada mexicano lee un promedio de 2.9 libros por año, ¿cuántos libros leerá en su vida un futbolista profesional? 


Gabriel Otero