9 de diciembre de 2008

LA SUEGRA

PALABRA DE CÍCLOPE



Para Félix Koslowski, quien me regaló la idea

Villana familiar favorita, personaje esencial en cualquier discusión de pareja, referente obligado en la toma de decisiones en el noviazgo o el matrimonio, ella es la maldita o bien amada suegra, famosa por su bipolaridad en el sentido amplísimo de la palabra.

A la suegra o la amamos o la odiamos, no hay términos intermedios, ella es entrometida, quisquillosa y fisgona, puede ser nuestra mejor aliada o la mamba negra nativa encontrada en los recovecos del hogar, lista para soltarnos su ponzoña por el placer primario de afilar los dientes.

La suegra nunca acepta roles secundarios, ella siempre debe estar en los primeros planos junto a su hija o hijo y después educando o deformando a los nietos.

Su comportamiento es inesperado como su presencia, construye y destruye al mismo tiempo, para ella no existió mejor partido para su hija que el ex novio o nunca le terminó de convencer su nuera por tener un ojo estrábico o la nariz demasiado grande o las orejas muy chicas.

Cuando uno pretende fundar una familia, además de ejercer los dotes diplomáticos se debe tener una mirada clínica y optimista, analizar causas y efectos, como por ejemplo si la lindura de su novia no sabe cocinar es porque su mamá, o sea, su futura suegra no es que sea incapaz en dichos menesteres caseros, sino que consideró superfluo heredar esos conocimientos a su hija profesionista, para eso hay cocineras, y si usted no puede contratar una, quedará de manifiesto su insolvencia, el amor lo obligará a buscar alternativas y se convertirá en chef en diez lecciones.

Ser suegra es difícil, ¿usted cree que mantenerse joven no es un tormento? las carnes ya no se acomodan, la faja es una tortura china, las arrugas no se borran ni con placenta de macaco o esperma de ballena, pero la entereza debe prevalecer, ellas son abuelas no abuelitas, el diminutivo resta presencia y autoridad.

La suegra, la muy dichosa suegra, la impartidora de lecciones de vida a ese par de tórtolos inconscientes que nunca crecen porque el amor es como la oligofrenia adquirida, ella se encargara de bajarlos de las nubes.

Un matrimonio sería demasiado monótono sin las suegras, qué haríamos sin su mirada escrutadora, sin sus eternos cuestionamientos, sin sus ácidos comentarios.

Lo preocupante es cuando transcurren los años y su esposa también empieza a transformarse en suegra.
Gabriel Otero

Publicado en Diario CoLatino, 9 de diciembre de 2008















2 comentarios:

Tzaviere dijo...

Sencillamente genial, Gabriel.

Gabriel Otero dijo...

Don Tzaviere:

Muchas gracias por tu generoso adjetivo, me honras,

Un abrazo
GO