9 de diciembre de 2008

JUSTINA

VITRAL




Recién releí Justina, novela del estigmatizado Donatien Alphonse François de Sade, conocido en la posteridad como el Marqués de Sade.

La primera versión de Justina se publicó en 1791, sin la firma de su autor y bajo los auspicios de un conglomerado de impresores holandeses. De inmediato fue censurada por atentar contra la moral y las buenas costumbres de la Francia post-revolucionaria.

El Marqués de Sade residió gran parte de su azarosa vida en la cárcel, era un aristócrata culto, libertino y refinado cuya perversión favorita consistía en flagelar a quien fungiese como su pareja, fuera hombre o mujer.

De la derivación de su apellido surge la palabra "sadismo" que signifca, en su acepción común, el causar sufrimiento físico a otra persona para el placer sexual propio.

Justina refleja las taras de una época en donde las clases bajas eran consideradas objetos para uso y capricho de la nobleza o aristocracia.

Justina trata sobre la infortunada vida de una joven pueblerina quien intenta hacer prevalecer su virtud y sus creencias en la divinidad ante un mundo plagado de personajes perversos y libertinos.

Se describen imágenes de todo tipo de perversiones sexuales con un lenguaje, que en los albores del tercer milenio, resulta sutil y hasta delicado.

Sin embargo, las escenas narradas son crudas, tanto que una cantidad considerable de sicólogos han basado sus teorías y parámetros de conducta en la forma de actuar de los personajes del Marqués de Sade.

Los sicólogos califican de "patológicas" las maneras de ejercer la sexualidad de los personajes. Y en efecto, hay mucho de enfermizo y de sórdido en Madame Dubois y los monjes Clemente, Antonino, Jerónimo y Severino por mencionar a algunos.

Lo que es tedioso en la novela es el cúmulo de justificaciones que los personajes relatan como apología de sus actos, aunque en dichos parlamentos exista una congruencia pasmosa.

Independientemente de la leyenda oscura que los censores de la libertad han creado alrededor de la vida del famoso Marqués, toda acción de censura es abyecta en sí misma, resulta interesante conocer la densidad de la obra de uno de los precursores de la literatura erótica actual.

Gabriel Otero

Publicado en el periódico Siete Días, Cuernavaca, Morelos









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