5 de octubre de 2009

GOEBBELS SE CARCAJEA EN SU SEPULCRO

PALABRA DE CÍCLOPE


Joseph Goebbels
(1897-1945)


Es la época de las necesidades inventadas, estación de egoísmos y simulaciones, adquirimos espejismos empacados de lo que pretendemos ser, somos lo que tenemos pero no tenemos lo que somos.

Vivimos en la narcosis de lo superfluo, sólo por el gusto de poseer alternativas para lo que sea, todo debe ser instantáneo y listo para usarse, intentamos hacernos millonarios en segundos rascando la nariz de la diosa fortuna, porque según dicen el tiempo es oro y no hay razón para perderlo.

El mañana nos genera vahído, compramos cosas que consideramos imprescindibles para hoy: ungüentos y cremas antioxidantes que detienen la putrefacción corporal, lociones ocultadoras de humores, pastillas y artefactos para subir, bajar y estabilizar las carnes en dos minutos, prendas embaucadoras de la vista que se desbaratan al tacto, el disgusto por la apariencia carece de género afecta a mujeres y hombres por igual.

Nuestra psique se encuentra todavía más dañada, es corolario de la paulatina descomposición de la especie ¿fuimos libres alguna vez?, a estas alturas poco importa, cuando el “yo” prevalece sobre el “nosotros”, ¿qué sentido tiene cavilar si digitamos el control universal de la televisión como la llave maestra de otras dimensiones?

Contamos con más de 300 canales de porquería para mirar sin ver y recibir mensajes sin discernir, el chiste es comprar, comprar y comprar eso que pensamos nos hace diferentes y privilegiados de los siete y medio billones de habitantes del planeta.

Aburridos cambiamos de canal y en micro segundos nos detenemos para que los dedos sigan su camino, las imágenes se confunden con los sueños en nuestro inconsciente, la publicidad redunda en lo ridículo, lo grave es que creemos en ella.

Una imagen jamás ha valido lo que mil palabras, semejante falacia fue creada como slogan publicitario que de tanto repetirse se fue enraizando hasta convertirse en verdad.

Joseph Goebbels se carcajea en su mausoleo ficticio, el considerado padre de la propaganda moderna sabe que la publicidad tiene una deuda impagable con él al reciclar sus métodos inductivos, los que han generado trillones de dólares de utilidad, aunque ningún publicista lo admita y se ofenda tan sólo con la insinuación.

¿Realmente tendremos la autonomía para elegir si vivimos de apariencias y engaños?, ¿aún creemos en la libertad cuando las grandes corporaciones nos dictan qué comer, qué vestir y por qué reír?

Gabriel Otero

2 comentarios:

RDC dijo...

Hola Gabriel!

No estoy seguro que esta situación que escribes sea exclusiva de nuestra actualidad. Todas las épocas en descomposición (Atenas de finales del s.V dc) o la Roma pre-imperialista (cuando cae la república) todas muestran estos síntomas. De hecho, el mismo Horacio firmaria la mayor parte de las ideas que aparecen en el texto ¿Es curioso verdad?

Saludos

Gabriel Otero dijo...

RDC:

Sí, por supuesto los síntomas de la descomposición son los mismos y las coincidencias creativas e ideas también, no hay nuevo bajo el sol, la sensibilidad se manifiesta en hombres de distintas épocas.

Saludos
GO