25 de octubre de 2012

DOS PERSONAJES DE UNA PRESENTACIÓN

PALABRA DE CÍCLOPE




Fotografía cortesía de Ana Escoto




Aniuxa

Para Aniuxa o Ana Escoto, nacida en San Salvador, El Salvador, en 1984, nunca falta alguien que sobre. Leer su blog fue mi primer encuentro con ella, su frescura fue lo que me atrajo en este mundo en el que la solemnidad es la carta de presentación de los viejos y los mediocres.

Es articulista del periódico “La Prensa Gráfica”, economista de profesión y estudia su doctorado en el rigor del Colegio de México. Descubrió su vocación de narradora en el taller impartido por el salvadoreño por casualidad y mexicano por adopción de Rafael Menjívar Ochoa. Taller que tiene su sede en lo que fue la emblemática casa de Salarrué en los Planes de Renderos.

Entre su obra se encuentra Menguantes y otras creaturas publicada en 2008 en la colección Nuevapalabra de Dirección de Publicaciones e Impresos en El Salvador.

Formó parte de la Antología “Voces del Extremo (VIII)” cuya selección fue llevada a cabo por Antonio Orihuela y publicada en 2006 por la Fundación “Juan Ramón Jiménez” en la Junta de Extremadura, España (1).

Y según las palabras de Manlio Argueta “Ana Escoto es una escritora joven experimental, con un contenido dramático en casi todos sus cuentos donde la nostalgia, lo anónimo y lo depresivo son un tema frecuente, la alienación pero también la rebeldía kafkiana contra las opresiones contra el individuo. Los cuentos no pueden tener un final feliz porque los personajes son infelices en su frágil felicidad, se aíslan para salvarse ante el naufragio, cada quien propone salvarse quien pueda. Salvarse o morir. Rescatarse uno mismo de la prisión interior” (2)

Ana es integrante de una nueva generación de escritores salvadoreños que ha trascendido la guerra como tópico narrativo lo que le genera lectores que buscan sensaciones mucho más intimistas y menos dogmáticas.

Ana Escoto es la que falta pero nunca sobra.    
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(1) Texto de Artepoética.net
(2) “Una poeta joven salvadoreña” de Manlio Argueta  


El ángel demoníaco

A él lo conozco desde hace mucho cuando entre tres poetas tenían secuestrados los premios literarios nacionales y se repartían como barajas los primeros lugares y las menciones honoríficas obteniendo una colección considerable de flores para un ramillete y diplomas para decorar varias paredes.

Él vino del inframundo maya, el mítico Xibalbá que mutó en taller literario en el convulsionado El Salvador de la década de los ochenta del siglo XX y fue uno de sus integrantes más destacados.

Para muchos de nosotros él se convirtió en un referente generacional, la nuestra, la conocida “Generación de la guerra” marcada por el conflicto civil que hizo que el país saltara a los planos internacionales por sus injusticias.

Él nació el 10 de junio de 1967 en La Hacienda Chanmico en el departamento de La Libertad, un territorio a dos pasos de San Salvador que surgió con la idea de que el país es algo más grande de lo que vemos.

Él “…no tiene nombre fijo
 a veces es torrente
 a veces libertad
 a veces huella….” (1)

Le llaman Otoniel Guevara al que he visto recorrer veredas y subir cerros e ir y luego regresar para recrear sonidos y pintar lienzos en el alma con palabras.

Sus versos son punzantes, son verdades desnudas, ternuras a la luz de la luna llena que no se ocultan.

La obra de Otoniel Guevara es vasta, ha publicado, entre otros poemarios: El Solar (1986),  El violento hormiguero (1988), Lo que ando (1992, 1996, 1997),  Lejos de la hierba (1994), Tanto (1996, 2000),  El sudario del fugitivo (1998), Despiadada ciudad (1999),  Erótica (1999), Simplemente un milagro (2001), Cuaderno deshojado (2002),  Isla ilegal (2003), Sosiego (2003), No apto para turistas (2004, 2010, Monterrey, Nuevo León, México), Cuando la lluvia se techa de prodigios (2005, San José, Costa Rica),  Los juguetes sangrantes (2006),  Siemprésima (2007), Rupestre (2009, Monterrey, Nuevo León, México), Canción Enferma (2009), Proclamas para analfabetos (2009), y Todos los ruidos de la guerra (2010, Los Angeles, California, USA).

Parte de su obra ha sido traducida al inglés, al francés, al eslovaco, al italiano, al húngaro y al alemán, además, de ser incluida en una docena de antologías.

Mucha razón tiene Otoniel Guevara al reafirmar que “Solo la poesía nos puede salvar” (2), de nosotros mismos desde luego, y “si el poeta resulta maravilloso es porque a veces encarna la gracia divina. El poeta es un ángel y todo ángel que se respete contiene algo demoníaco”(3).  

Y este ángel demoníaco de Otoniel Guevara ha organizado nueve ediciones del encuentro de poesía “El turno del ofendido” evento que  ha ido ganando importancia en la difusión poética.

Y hasta hace un par de años fue coordinador del Suplemento Cultural Tres Mil, el único suplemento impreso en El Salvador dedicado a la creación literaria y al periodismo cultural que tiene más de 20 años de haber sido fundado.

Otoniel Guevara es todo un personaje con la autenticidad a flor de piel al que esta noche queremos escuchar.

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(1) Versos del poema “Se busca” de Otoniel Guevara    
(2) Afirmación de Joseph Brodsky
(3) Entrevista con Otoniel Guevara por Marta Leonor González, La Prensa Literaria, 11 de febrero de 2006

*  Texto leído durante la presentación de Ana Escoto y Otoniel Guevara en la Décimo Segunda Feria Internacional del Libro en el Zócalo 2012, México D.F., 25 de octubre de 2012

Gabriel Otero


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