27 de enero de 2009

MUJERES

PALABRA DE CÍCLOPE




Producto de la posmodernidad, en la que representamos un engrane en la inmensa maquinaria de la vida, y de siglos de lucha entre géneros, la mujer asume en este milenio un papel sobresaliente en todos los campos profesionales.

Hay mujeres doctoras, periodistas, pintoras, escritoras, arquitectas, diseñadoras, economistas y ejecutivas. Son disciplinadas, ordenadas, imaginativas, intuitivas, perspicaces, apasionadas, inteligentes, sagaces y temerarias, no alcanzan los adjetivos para poblar el cielo de estrellas de solo pensar en ellas.

Sin embargo, tienen su lado oculto tan oscuro como el de la luna, tan tenebroso que las hace perderse entre la ira y la estupidez, son las hormonas sus odios internos, los granos de arena causantes de cataclismos, el demonio subyugado y reprimido de su género, lo que las hace ser mujeres.

El hombre no es el peor enemigo de una mujer sino otra mujer, ellas se destrozan con sólo una mirada, se saben esenciales e indispensables, son la respuesta a la extinción, sus labios saben a la eternidad del abismo.

En puestos de mando asfixian y reprimen, les costó tanto llegar a la cima que emprenden largos monólogos sin admitir suspiros, sus mejores interlocutores son ellas mismas, se acomplejan en soledad porque siempre tienen secretos o debilidades insepultos en el cuerpo.

Se quejan del sexismo y plantean teorías igualitarias pero son tan utilitarias que manipulan por doquier, insultan y patalean y si uno les levanta la voz lo acusan a gritos de agresor.

Y a pesar de sus contradicciones y sus vaivenes emotivos, son adorables y necesarias, conviene alejarse de ellas cuando ovulan o terminan su ciclo reproductor.

Lloran sin motivo aparente, siendo madres, esposas, hermanas, amantes o amigas, como los girasoles son sensibles a la luz y hablan solo por hablar.

Las mujeres son un misterio irresoluble, destrozan o catapultan al hombre al que aman sin pensarlo dos veces, algunas arañan y abofetean, son imperfectas pero son lo que más se acerca a la armonía celestial.

Dependemos de ellas para existir, son el origen y el fin último, lo que nos mantiene cuerdos en el caos, la verdad en sí misma que somos incapaces de descubrir.

Gabriel Otero

Publicado en Diario CoLatino, 27 de enero de 2009
http://www.diariocolatino.com/es/20090127/articulos/63158/










3 comentarios:

RDC dijo...

Quizás lo más sensato sea acatar lo que escribió Tucídides a proposito del discurso fúnebre de Perícles "De las mujeres no se habla en público".

Las mujeres adoran la apariencia, el maquillaje, el verbo ¡Todo lo que seduce, brilla y engaña! No son ni superficiales, eh aquí es su profundidad.

Las mujeres de hoy son así, como bien cuentas, en gran medida, porque continuan creyendo ciegamente en los hombres... en cierta clase de hombres: ese hombre afeminado moderno que no sabe qué pared toca.

Son muchas las que hechan en falta a hombres más viriles que los actuales.

En el fondo adoran obedecer, porque obedecer tranquiliza y da seguridad -¡Pero hay que ganarse el derecho a mandarlas!- Piensan. Y tienen razón.

Gabriel Otero dijo...

RDC:

Me has dejado reflexionando sobre el asunto y tienes razón.
Haciendo a un lado a los metrosexuales (el culto al físico, a la moda y al yo externo), los hombres en general somos mas vulnerables aunque estemos mejor preparados que nuestros padres o abuelos, en lo personal me he cuestionado de donde sacaban su fortaleza, esa seguridad que transmitían en momentos extremos. Probablemente nosotros seamos más sabios pero ellos,seguro, son más fuertes o lo fueron.
Cuando escribí el artículo pensé en varias mujeres que están a mi alrededor, yo siempre he sido un ferviente admirador de ellas como género y me siento muy cómodo entre ellas, y no ha habido una sola que no le haya gustado lo escrito, se sintieron retratadas e incluso sugirieron una segunda parte (cosa que no haré porque siento que se rompería el encanto y sería un tanto repetitivo, aunque hay mucha tela que cortar)

Saludos
GO

ramiro dijo...

Es casi la descripcion de mi querida señora esposa, solo que en algunas ocasiones en realidad supera en mayusculas toda esta realidad, pero como decis Gabriel, es mejor ignorarlas o hacer como que no existen en esos momentos, o como diría mi padre, "!!!!!!!!!!Que.......chingan estas viejas!!!!"
SALUD!!!!!!
Tu amigo Ramiro.