25 de noviembre de 2008

QUE VIVA EL MATRIARCADO

PALABRA DE CÍCLOPE



Pony Tail Falls, Fotografía de Carlos Crespín


La mente de los niños es más simple que la de las niñas, las féminas por naturaleza siempre han llevado la ventaja, crecen más rápido, su cerebro es más versátil y desarrollan el instinto de supervivencia a edades tempranas, ellas maduran dinámicas y van adquiriendo capacidades que les permiten adaptarse a cualquier circunstancia.

Dios debió haber estado embelesado cuando creó a la mujer, a pesar de todas sus contradicciones y complejidades, no hay criatura más perfecta que ella, la generadora de vida, la que con sólo pasar nos hechiza o nos fulmina.

Los niños son más lentos, sus procesos son pausados, el aprendizaje es a base de repeticiones en la memoria, el razonamiento es mimético, la experiencia sirve de adiestramiento.

La sociedad manipula a su conveniencia los roles a desempeñar por niñas y niños. De bebés los márgenes entre géneros son difusos, pero son los mismos padres quienes establecen las fronteras al pintar de rosa la habitación de ellas y de azul la de ellos.

En el seno familiar tradicional a ellas les fomentan a ser delicadas, tiernas, emotivas, lindas, coquetas y amorosas, juegan al té y a las mamás desde pequeñas, son princesas y reinas de territorios imaginarios. A ellos a se les enseña a ser fuertes, a no llorar, a competir y a desplegar destrezas físicas.

Un ejemplo aleccionador, es que si usted visita cualquier almacén se dará cuenta de la variedad de ropa y accesorios para niñas y de la escasa oferta para niños. Existe moda para niñas y lo de siempre para niños.

Igual sucede con los juguetes, que si bien se han adaptando a los nuevos tiempos, en esencia permanecen siendo los mismos, así tenemos muñecas como Barbies y Bratz para ellas, y pistas de coches, pistolas y balones para ellos. El Xbox y el Wii son democráticamente para niñas y niños.

Las diferencias se van complementando, en el transcurrir de la vida requerimos más nosotros de ellas que ellas de nosotros y con lo inteligentes que son es muy probable que prescindan de nuestro género. La irresponsabilidad y la desidia masculina las han convertido en proveedoras, en paladinas de la subsistencia diaria, miles de madres solteras que sortean gráciles los laberintos de la existencia.

Históricamente las hemos relegado, su papel era la de estar expectantes y abnegadas, siempre a la espera de atender a marido e hijos sin derecho a cuestionarlos.

Las condiciones han cambiando, el matriarcado es lo de hoy, tal vez sea la opción para que recuperemos como especie nuestro paraíso perdido, ese del que nos exiliaron hace milenios por comernos la fruta prohibida.
Gabriel Otero
Publicado en Diario CoLatino, 25 de noviembre de 2008













21 de noviembre de 2008

COSAS DICHAS AL CAMINO

Portada del libro Cosas dichas al camino de Gabriel Otero, la edición fue realizada por Rosa María Zabal y los alumnos del 1er. año de bachillerato del Instituto Romera de la Ciudad de México


Nota del autor

Los poemas de este libro resumen 24 años de lidiar con la palabra, el camino ha sido largo, tanto que en un par de ocasiones me he sentado a contemplar el sol, por el sólo placer de buscar su luz. En este afán compilatorio se reúnen algunos versos de mis cinco poemarios: Remanso de las piedras (1993), Entre el aire y tu piel (1994), Sueños de Caín frente al espejo (1999), Cronogramas (2006) y Semillero (2007). Agradezco a Rosa María Zabal y a sus alumnos del 1er. año de bachillerato por el esfuerzo de editar esta recopilación que fue hecha para ustedes.

GO

CAMINO

1

Hice promesas
no recuerdo
si al viento
tracé mundos
en un párpado
que no se abre
votos
cosas dichas
al camino
río
la tarde
lluviosa
cae.

2
En mi juventud
acostumbraba
a rezar
a coser
almendras
en las mañanas
de ocio
a sentir
lo que nunca
habría
de sentir
a saber
lo que ahora
no sé.

CONFESIÓN

Quisiera
decirle en su boca
decirle con las yemas
lo de siempre
lo que nunca
le he dicho.

La espuma
se deshace en saliva
de querer decirle
lo de siempre
lo que nunca
le he dicho.

Las palabras
se quedan atoradas
en un vaivén
entre el insomnio
y la calma
de querer decirle
lo de siempre
lo que nunca
le he dicho.

Me encuentro
con el mar
en sus ojos
y navego
por decirle
lo de siempre
lo que nunca
le he dicho.


TESTAMENTO

Te dejo mis huesos
y el enredo del verbo
te dejo mi humus
disperso en el cuerpo
te dejo volátil
intensa y lejana
te dejo estrella
de ayer y mañana.

CARTA

Para Gabito

Nunca vislumbre tu llegada
apareciste arropado
por cantos de madrugada
saliste del vientre
como quien descubre
oquedades
como añorando
la viscosidad del limbo
te veo crecer
y veo a tus ojos
devorando cielos ciruelos
ay hijo nos falta tanto
por encontrar
y por encontrarnos
lo inusual es lo cotidiano
como crecer
junto a los cedros
he despreciado tanto
al tiempo
a ese tiempo
que no existe
y este es un día más
en el que sale el sol
pero es diferente
tu eres la intensidad
de estos abismos.

LABERINTO

He navegado cada mar
buscando algas de oro

He besado todas las bocas
cazando cada sueño

He quemado mis carabelas
para olvidar los temblores

He prendido a las estrellas
para consolar mis llagas.

COLORES

La vida es de colores
como el cerro azul

la revolución de las hojas
los ojos respirando iris

el ciprés la ceiba
besando a mi cielo.

CUERNAVACA

¿Cómo no sentir la inesperada
piel de tus tardes?
¿Cómo no dormir en las cúpulas
de tus iglesias?
Si fue tu lluvia la que conjuró
a mi sortilegio.
Si fue tu follaje el que curó
a mi garganta.
Y si en tu cielo desierto
no encuentro el rastro de un oráculo
será la hora de guardar los ojos
en los bolsillos del pantalón
será un nuevo tiempo
para empacarte y llevarte conmigo.

VEJEZ

La secuencia vital
ardiendo

Cronos sumergido
en el abismo

la vida que se fuga
en el incienso

es tiempo de coser
una mortaja
de estrellas.

CUALQUIER DÍA

Acaricio la cera metálica
de una vela quejumbrosa

escarbo entre las sombras
donde sólo las orugas habitan

palpo la sequedad
de las paredes

y platico con los ovillos
escondidos de las arañas
oigo la soledad
de los mil grillos

y luego
simplemente
apago el árbol
de la existencia.

POETICA V

Hace mucho tiempo
me perdí
en la desmemoria

la silueta del volcán
es sólo la quimera
de una mente ociosa

mi polvo lo esparcieron
por los cafetales

mi sangre
fue bebida por medusa

mi nombre
fue inmolado en nombre
de lo insano

pero todavía existo

persisto en la incorregible
búsqueda de mi palabra.



HOMENAJE

Para Gris

1
Si alguna vez muero
esconde mis perversiones
tira mis epigramas
conviértelos en piedras de río
hereda las canciones
que nunca escribí.

2

Recuerda mis intentos
por dormir subyugado
a tu sonrisa vertical.

3

Oh
la delicia de probar
el ojo de la existencia
el ritmo de tu gemido
la cadencia del tantra
si alguna vez muero
que tu templo
sea mi tumba

4

Si alguna vez muero
voy a volver
para cantarte
mi absoluto
imaginario

voy a volver
para hacerle
genuflexiones
a tu sexo.



OTRO DÍA

Para Roque Dalton

El poeta
redobla las colinas

deshace los durmientes
llora en las avenidas

prostituye a las palabras
en campos de amapolas

se ríe
hasta de las nubes más finas

ama el silencio de los callejones
cree en el vuelo de los ruiseñores
oye el grito de las larvas nocturnas

el poeta lamenta
camina hacia el firmamento.























VICIOS DE HOY

PALABRA DE CÍCLOPE


Diga que es lo que hace en su tiempo libre y le diré de que enajenación padece: usted es tradicional ve la televisión hasta dormirse, es adicto a comprar milagros por teléfono, le consume la existencia el cigarro, bebe para olvidar que bebe como aquel personaje de El Principito, guarda su memoria en algún viaje y no precisamente en avión.

Manda mensajitos por celular cada cinco minutos esperando respuesta, se confiesa animal con la capillita en turno los martes y los jueves.

Le choca su esposa, ese cetáceo pretencioso con el que duerme, hace lustros el amor se extravió en la rutina y ella se volvió redonda como un planeta y convenenciera como una rémora, pobre, ni siquiera su familia la soporta.

Pero un divorcio no es opción, la correlación costo-beneficio sería altísima, la muy arpía encontraría la fórmula para comerle las entrañas sin pestañeos.

Usted se siente tan capaz en la vida que se le hace chiquito el mar para echarse un buche de agua, pretende ser tan joven que se pinta el pelo los domingos, o se masajea el valle de su calva con la esperanza de ver nacer racimos de pelo.

No acepta interrupciones mientras cumple el rito de la ablución semanal, el cuerpo se marchita aunque lo atiborre de ungüentos y cremas.

Aún en el ocio anda neurotizado, el enojo es su mejor anfetamina, porque ese también es un vicio letal, sentirse en la plena soberanía de joderle el momento a los demás por deporte, el alzar la voz sólo para alterar el yunque del vecino.

Piensa que es la séptima vez que se cambia de religión, ningún intermediario divino le dice lo que quiere escuchar, católicos, evangélicos, adventistas, testigos de Jehová, mormones, judíos, budistas y musulmanes todos ponen pretextos para escalar al cielo, aunque usted puede pagar lo que sea para redimirse.

La mejor terapia es el trabajo, es lo único capaz de resanar sus oquedades, ¿habrá mejor anestesia para el dolor del vacío existencial que generar dinero?.

¿En qué momento la abulia lo invadió como algo palpable?, ¿desde cuándo desconoció al rostro y al alma reflejada cada vez que se mira en el espejo?

Gabriel Otero

Publicado en Diario CoLatino, martes 18 de noviembre de 2008

http://www.diariocolatino.com/es/20081118/articulos/60903/

















17 de noviembre de 2008

HOMENAJE A GABRIEL OTERO

PIXELES ACTUALES



El lunes 10 de noviembre alumnos de primero de bachillerato del Instituto Romera de la Ciudad de México realizaron un homenaje al que esto escribe con el propósito de reconocer mi trayectoria profesional.





El momento fue solemne, después de los honores a la bandera, Rosa María Zabal, maestra de literatura y amiga leyó una breve semblanza biográfica de Gabriel Otero.


Los jóvenes fueron más allá editaron el libro compilatorio Cosas dichas al camino, que reúne 24 años de versos, querían llevarse un recuerdo de su servidor.


Lo que más me impactó fue la lectura que los jóvenes hicieran de mis versos, nunca pensé que podía comunicarle algo a otra generación.



Juego de espejos temporales el Gabriel Otero de ayer se asoma frente al Gabriel Otero de hoy.




Instantánea de la firma del libro de visitantes distinguidos del colegio


Firma de autógrafos




Gracias a Rosa María Zabal y a los jóvenes estudiantes del Instituto Romera por el homenaje, el libro y sobre todo por leer mis versos.








13 de noviembre de 2008

MI COCHE Y YO

PALABRA DE CÍCLOPE



No me diga que su deseo íntimo es haber nacido con ruedas, le irritan sus pies, esos apéndices mellizos que su haraganería considera oxidados y que ni siquiera usa para ir a la tienda de la esquina.

No intente convencerme que caminan sólo los bípedos sin pretensiones y los cuadrúpedos porque no les queda de otra.

No me cuente que usted con sus excesos puede dejar de comer, pero como buen administrador que es nunca sacrifica la cuota de gasolina.

Porque en plena modernidad todos pregonan convencidos y vehementes que el coche es una necesidad, un símbolo de estatus sobre el fracaso vital-económico de las mayorías.

A gente como usted se dirigen las campañas publicitarias de compañías automotrices, ellas, intuitivas, entienden su sentir, sus anhelos libertarios mientras conduce sobre asientos Recaro, solo vea el brillo de los rines Momo, sienta la dirección hidráulica moverse con un solo dedo, escuche bajos, medios y agudos en un exquisito sonido Bosé, déjese seducir por la tiptronic y que los caballos de fuerza vuelen el asfalto y la imaginación, relájese sobre el tablero de piel y si las luces rojas de los medidores de aceite, frenos y velocímetro se encienden al mismo tiempo y las bolsas de aire se explayan como las nubes significa la certeza de llamar a su seguro porque acaba de chocar.

Cómo le estorban los peatones ¿creerán que la calle se hizo para ellos?, todos tienen la manía de buscar grietas en el piso, de atravesarse sin ver y de frenar la testosterona del acelerador.

¿Y los ciclistas?, esos son peores, pasan rozando su carrocería, la que recién enceró el domingo, los muy desconsiderados, como si no hubiera invertido toda la mañana acariciando el coche como si fuera una mujer, casi una parafilia digna del análisis de Sigmund Freud.

¿Y los autobuses y colectivos? un suicidio en masa del que usted nunca participará, es preferible declararse enfermo y llamar al trabajo que involucrarse en ese amasiato forzado con los de a pie.

¿Qué hacer con usted y los demás que son como usted?, los que atiborran las calles en horas pico, los contribuyentes mayores de la extinción irremediable de nuestro planeta, los que afirman que el coche y ellos son uno mismo.

Gabriel Otero

Publicado el 11 de noviembre de 2008 en Diario CoLatino
http://www.diariocolatino.com/es/20081111/articulos/60704/?tpl=69






LA BRISA

BARDOS Y GOLIARDOS DE SIEMPRE



Arthur Rimbaud
Charleville, Francia
(1854-1891)

En su retiro de algodón,
con suave aliento,duerme el aura:
en su nido de seda y lana,
el aura de alegre mentón

Cuando el aura levanta su ala,
en su retiro de algodón
y corre do la flor lo llama
su aliento es un fruto en sazón.

¡Oh, el aura quintaesenciada!
¡Oh, quinta esencia del amor!
¡Por el rocío enjugada,
qué bien me huele en el albor!

Jesús, José, Jesús, María.
Es como el ala de un halcón
que invade, duerme y apacigua
al que se duerme en oración.

Versión de Andrés Holguín





5 de noviembre de 2008

DEL HALLOWEEN A LA GUERRA

PALABRA DE CÍCLOPE


Que tire la primera piedra quien de niño no se haya disfrazado de la bruja Ágata, el monstruo de la laguna verde, la momia, hombre lobo, Drácula, Frankestein, fantasma o esqueleto. Que levante la mano el que no haya lanzado huevos podridos en puertas de casas y parabrisas. Que se retire ipso facto a su tumba oblonga el que no recuerde las películas de terror de Vincent Price, Boris Karloff, Peter Cushing, Bela Lugosi o al menos las de los bufones de Abbott y Costello.

Toda una época la suya y la mía, el terror clásico era televisado en matinés o en horarios vespertinos en los canales dos y seis, la celebración de la noche de brujas o Halloween era la expresión máxima de nuestros pavores infantiles, risibles hoy por la cantidad de efectos especiales minimizadores de la imaginación.

En la noche del 31 de octubre asumíamos apariencias terroríficas para pedir dulces de puerta en puerta y asustar a otros niños, podíamos salir a la calle despreocupados bajo la tutela de algún adulto con presencia discreta e invisible, las sombras eran nuestras pero había que regresar a casa antes de las diez.

Los días previos las abuelas nos contaban leyendas de tradiciones orales como la siguanaba, los cadejos blancos y negros y la carreta chillona, narraciones que nos ponían los pelos de punta por su simpleza pero tremendamente enraizadas en la sabiduría popular y en la oscuridad de nuestros temores.

Nuestras mamás, cuidadosas y protectoras, nos comentaban que debíamos revisar los dulces antes de comerlos para detectar vidrios molidos u otras singularidades como excremento de perro o de gato. Uno nunca sabe de la existencia de lacras imitadoras de perversas costumbres como si San Salvador fuera el Harlem o el Bronx. Afortunadamente nunca nos encontramos con esos copycats tercermundistas.

Llegábamos felices a nuestras casas cargados de dulces, exhaustos por haber caminado hasta el Camino Real, expedición única anual y colectiva, celebración de la niñez que repetiríamos durante varios años.

Surgió la guerra y el Halloween se materializó en la calle: cuerpos decapitados, muñones esparcidos, castraciones, tanquetas que se convertían en carretas chillonas, gritos y lamentos nocturnos como recordatorios de aquelarres. A la siguanaba la violó todo un batallón y al cadejo, al can de otro mundo, lo desollaron vivo para luego comérselo.

Era el horror cotidiano de la guerra, la maldad colectiva, la insania a la que nunca hay que volver.


Gabriel Otero


Publicado en Diario CoLatino, 4 de noviembre de 2008


http://www.diariocolatino.com/es/20081104/articulos/60481/











LENTO POEMA DE LOS MARES

BARDOS Y GOLIARDOS DE HOY


Mar Nocturno de Carlos Rivaherrera


Para Zipacná de León

Yo quisiera escribir un poema del mar,
Un lento, largo poema de los mares,
De todos los mares del mundo,
De los que conozco y de lo que me quedan por conocer,
Porque han estado más lejos de mis manos y mis pies,
Y del tiempo que me ha tocado vivir.
Yo quisiera escribir un poema del mar de mi tierra,
Y de todos los mares de todas las tierras,
Del planeta que gira en la pecera de cristal del espacio,
Pez redondo rodeado de sí mismo hasta el aire,
Navegando en el lento mar del espacio.
Yo recuerdo una noche,
Y estoy tan lejos de mí mismo que aún me queda una noche
Yo recuerdo una noche hecha del tejido de sí misma hasta el aire,
Donde el mar resplandece de plancton como habitado
Por astros innumerables y diminutos,
Suspendidos sobre la superficie de las aguas
En el horizonte del aire.
Cada gota está habitada por un pequeño dios luminoso,
O por muchos millones de dioses luminosos.
Levanto cien en mi mano,
Y me siento vecino de las estrellas
Bajo la inmensa luna de verano,
Y para el viento.
Es el viento del trópico de la noche,
Donde los pensamientos navegan como peces.
Yo recuerdo esa maravillosa noche de verano junto al mar de mi tierra,
Donde hablaban los astros del cielo profundo del agua,
Mientras movían las palmeras sus cabelleras pensativas.
Yo recuerdo esa noche como un inagotable tesoro de los mares,
Que no escondió pirata alguno en el agua,
Sino Dios, en la infinita levedad de las fuertes olas.
Cada gota palpitaba de lentos planetas desnudos,
Que harían las costas de la soledad,
Ricos de sí mismos y conscientes, doblemente altos
Por nacer de los profundo,
Instalando con fuerza y continencia su poderío
Sobre las olas del mar de la noche.
Tengo en las manos lluvias
Y una nube de lluvia,
Y recuerdo otros mares otras olas otros árboles,
Las graves costas grises y frías
Donde naufragan olas grises
Bajo el chillido de los pájaros,
Que habitan en islotes de piedras,
Donde apenas crece la hierba.
Y recuerdo una tarde
Que me duele en lo más hondo del duro corazón,
Y que recuerdas tú, Christine,
Y que recordaría aún Patrick, si viviera.
En las costas de Francia,
Entramos a un acuario que el guardián ha abandonado,
Olvidando cerrar la puerta y apagar las luces de las peceras,
Que brillan en la penumbra.
Nosotros circulamos en la penumbra acuática
Entre peces que vienen de todos los mares del mundo,
Y estamos solos en su augusta presencia.
Un dorado pez mandarín que viene de la China
Hace ondular su larga y delgada cola transparente,
Mientras la anguila eléctrica descansa como una pila acuática,
Y cada pez es una fórmula de plata y jade y azafrán
Y oro rubio y azul cobalto,
En la penumbra de una tarde de un cuarto de una
Ciudad que ya no recuerdo,
Junto al mar mediterráneo.
Vuelta, mar de los sueños.
Yo te veo instalando dunas de arena gris donde
Donde crecen pequeñas plantas espinosas,
Muy al Norte y muy al Sur del planeta,
Ahí donde hace frío.
Y yo te veo, mar gris donde navega la memoria de
De innumerables navegantes,
Que se olvidaron de ti porque ya yacen en el fondo de ti,
Con sus cráneos habitados por líquenes por cabellera,
Mientras circulan peces diminutos por las cuencas vacías de sus ojos.
Yo muchas veces quise ser uno de ellos,
Y estar ya para siempre olvidado de mí mismo y el aire
En el fondo de ti,
Gran mar azul,
Recogido en tus aguas como se recogen los monjes
En silencio y en la soledad.
Yo he amado tu infinita grandeza, mar
Que entre todo lo que habita la tierra,
Es lo que más se parece a la eternidad.
Dicen que el mar es una forma de los cielos.
Creo también que es una forma de los sueños,
Y, pues venimos de él,
También a él debemos volver,
Como se vuelve a Siempre
Cuando se han apagado los relojes.
Es muy tarde.
Estoy lejos de las olas,
La noche me recoge,
Y en la mente navegan los mares que he vivido,
Mientras navegan peces con nombres en latín
En mares tan lejanos como el olvido.
Vuela en la noche negra una estrella que cae al agua
Y desea aprender de nuevo a ser un pez,
Y el mar, que late hondo,
La acepta como un pan caído de la luna.

Ricardo Lindo
San Salvador, El Salvador
1947-






EN LA HUMEDAD DEL SECRETO, 1994

DEL BAÚL DE LOS DAGUERROTIPOS

De izquierda a derecha: Gabriel Otero, Claudia Allwood de Mata y Cecilia Gallardo de Cano


Un hito sin precedentes en El Salvador, la Dirección de Publicaciones e Impresos, editorial del estado, publicaba el libro En La Humedad del Secreto recopilación de la obra poética de Roque Dalton cuya selección estuvo a cargo de Rafael Lara Martínez. La fotografía es de la conferencia de prensa, el libro significó la culminación de dos años de esfuerzos que a la postre sirvieron de base para antologías posteriores. Los versos de Roque Dalton, uno de los poetas salvadoreños más importantes y respetados del siglo XX, siguen siendo materia prima de estudio y de veneración.










2 de noviembre de 2008

CRÓNICA DEL DÍA DE MUERTOS

La Catrina de José Guadalupe Posada

“La calavera siempre me ha pelado los dientes”
Dicho popular mexicano


Ya va a ser día de muertos, se dice el velador casi en voz alta en su cotidiano soliloquio, mientras camina zigzagueando entre los cipreses que cuenta a diario para no aburrirse.

Todas las noches es lo mismo, a ratos se jetea entre las lápidas, pero no por mucho tiempo porque el rocío de la noche mezclado con el humo de la refinería le penetra en los poros y cuando es de mañanita se tiene que limpiar con la crema Pond’s de su vieja.

La necrópolis española no sería nada sin don Jacinto, a él se debe que no se apañen a los muertos los pinches vivos y es que está canijo cuidar semejante extensión, que aunque esté rodeada por un muro a quien se le ocurriera meterse lo haría sin mucho esfuerzo. Hubo una época en que a los genios dirigentes de la beneficencia española se les ocurrió meter perros entrenados en el camposanto, salomónica idea que duró cuatro días cuando a uno de los pastores alemanes se le antojó la pierna de don Jacinto y de remate le quebró su quinqué, heredado de su abuelo, reliquia familiar que fue regalo de don Porfirio Díaz en sus tiempos de gobernante.

El chistecito le costó a don Jacinto la antirrábica de rigor y unos días de reposo obligado en el hotel español que mucha gente conoce como sanatorio pero que hasta agencia de viajes tiene.

A don Jacinto no le gusta recordar eso porque le dan punzadas en la pierna, ya va a ser día de muertos dice casi gritándolo como si quisiera que lo escucharan los muertos, se recuesta en una de las tumbas de frío cemento, adormitado susurra “a mi la pinche calavera siempre me ha pelado los dientes”.

Que voten los muertos
Frase plasmada en el libro Palabras no dichas en campaña de Carlos Salinas de Gortari, Editorial Revolución Institucionalizada, México D.F, 1988


-Oye ¿ya escuchaste lo que dijo Jacinto?

-Sí, pinche viejo, ya lo quisiera ver acá abajo

-Ya me harté que se venga a recostar en mi mausoleo
-Lo bueno es que mañana nos traen flores…¿cuáles son las que más te gustan?

-….las azucenas

-¡Yaaa! hasta parece que te gusta estar muerto

-¿A poco te gustaría estar vivo?

-En estas épocas ni loco, pero yo sigo vivo en el corazón de mis familiares y…..

-Que cursi te viste..

-Ya ni me dejaste terminar, te decía que sigo vivo en la memoria de mi familia pero también sigo vivo para el partido….

-¿Qué, fuiste militante?

-No, hombre, ¿qué no ves que nos hicieron votar?

-Ni cuenta me di

-¿Pero si te fijaste en la campaña que hizo el pelón?

-Sí

-¡Carajo!, si todos hubieran hablado al mismo tiempo ni se hubieran entendido, “que hablen los estudiantes”, “que hablen las amas de casa”, “que ladren los perros”, “que maúllen los gatos”….

-Bueno pues ¡salud!

-¿De donde sacaste la botella de Terry?

-La trajo mi sobrino de España, el muy tarado la dejó acá el 2 de noviembre del año pasado

-Y la tenías bien escondida…

-Es que es para ocasiones especiales

-¿No te dejaron comida de casualidad?

-Pareces nuevo, ¿no ves que en este cementerio no se puede traer comida?

-Disculpa, lo que pasa es que yo vivía en el Panteón de Dolores

-¿Vivías?

-Todavía no me acostumbro a estar muerto

-Te entiendo, aún tienes mucho pelo y además no se te ven careados los dientes…¿no hiciste algún anuncio de Colgate?....

-¡Silencio!

-¿Qué?

-¡Schtt…!

-Ya se levantó Jacinto

-Ah que viejo, se quedó dormido toda la noche…

-Parece que ya van a abrir el cementerio…

-Nos vemos en la noche me saludas a tus parientes….

-Igualmente.


Si no tienen título de perpetuidad no se les dará servicio

Las ocho en punto de la mañana, la reja verde se abre, la gente empieza a llegar en sus phantoms, corsairs y cougars, el estacionamiento del cementerio español ubicado en una calle cerrada no se da abasto “mi vida hay que llegar temprano porque ya sabes como se llena”.

-¿A cómo las flores?
-Las rosas se las dejo baratitas marchanta a 30 mil pesos la docena.
-¡Que caras! no abusen
-Estamos en México marchanta, ¿cuántas le doy?
-Cuatro docenas

Multitud de personas rezan una vez al año por sus seres queridos porque es necesario que descansen en paz.

En el camino principal, mas o menos en el centro del cementerio, se encuentra una pequeña capilla, a un costado hay un fuente en donde patos blancos, negros y bicolores mueven sus aletas para no perder sus costumbres natatorias.

La arquitectura de esta ciudad mortuoria es contrastante, ornamentos barrocos, altos capiteles, tumbas descuidadas como mordidas por el clima, torres coronadas por cruces “Consumatum est”, “Que Dios lo tenga en su regazo” y “murió como debía de morir, mentando madres”.

Una señora escuchaba acongojada al administrador: “si no tienen título de perpetuidad no se les dará servicio”, es el día en que más se visita el cementerio, el día de los llantos fingidos, “el día en que te extraño pero que bueno que te moriste”.

Ya es la hora de la comida, manadas de burgueses españoles o criollos dueños de los hoteles de paso de Tlalpan o de tiendas de ultramarinos llegan con sus hijitos “para que platiquéis con el abuelo Manolo” o la tía Pilarica. La necrópolis está repleta de flores que durarán dos días para beneplácito de los muertos. ¿Comida?, ¡jamás! “nosotros adoptamos las costumbres del populacho pero hasta ahí”.

Cuatro y treinta de la tarde, se van los cougars, los phantoms y los corsairs, los hermanos maristas llegaron tarde en su combi, la reja verde se cierra “tendréis que esperar a venir mañana hermanos”.


“La calavera siempre me ha pelado los dientes”

Don Jacinto en la noche no se podrá jetear sobre las tumbas porque están repletas de flores.

Gabriel Otero, 1988

* Esta crónica fue escrita durante mis años de estudiante para la materia de Géneros Periodísticos, nunca la había publicado.







CALAVERAS DE DÍA DE MUERTOS

CALAVERAS

Gris montó una pequeña ofrenda para nuestros muertos

CALAVERA DE DON JULIÁN

Aquí yace don Julián Otero
dueño del famoso perro negro
dejémosle tequila, whisky y ron
para que se los tome de a montón

nació un dos de noviembre
después de la revolución
vivía en antros y cantinas
dejando a su familia en ruinas

dicen que era mi abuelo
cejón y pestañudo
tenía en la frente un nudo
porque era mal geniudo

mi padre lo recuerda
le pondremos una ofrenda
un altar para el otro mundo
una vela para irradiar su rumbo.





Nuestros muertos son bien recordados y no solamente el dos de noviembre: Angela Pocasangre, Julieta Otero, Guillermo Crisonino, Héctor Oquelí, Arcelía Díaz, Doña Coty, Doña Lucy y Don Julián. Gracias por ser parte de nuestra vida.


CALAVERA DE DOÑA LUCY

Acá duerme abuela Lucy
la de la sonrisa del millón
ella va de sueño en sueño
buscando a Julián su gran amor

murió en abril del noventa
con tristeza en su corazón
aletea su recuerdo vívido
cuando vuela el torogoz

era una cocinera prodigiosa
sabrosa y rica su sazón
albahaca, pimienta, romero
y tomillo destilaba buen humor

descansa linda abuela Lucy
reposa junta al marañón
susúrrale a mamá tus recetas
oriéntala en su sabor

vigílala desde el cielo
que no queme el arroz
que cueza bien los chiles
que me alimente con fervor

en este día de muertos
te invoco tierna abuela Lucy
te ofrezco una vela y un altar
te doy una calavera de azúcar
te regalo mi pensamiento y mi azar.

Don Julián Otero, Doña Lucy de Otero y Don Héctor Oquelí