22 de enero de 2012

LA NUEVA REPÚBLICA

PALABRA DE CÍCLOPE







Soy ferviente admirador de los Acuerdos de Paz: triunfo de la civilidad, prevalencia de la razón sobre la ira, apertura y afirmación de derechos que jamás debieron negarse.

Penosamente, en El Salvador aprendimos con electrochoques los valores de la tolerancia y la democracia, bajo la supervisión de las Naciones Unidas que intentaron quitarnos lo trogloditas sujetándonos con una camisa de fuerza: la cultura de paz.

Veinte años de la nueva república nos han servido para confirmar que la política es un oficio delictivo, no importa si sus personajes son rojos, naranjas, azules, verdes o amarillos, no interesa si vienen de arriba o abajo, de la derecha la izquierda o del centro, el producto es el mismo, el abuso sistemático de los gobernados.

Estamos acostumbrados a que escasas son sus buenas acciones y abrumadores sus desaciertos, y sin embargo, ingenuos, nos siguen conmoviendo los golpes de pecho públicos, declaraciones históricas de mea culpa, que aunque sean valiosas y auténticas, no dejan de ser mediáticas y tardías.

Como alguna vez aseveró José Martí “hacer es el mejor modo de decir” y nuestros gobernantes han hecho muy poco, casi nada, autistas pregonan que estamos iniciando algo que no tiene fin, el camino irreversible al cambio.

La ley es letra muerta y si uno la invoca es casi un necrofílico entre tanta impunidad, en El Salvador la justicia pasó a mejor vida los jueces y los diputados la manosearon, le quitaron su espada y su balanza, la desvistieron, la sepultaron y la convirtieron en amoral.

Porque, ahora resulta, que el asesinato de Roque Dalton fue un crimen del orden común ya prescrito, algo menos que un pleito entre facinerosos de cantina; y la detención de los autores intelectuales y materiales de la matanza de los jesuitas, un recordatorio incómodo, que afirman, espanta la frágil estabilidad nacional.

Y quienes tienen que ejecutar protocolos, reglamentos y convenios suscritos internacionalmente esconden cabeza y testuz, y dignos proclaman injerencias imaginarias porque a pesar del dólar y las remesas la nueva república es soberana e independiente.       

Se espera mucho del mañana y de las generaciones venideras, pero se deja de lado que se cosecha lo que se siembra y mientras se rinda culto a antivalores como la arbitrariedad, la corrupción, el odio y la ilegalidad no se llegará a ninguna parte.

Habrá que dar muchos pasos, pero muchos pasos más allá de los Acuerdos de Paz.

Gabriel Otero 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gabriel:
La verdad, no hubo proyecto de Cultura de Paz, hubo programas de cierto formalismo. Los Acuerdos de Paz se dieron por circunstancias que no se disticuten, por eso los bandos en conflicto salieron por su lado a lo suyo, que ya sabemos, el país quedó a la deriva y cayó en las garras del caos. Es lamentable, hay mucha dispersión, queda mucho sentimentalismo y se pierde la objetividad. Creo que hay solución, hay que encontrar la voz, la palabra, como en este articulo que usted escribe.
Lo felicito por este análisis.

Un abrazo: Patriota.