29 de abril de 2009

MIEDO

PALABRA DE CÍCLOPE


México D.F. desde lo alto de noche
Foto de Pablo
http://pablo.fotos.es/mexico-df-desde-lo-alto-de-noche-3.html

El enemigo microscópico acecha escondido en las calles de Ciudad de México, nadie sabe de donde vino, una variante de la influenza surgida en los porcinos, un virus nuevo y letal si no se detecta a tiempo, su aliado son las aglomeraciones, inevitables en esta metrópoli en la que vivimos más de 20 millones de personas. 


Sus síntomas son similares a una gripe muy fuerte: temperaturas corporales altas, dolor en huesos y músculos, flujo nasal y tos. Por fortuna, existen medicamentos que pueden curarla.   


Se teme lo peor: la pandemia, el mal multiplicado por cientos, miles o millones, lo que desquiciaría cualquier sistema de salud, las autoridades decretaron emergencia sanitaria y anunciaron el cierre temporal de  escuelas públicas y privadas de todos los niveles desde preescolar hasta universidad, acción cuyo único antecedente es el terremoto de 1985, los espectáculos públicos se suspendieron, es un estado de sitio no promulgado, un toque de queda tácito en el que no hay más alternativa que la de guardarnos en nuestras casas.


La gente conjetura: ¿qué conspiración inspirará el actuar de las autoridades? estamos tan acostumbrados al engaño y a la demagogia de nuestros gobernantes que no nos extrañaría que fuera un pretexto para disfrazar la crisis económica, un alza de precios generalizada, un préstamo estratosférico otorgado por otra nación para engordar los bolsillos de unos pocos o una situación más allá de nuestra comprensión. La conducta de la nomenklatura se presta para suponer imposibles, tan factibles en este país en el que se desterró el asombro. 


Y mientras averiguamos si son peras o son manzanas, sigamos al pie de la letra las recomendaciones: no salude de mano o beso, cúbrase la boca y la nariz, lávese las manos todas las veces que pueda, si estornuda que sea en la parte anterior del codo, o sea en la coyuntura entre el brazo y el bíceps, limpie con frecuencia chapas, manijas y juguetes, consuma preferentemente alimentos empacados o elaborados en su casa y, lo más importante, si se siente enfermo acuda a su médico de inmediato.


Haga caso omiso a la reencarnación de los cristeros que pregonan el Apocalipsis, no deje que el miedo le envuelva la piel aunque vea las calles vacías, no intente linchar a quien estornude adentro de un vagón del metro o en un colectivo, ni satanice a los cerditos personajes estelares de obras de arte culinaria como los tacos al pastor, la cochinita pibil y las carnitas.


Lo prudente es cuidarse usted y los suyos, nos resta la esperanza mientras amaina la peste, nos aguarda la risa porque siempre nos burlamos de nuestras desgracias, nos espera el respeto y la solidaridad porque nunca dejaremos solos a los nuestros. 


Gabriel Otero


Publicado en Diario CoLatino, 28 de abril de 2009, http://www.diariocolatino.com/es/20090428/articulos/66208/ 

y en Blogotepeque

http://www.blogotepeque.com/2009/04/gripe-o-influenza-porcina-miedo.html










26 de abril de 2009

EL CARBONERO

PALABRA DE CÍCLOPE

“El Carbonero” canción considerada por muchos salvadoreños como el segundo himno nacional, fue creación de don Pancho Lara, nacido en 1900 en la hacienda La Presa en Santa Ana, poeta y músico al que se le atribuyen alrededor de 400 composiciones, muchas infantiles y las mas famosas de perfil folclórico y popular.

La canción, escrita en 1934, es digna del análisis hermenéutico. El nacimiento de “El Carbonero” coincide en su plano temporal-histórico con la dictadura del Gral. Maximiliano Hernández Martínez, célebre por haber cometido el etnocidio de más de 25 mil indígenas en enero de 1932 y cuyo gobierno, iluminado por la adaptación caricaturesca de la teosofía, continuó hasta 1944.


¿Pero qué dice la letra de El Carbonero?, en síntesis trata de un personaje de orígenes humildes que baja de las cumbres cargando carbón de madera que venderá en las calles de pueblos y el mercado. Y mientras desciende viene “enredando horizontes y cruzando vallados adonde gime el torogoz”, mítica ave, adoptada como nacional desde 1999.

La historia y la letra son sencillas, pero están preñadas de un enorme simbolismo, lo que nos lleva a varias interpretaciones: la primera, se refiere al extinto oficio de carbonero heredado de la época de la colonia, en otros lugares como España, México y Argentina el trabajo de carbonero era extenuante pero bien remunerado. Antiguas coplas populares españolas describen su deambular por las calles: “Carbón de encina, cisco de roble la confianza no está en los hombres. No está en los hombres, ni en las mujeres, que está en el tronco de los laureles”.

La segunda, el carbonero pregona orgulloso de que su “carboncito negro vierte lumbre de amor y es de nacascol, chaperno y copinol”, está relacionada al comercio de un recurso natural: el uso indiscriminado de la leña como método de cocción y la generación artesanal de carbón vegetal, costumbre alentada por la pobreza, que prevalece en el 92 % de hogares rurales y que ha sido una de las causas para que El Salvador sea el país mas deforestado de Centro América.

La tercera, el cuestionado estribillo “sí, mi señor” que denota la sumisión del campesino-carbonero ante un sistema de producción impuesto por el corvo y el fusil, El Salvador de 1931 a 1979 estuvo gobernado por militares y su economía se basaba en el monocultivo del café. Pero, ¿de qué otra forma se expresaría alguien sometido a las tiendas de raya y a condiciones de vida o de muerte cercanas a la esclavitud?.

La cuarta, la exaltación de lo bucólico como uno de los hilos rítmicos y conductores de la letra, la contemplación del paisaje alentando el espíritu del solitario trajinar del carbonero.

Impresiona la capacidad lírica y el poder de concreción de don Pancho Lara, quien murió el 12 de mayo de 1989 y que fue declarado Hijo Meritísimo de El Salvador un mes después.

“El Carbonero” es un legado que no debe desdeñarse, a pesar de la espantosa paráfrasis perpetrada por un partido político en ciernes, un crimen de lesa cultura, cuando los odios escupían sangre y la guerra civil iniciaba.

Gabriel Otero
Publicado en Diario CoLatino, 14 de abril de 2009 http://www.diariocolatino.com/es/20090414/articulos/65702/

y en Blogotepeque http://www.blogotepeque.com/2009/04/el-carbonero.html












ULTIMA ABOMINACIÓN

NUDO GORDIANO

Estrellas de M.C. Escher




No rasgo mis vestiduras ni arranco mis barbas —inexistentes, por cierto. No es por un prurito profesional como editor «exterminador de gazapos», ni por mi natural ser perfeccionista. Ni siquiera es por fidelidad a la pureza del lenguaje. Sólo me repele cómo se instaura, por distracción, por ignorancia, el error. Ahora la excelsa Real Academia Española, la otrora Santa Inquisición del idioma, es laxa. Se tornó transigente, permisible y tolerante. Se volvió «políticamente correcta» y, de paso, «nueva era». No me explicaría si, por ejemplo, aprobara que icono pueda escribirse también con tilde en la i: ¿para qué? No estoy en contra de la evolución del idioma. Cualquiera consiente que el lenguaje va suprimiendo partículas prescindibles para la comprensión de un vocablo: así el obsoleto «obscuro» eclosionó en «oscuro»; la misma evolución está obligada a eliminar el apéndice en el ser humano, a riesgo de negarse a sí misma. Pero la Real Academia es culpable de autorizar la chabacanería, los giros «populares» del habla en América Latina, bello nombre por cierto, preferible al insípido y demasiado anglicista «Latinoamérica». Aunque también es cierto que algunas palabras afortunadas han sido perpetradas en ese territorio. Aprecio la sonoridad del tosco «menjurje» en perjuicio del seco y castellano «mejunje». Pero jamás toleraré, y esto atañe más a la inteligencia que al idioma, la actual aberración del «bienvenidos, bienvenidas». ¿En qué instante se entronizó la estolidez? Einstein la asumía inherente al ser humano, capaz de erigir catedrales y al mismo tiempo de fascinarse ante la contemplación de una babosa. No llego a arrancarme el cabello (casi inexistente, por lo demás) pero me resulta lamentable escuchar a gente que creía pensante cometer abominaciones tales. Y peor aún, imprimirlas. Este asunto de género, en efecto, degeneró.


Javier Alas
Quezaltepeque, El Salvador
1964-

Publicado en El Porta(L)voz:http://213.134.38.31/portalvoz/index.php?option=com_content&view=article&id=306:cuatro-abominaciones-seguidas&catid=14:dizque&Itemid=89





GARCÍA MÁRQUEZ SE A VUELTO LOCO

NUDO GORDIANO


"Argentea" de Dino Valls

Sábado en la mañana. Hace años que Cagua, la pequeña ciudad provinciana donde he vivido toda mi vida, aprendió a reverberar de actividad inclusive los sábados. Distraído hojeo las páginas culturales del diario alternando las lecturas fugaces con vistazos cortos a la calle, a la gente.

Salta, inesperadamente, el nombre de Gabriel García Márquez. El escenario es Zacatecas, México, durante un congreso donde se discute el presente y el futuro de nuestro idioma. La circunstancia es la intervención del autor colombiano animando, según la nota, a la desaparición de las "haches rupestres".

Sonrío, sigo leyendo. El texto hace referencia al discurso de García Márquez, en el que se aboga por la simplificación de la ortografía castellana y se repite una frase sobre cierto café con sabor a ventana que ya se le ha vuelto manida al Gabo. Sonrío de nuevo y dejo allí la nota, encerrada en un rincón pequeño de la inmensa página: me divierte la certeza del destino que las sentencias atribuidas al escritor colombiano tendrán en los próximos días.

Las haches rupestres

No es nada novedosa la propuesta garciamarquiana. De hecho me suena a reflexión de relleno en un discurso que debió de ser, como efectivamente días después lo ha afirmado el profesor Alexis Márquez en su columna de los domingos en el diario caraqueño "El Nacional" "una muy hermosa y aguda exaltación del idioma castellano".

Ya años atrás, más de un siglo atrás, Andrés Bello —al establecer las razones y diferencias de empleo de algunas de las letras del alfabeto en nuestro idioma— hablaba de este y otros casos similares, como la be y la ve, o como la ce, la ese y la zeta, letras que confluyen en pronunciaciones que Latinoamérica ha terminado por igualar.

Para los especialistas del idioma es difícil admitirlo, pero los parámetros de la ortografía y la gramática no son materia de interés para un gran sector de la humanidad. Particularmente en el ámbito hispanoparlante, y de manera más específica en Latinoamérica, la proverbial pobreza de nuestros ciudadanos les aleja de preocupaciones tan elevadas como la validez o no de la hache. En una biosfera en la que confluyen elevados índices de analfabetismo y pobreza crítica con la tradicional torpeza de los gobiernos, la cultura del espectáculo prevalece colocando un aparato de televisión en el más apartado confín del mundo y transmitiendo por ese medio los mecanismos de evasión sabatina más insolentes. Definitivamente, existe un amplio sector de la raza humana en el cual se considera que no hay tiempo para aprender a escribir correctamente.

La prensa, el cuarto poder que llaman, ha captado entonces un filón para la noticia, para el espectáculo que contribuye con la alienación del hombre común, quien observa, sin entender demasiado, estos acontecimientos que le son extraños por suscitarse entre intelectuales. En una semana los medios de comunicación determinaron que era mínima la importancia del encuentro en Zacatecas a no ser porque allí el Gabo dijo algo que nadie habría imaginado antes de sus labios. No extraña que el hecho se describa como un exabrupto emitido por el colombiano "en una reunión de intelectuales en México". El infalible círculo intelectual de nuestros países ha señalado a García Márquez como el Gran Hereje: el Gabo se ha (¿a?) vuelto loco.

Aclaraciones, desmentidos, contradicciones

Por estos días hay que guardar un dinero extra para comprar los diarios, que en circunstancias normales dejan de ser un artículo de primera necesidad. Dos días después de la intervención de García Márquez en el primer Congreso Internacional de la Lengua Española, un cable de EFE indica que, DRAE en mano, el escritor ha aclarado que él no dijo lo que la prensa dijo que él dijo. Cito al Gabo, a su vez citado por EFE: "Dije que debería simplificarse, y ese verbo, según el Diccionario de la Academia, significa 'hacer más sencilla, más fácil o menos complicada una cosa'. También dije que humanicemos las leyes de la gramática. Y humanizar, según el mismo diccionario, tiene dos acepciones. La primera, 'hacer a alguien o algo humano, familiar o afable'. La segunda, en pronominal, 'ablandarse, desenojarse, hacerse benigno'. ¿Dónde está el pecado?".

También dos días después del hecho, y un día después del eco que el mismo encontró en la prensa internacional, el escritor venezolano Arturo Uslar Pietri se alarma ante una "peligrosa amenaza para la unidad de la lengua" y alegando que, aunque algunos puedan considerar innecesarias algunas letras y usos específicos de nuestro idioma, las mismas conllevan un inmenso sentido histórico.

Dice Uslar: "Cuando escribimos 'hacer' con hache estamos afirmando la historia misma de la lengua porque esa hache no es el fruto de una invención gratuita sino el vestigio evidente de una raíz latina que nos hace advertir que esa palabra, como todas las otras, está llena de historia y que esa hache nos hace viva la historia de la lengua y su fundamental raíz latina. Cada vez que la escribimos evocamos la historia del idioma, lo que, sin duda alguna, nos enriquece...". Esto puede ser evidente para el intelectual, para el lingüista; mas las gentes diversas que pueblan este mundo, los lectores, habituales u ocasionales, que degluten a Neruda o a la Christie, los estudiantes de bachillerato con sus inmensas lagunas de conocimientos, y con mucha más razón, los analfabetas funcionales y los analfabetas absolutos, rara vez podrían asumir el uso de la hache como un asunto de importancia histórica. Existe una verdad implacable y desgarradora: la educación es de quienes disponen de bienes materiales para comprarla o de algunos individuos realmente preocupados por procurársela. Sería absurdo que el resto de los mortales se detuviera a "evocar la historia del idioma", por el hecho simple de escribir una letra que ni siquiera se pronuncia.

Retomo el artículo del profesor Alexis Márquez, publicado por El Nacional este domingo 20 de abril. Márquez, quien entre nosotros tiene un inmenso y merecido prestigio por su conocimiento del idioma, que comparte con los lectores de ese diario todos los domingos a través de su columna "Con la lengua", estuvo en el evento en Zacatecas y su testimonio es demoledor: "A nuestro regreso de México nos enteramos de cómo la prensa venezolana (...) se hizo eco de una afirmación absolutamente falsa. Se dijo, en efecto, que el discurso de García Márquez había causado en el Congreso un gran revuelo, que había 'levantado una polvareda', según palabras textuales de El País, de Madrid. Cuando leímos tales cosas, tuvimos la sensación de no saber dónde habíamos estado, puesto que nada de esto ocurrió en Zacatecas. Las palabras de Gabo, ciertamente, causaron mucha gracia en el público, la gente se rió varias veces al oírlo, y al final se comentaron un poco, humorísticamente, algunas de las cosas que dijo, pero sin darles mucha importancia, igual que se hizo con los demás discursos".

La biología del idioma

La ortografía y la gramática son el esqueleto del idioma. Son establecidas formalmente por los estudiosos de la lengua, pero en realidad tienen su fundamento último en la manera como los pueblos hablan. A lo largo de los siglos, el idioma experimenta un verdadero proceso de evolución que se alimenta del habla del hombre común más que de las reglas dictadas por los filólogos. El idioma muta, constantemente cambia su forma de la misma manera como lo hacen los seres vivos, porque la gente lo enriquece añadiendo palabras o combinando las ya existentes, importando vocablos de otras lenguas y en ocasiones hasta sustituyendo palabras que se ignoran con otras que sólo tienen significado para un grupo, una familia o hasta para un solo individuo. Paradójicamente, este proceso suele ser designado comúnmente con la palabra "degeneración".

Estas transformaciones ocurren primero en el habla de la calle y finalmente los estudiosos se resignan a declarar nuevas reglas que amolden el idioma al uso que le dan los individuos. Al ser el medio de comunicación básico, el idioma rebasa los límites que le imponen las reglas establecidas por los estudiosos y se convierte en mágico caleidoscopio al cual cada pueblo añade sus propias características. Sería imposible revertir este proceso haciendo que el hombre común se amoldara a las reglas exquisitas de la ortografía, y es justamente esto lo que da vida y garantiza su permanencia, al idioma. En palabras de Jorge Luis Borges, una lengua que no cambia es una lengua muerta. Lo que hoy se tiene por error ortográfico mañana podría ser una regla más en los confusos manuales del idioma.

Por esto mismo es absurdo creer que un discurso de Gabriel García Márquez hará que los cientos de millones de hispanoparlantes regados por el mundo revisen su forma de escribir las palabras, para amoldarse o no a la Academia o a las propuestas del colombiano. Casos como la inclusión artificial en nuestro idioma de la palabra "millardo", en el que la Academia decidió favorecer una proposición del humanista venezolano Rafael Caldera —a la sazón presidente de Venezuela en este momento—, son extrañísimos. Y es que, definitivamente, el sistema no funciona de esa manera. Por muy rabiosa que sea la defensa del idioma por parte de los estudiosos en 1997, el año 2100 nos encontrará hablando un castellano distinto al que hoy se acusa a García Márquez de intentar subvertir. En el proceso de transformación morirán algunas reglas y nacerán otras nuevas, y no hay nada que indique que las diferencias entre escribir hoyo y oyó se escaparán a la particular biología molecular del idioma.

Jorge Gómez Jiménez

Cagua, Venezuela

1971-

Publicado en Letralia: Letralia, Tierra de Letras - Edición Nº 22, del 21 de abril de 1997






HAIKÚS DE JOSÉ JUAN TABLADA

BARDOS Y GOLIARDOS DE SIEMPRE



José Juan Tablada

Ciudad de México, México

(1871-1945)


LA ARAÑA

Recorriendo su tela

esta luna clarísima

tiene a la araña en vela.


EL SAÚZ

Tierno saúz

casi oro, casi ámbar,

casi luz...


LOS GANSOS

Por nada los gansos

tocan alarma

en sus trompetas de barro.


HOJAS SECAS

El jardín esta lleno de hojas secas;

nunca vi tantas hojas en sus árboles

verdes, en primavera.







AMOR DE COLEGIALA ENJAMBRE DE LUCEROS

BARDOS Y GOLIARDOS DE HOY



Foto de Michelangelo Flores


La tarde ha roto sus collares de oro

sobre tu pecho de gacela virgen;

y la avenida enamorarse finge

de un trino que borracho le hace coro.

De azucena revistes lo que tocas

con tus manos de seda amanecida;

hay fragancias por toda la avenida

y un bosque lleno de tus ansias locas.

Colegiala que todo lo provocas

con tu sonrisa de manzana y piano

más el pañuelo de tus blancas manos.

Por ti se reverdecen las ciudades

de aquel sabor salado de manglares

junto al roce anhelado de tus manos.



Daniel Eguizábal

San Miguel, El Salvador

1962-







7 de abril de 2009

PIPOPES Y GUANACOS

PALABRA DE CÍCLOPE

Guanacos, fotografía de Mauricio López

Los apodos suelen llevar altas dosis de crueldad, nadie sabe de donde surgen y de tanto repetirse se funden con el lenguaje popular. Algunos se transforman erróneamente en gentilicios y los naturales o nacidos en regiones, estados o países son conocidos después por sobrenombres desafortunados que a la luz del tiempo tienden a perder su trasfondo despectivo.

Lo incierto se torna preciso, a los nacidos en el hermoso estado de Puebla, cuna del mole, los chiles en nogada y las chalupas se les acredita mundialmente como “Pipopes”: “Pinches Poblanos Pendejos” o “Pieza Poblana Perfecta” haciendo propia la alusión a la bellísima cerámica de Talavera, según afirman los más optimistas.

El origen de la palabra “Pipope” es confuso, se dice que germinó a raíz de la invasión de Estados Unidos a México, en el que éste perdió Alta California, Utah, Arizona, Nuevo México, Nevada y gran parte de Colorado y Wyoming, más del 51 % de su territorio y que en Puebla se recibió con honores y vitores al ejército invasor.

El desliz histórico inmortalizó a los poblanos con un epíteto no tan heroico. Otras versiones aseguran que ser Pipope es una actitud vital, la sociedad poblana es hermética y religiosa, siendo estas sus principales características.

Por otra parte, se conoce como “Guanaco” al nativo de El Salvador, país ubicado en Centro América, en el que se asevera que sus habitantes poseen la particularidad de ser muy trabajadores.

“Guanaco” tiene diferentes acepciones: la primera, referida al camélido antecesor de la llama y la vicuña, bestias cuya carne y pelaje son muy socorridas en Sur América; la segunda, relacionada a la persona tonta o simple; y la tercera, la que atañe al adjetivo de “aldeano”.

Tampoco se sabe de la raíz histórica o antropológica de este apelativo peyorativo asumido como propio por algunos salvadoreños, porque hay que ser muy tonto como para sentirse rumiante y muy aldeano como para pregonarlo por todas partes.

Tanto “Pipope” como “Guanaco” son insultos, aunque sean asumidos de diversas formas, en el caso de los primeros no conozco a un solo poblano que le guste ser llamado así, en el caso de los segundos revivimos una añeja discusión entre salvadoreños, porque no faltará quien justifique su orgullo nacional de lanzar escupitajos a diestra y siniestra y que se sienta feliz como todo guanaco silvestre de poseer su harem particular, rasgos distintivos del camélido sin joroba en vías de extinción.

Por eso es preferible decirles poblanos a los poblanos y salvadoreños a los salvadoreños, ¿o usted qué opina?.


Gabriel Otero


Publicado en Diario CoLatino, 31 de marzo de 2009
y en Blogotepeque







¿INSUMISIÓN O VASALLAJE ANTE LA RAE?

NUDO GORDIANO

Fotografía de Jerry Uelsmann

El tema es polémico. Hay en Latinoamérica escritores que piensan que escriben un castellano distinto al de España. Lengua castellana que lleva en algunos casos dentro el virus de la sintaxis de una lengua indígena. Como pasa con la sintaxis quechua insertada en la obra del escritor José María Arguedas. García Márquez ha pedido que se jubile la ortografía, que desaparezca la letra hache, los acentos, etc. Esto es porque se acentúa y se norma la "corrección" de las palabras por el canon y no por la utilización del lenguaje popular del país u región de los autores que deseen representarla. No todos los escritores de América piensan igual. Es obvio que así sea por los rezagos del pensamiento colonial en sus cabezas. Como tampoco comparten este opinión un sector de los escritores de España. Los cuales acatan sumisamente como vasallos las reglas de la RAE.

Los defensores del idioma español se basan en una normativa filológica miope. Por eso es importante dar una visión más amplia del problema. Para ellos nos serviremos del segundo Wittgenstein. Ludwig Wittgenstein es la máxima autoridad en filosofía del lenguaje. La mirada de su texto investigaciones filosóficas es iluminadora. El nos plantea en ese texto una visión del lenguaje alejada de la academia y sus diccionarios. Su opinión es que el significado y sentido de las palabras se dan por el contexto cultural y no por normas gramaticales . O sea por el uso de los interlocutores de la lengua hablada. No por la lengua escrita o las reglas de la ortografía. No se puede reglamentar la lengua castellana desde una oficina de la RAE en Madrid. La lengua esta en la calles. La lengua esta en los pueblos. La lengua esta viva en las regiones de América y España de una forma creadora. A esta visión más allá de una normativa filológica de la lengua Wittgenstein denomino juegos del "lenguaje".


¿Por qué el habla popular de un cuzqueño, un chilango, un andaluz, un chicano, un gallego no se utiliza en su lenguaje literario? ¿Será porque contraviene el orden de autoridad del “español”? ¿Se quiere creer en esa farsa de la homogeneidad del idioma de Castilla?

Algo parecido pasa con el Spanglish. O sea el lenguaje híbrido entre el castellano e ingles en el cual se comunican millones de latinoamericanos en Estados Unidos. No es una aberración idiomática. Es verdad no es una lengua. Pero es una forma de lenguaje tan válida como cualquier otra.

Termino este post citando estas palabras de Gabo:

«El deber de los escritores no es conservar el lenguaje sino abrirle camino en la historia. Los gramáticos revientan de ira con nuestros desatinos pero los del siglo siguiente los recogen como genialidades de la lengua. De modo que tranquilos todos: no hay pleito. Nos vemos en el tercer milenio».

Leo Zelada
Lima, Perú
1970-

Publicado en el blog Diario de un Dragón:

http://leozeladabrauliograjeda.blogspot.com/



* Al leer este artículo de Leo Zelada, que ojalá lo publique en Madridpress o El Porta(L)voz, retomo los cuestionamientos usuales que yo le haría a un purista de la lengua: ¿Qué diferencia fonética puede existir entre “se” y “sé” o “haya” y “halla” o “ralla” y “raya”?, ¿para qué distinguir mediante la tilde el acento prosódico y el ortográfico?,¿por qué exiliaron a la “ch” del alfabeto?, sabemos que todas las palabras tienen su historia ¿para qué ponerles un corsé?, si los aleteos del lenguaje van y vienen, se revolucionan pero nunca mueren.
Gabriel Otero






BOTELLA AL MAR PARA EL DIOS DE LAS PALABRAS

NUDO GORDIANO

Gabriel García Márquez
Aracataca, Colombia
(1928- )


A mis 12 años de edad estuve a punto de ser atropellado por una bicicleta. Un señor cura que pasaba me salvó con un grito: «¡Cuidado!»

El ciclista cayó a tierra. El señor cura, sin detenerse, me dijo: «¿Ya vio lo que es el poder de la palabra?» Ese día lo supe. Ahora sabemos, además, que los mayas lo sabían desde los tiempos de Cristo, y con tanto rigor que tenían un dios especial para las palabras.

Nunca como hoy ha sido tan grande ese poder. La humanidad entrará en el tercer milenio bajo el imperio de las palabras. No es cierto que la imagen esté desplazándolas ni que pueda extinguirlas. Al contrario, está potenciándolas: nunca hubo en el mundo tantas palabras con tanto alcance, autoridad y albedrío como en la inmensa Babel de la vida actual. Palabras inventadas, maltratadas o sacralizadas por la prensa, por los libros desechables, por los carteles de publicidad; habladas y cantadas por la radio, la televisión, el cine, el teléfono, los altavoces públicos; gritadas a brocha gorda en las paredes de la calle o susurradas al oído en las penumbras del amor. No: el gran derrotado es el silencio. Las cosas tienen ahora tantos nombres en tantas lenguas que ya no es fácil saber cómo se llaman en ninguna. Los idiomas se dispersan sueltos de madrina, se mezclan y confunden, disparados hacia el destino ineluctable de un lenguaje global.

La lengua española tiene que prepararse para un oficio grande en ese porvenir sin fronteras. Es un derecho histórico. No por su prepotencia económica, como otras lenguas hasta hoy, sino por su vitalidad, su dinámica creativa, su vasta experiencia cultural, su rapidez y su fuerza de expansión, en un ámbito propio de 19 millones de kilómetros cuadrados y 400 millones de hablantes al terminar este siglo. Con razón un maestro de letras hispánicas en Estados Unidos ha dicho que sus horas de clase se le van en servir de intérprete entre latinoamericanos de distintos países. Llama la atención que el verbo pasar tenga 54 significados, mientras en la República de Ecuador tienen 105 nombres para el órgano sexual masculino, y en cambio la palabra condoliente, que se explica por sí sola, y que tanta falta nos hace, aún no se ha inventado. A un joven periodista francés lo deslumbran los hallazgos poéticos que encuentra a cada paso en nuestra vida doméstica. Que un niño desvelado por el balido intermitente y triste de un cordero dijo: «Parece un faro». Que una vivandera de la Guajira colombiana rechazó un cocimiento de toronjil porque le supo a Viernes Santo. Que don Sebastián de Covarrubias, en su diccionario memorable, nos dejó escrito de su puño y letra que el amarillo es «la color» de los enamorados. ¿Cuántas veces no hemos probado nosotros mismos un café que sabe a ventana, un pan que sabe a rincón, una cerveza que sabe a beso?


Son pruebas al canto de la inteligencia de una lengua que desde hace tiempo no cabe en su pellejo. Pero nuestra contribución no debería ser la de meterla en cintura, sino al contrario, liberarla de sus fierros normativos para que entre en el siglo venturo como Pedro por su casa. En ese sentido me atrevería a sugerir ante esta sabia audiencia que simplifiquemos la gramática antes de que la gramática termine por simplificarnos a nosotros. Humanicemos sus leyes, aprendamos de las lenguas indígenas a las que tanto debemos lo mucho que tienen todavía para enseñarnos y enriquecernos, asimilemos pronto y bien los neologismos técnicos y científicos antes de que se nos infiltren sin digerir, negociemos de buen corazón con los gerundios bárbaros, los qués endémicos, el dequeísmo parasitario, y devuélvamos al subjuntivo presente el esplendor de sus esdrújulas: váyamos en vez de vayamos, cántemos en vez de cantemos, o el armonioso muéramos en vez del siniestro muramos. Jubilemos la ortografía, terror del ser humano desde la cuna: enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver. ¿Y qué de nuestra be de burro y nuestra ve de vaca, que los abuelos españoles nos trajeron como si fueran dos y siempre sobra una?

Son preguntas al azar, por supuesto, como botellas arrojadas a la mar con la esperanza de que le lleguen al dios de las palabras. A no ser que por estas osadías y desatinos, tanto él como todos nosotros terminemos por lamentar, con razón y derecho, que no me hubiera atropellado a tiempo aquella bicicleta providencial de mis 12 años.

*Texto cortesía del Instituto Cervantes pronunciado durante el I Congreso Internacional de la Lengua Española en Zacatecas en 1997.








MANTEL

BARDOS Y GOLIARDOS DE HOY

Mantel, óleo de Ana Moya, Valdepeñas, España


Duraznos
fondillos
rozagantes
viajan
en
la
tela
al
irremediable
abismo

Gabriel Otero

Del poemario Semillero, 2007






ARTE POÉTICA

BARDOS Y GOLIARDOS DE SIEMPRE




Juan Gelman
Buenos Aires, Argentina
(1930- )

Entre tantos oficios ejerzo éste que no es mío,

como un amo implacable
me obliga a trabajar de día, de noche,
con dolor, con amor,
bajo la lluvia, en la catástrofe,
cuando se abren los brazos de la ternura o del, alma,
cuando la enfermedad hunde las manos.

A este oficio me obligan los dolores ajenos,
las lágrimas, los pañuelos saludadores,
las promesas en medio del otoño o del fuego,
los besos del encuentro, los besos del adiós,
todo me obliga a trabajar con las palabras, con la sangre.

Nunca fui el dueño de mis cenizas, mis versos,
rostros oscuros los escriben como tirar contra la muerte.