14 de junio de 2008

DE MAIN STREET A INSURGENTES

VITRAL


De niño me sedujeron las orejas del ratón Miguelito, la pronunciación ininteligible del pato Donald, las torpezas de Tribilín, que nunca supe si era un híbrido entre perro y ratón, y las travesuras de Hugo, Paco y Luis. En las tres veces que visité Disney World me maravillaron el monorriel y Tomorrowland y casi se me sale el corazón por la boca cuando osado me subí a la Space Mountain. En Main Street, de día me atraganté de pretzels, de noche me conmovieron sus desfiles idílicos y fantasiosos en los que aparecían los personajes iconos de muchas generaciones de enajenados, yo entre ellos.

Disney ha cambiado desde entonces, de tener dos parques de diversiones ahora es un megaconsorcio cuyos tentáculos llegan a los recovecos de cualquier infante. Sus negocios son diversos como las serpientes de la cabeza de medusa: canales de televisión, libros, películas, hoteles, estudios, entretenimiento y parafernalia por doquier que pregonan que después de todo es necesario fantasear en este mundo tan pequeño.

Por eso no fue raro que el 80 % de la población del Distrito Federal, excluyendo sus áreas conurbadas, dato duro arrojado por periódicos y noticiarios televisivos, asistiera al anunciado y corto desfile de unos cinco kilómetros de Insurgentes en el que Mickey Mouse y sus secuaces pretendían causar sonrisas hasta en el más escéptico.

Los políticos y el clero criollos presenciaron ese escandaloso poder de convocatoria, que seguramente será tomado en cuenta en próximas campañas electorales, y en un futuro no muy lejano no sería extraño que un ilustre suspirante a la presidencia se vistiera con el traje de marinerito del pato Donald o que para ganar votos hiciera marometas como el cretino de Goofy.

En el desfile se manifestó la idiosincrasia nacional: la gente llegó desde las tres mañana con cobijas, chamarras, bufandas y guantes para verlo en primera fila, en los alrededores habían camiones de redilas cargados de los olores del vientre y las extremidades, a esa hora los vendedores se apostaron para la que sería una copiosa venta, llegó de todo, desde señoras perfumadas que se justificaban “porque no habíamos tenido al real Mickey en México” hasta ilusos intelectuales que pretendían atisbar el evento desde una mesa de Vip’s o Sanborn’s y que fueron llevados por sus mujeres e hijos literalmente a rastras.

Está por demás decir que el ambiente era asfixiante, desde el sol penoso que se asomaba entre una telaraña de nubes grises hasta la ansiedad de millones de chilangos que tenían la certeza absoluta de no viajar nunca a Orlando o a Anaheim para ir al Magic Kingdom y que por eso se acompañaron de escaleras, bancos, sillas, lazos y piolets para rebasar la estatura media nacional y así poder verle aunque fuera la cola al rey león o las escamas a la sirenita.

Y, según dicen, el espectáculo fue decepcionante, momentos antes huimos con la familia hasta encontrar un taxi como a seis kilómetros de la hecatombe. Y lamentablemente no se pudo recrear el glamoroso desfile de Main Street en Insurgentes, “tendríamos que cobrarlo” es lo que de seguro afirmarían los expertos en mercadeo.

Gabriel Otero


Publicado en el periódico Siete Días, 11 de diciembre de 2000, Cuernavaca, Morelos.











2 comentarios:

Julian dijo...

Para aliviar la ignorancia del autor acerca de Tribilín, debemos anotar que se ha publicado recientemente un facsímil de la entrada "Tribilín" en la última edición de "La Enciclopedia de Tlon", donde se describe a cabalidad el origen de esta singular criatura. No quiero abusar de la paciencia del lector con la larga explicación que ha merecido dicho personaje, baste con apuntar que surge de la relación espuria de una perra negra de raza nativa de la region de Ulnma en Tlon con un legendario bardo ciego cuyo nombre me es vedado mencionar. Se sabe (según el "Al-ibn-Faquar" de Trianógenes El Sabio) que el producto de esta relación, basada en el engaño, fue sustraído mediante artes mágicas desconocidas por el mago Disney e incorporado a su panteón mítico sin mencionar su origen. Muchos eruditos aseguran que Disney viajó a Tlon y allí secuestró a varios personajes. Muchos explican que la asexualidad de éstos corrobora la famosa teoría uqbariana de lo abominable de la cópula y los espejos, pero esto es debatible.

Gabriel Otero dijo...

Eso explica la diferencia evolutiva entre Tribilín y Pluto. El primero es irónicamente estúpido como el homo sapiens y el segundo cuadrúpedo, babeante, fiel y ruidoso cual debe ser.
Sería interesante analizar las razones de Disney para adoptar a roedores, palmípedos y caninos en su universo personal. Mickey, y, Mimi,los roedores; Donald, Daisy, Hugo, Paco, Luis, Rico Macpato Copete y Panfilo Ganso, los palmípedos; Tribilín y Pluto, los caninos, por cierto ¿qué son Ciro Peraloca y los Chicos Malos?

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