26 de noviembre de 2009

ENTREVISTA EN RADIO CIUDADANA

LO DE HOY


El domingo 29 de noviembre me entrevistarán en Radio Ciudadana a las 23:00 hrs., en el programa Letras para no dormir, quien quiera escuchar las loqueras de un servidor está cordialmente invitado, leeré versos y algunas Palabras de Cíclope (será la primera vez que las lea en un micrófono), abajo está la página para escuchar en línea.

Letras para no dormir se transmite los domingos a las 23:00 Hrs. (hora de México D.F.) La entrevista dura una hora.
Radio Ciudadana 660 AM y www.radiociudadana.imer.com.mx (cliquear la liga "escucha en línea")

Saludos, será un honor que me acompañen.
Gabriel Otero

GENERACIÓN 84

PALABRA DE CÍCLOPE


Para Julieta In Memoriam,
Cómo se acuerdan todos de ti


Asevera Sergio Montes, fotógrafo profesional, que alguna vez fuimos delincuentes en potencia, se refería los integrantes de la Generación 84 del Colegio Tepeyac, institución educativa ubicada al norte de México Distrito Federal que fue creada en 1940 por una fundación norteamericana para posteriormente ser manejada por frailes benedictinos brindándole su orientación educativa.

En 1972, la orden benedictina se retiró quedando a cargo un Consejo de Administración que tomó las riendas del colegio y continuó el camino trazado por sus antecesores.

Al principio las palabras de Sergio me parecieron duras y un tanto desproporcionadas, por fortuna ninguno de los 208 de la Generación 84 tenía necesidad de ganarse la vida, más bien crecimos entre algodones con los traumas típicos de la clase media, la mayoría vivíamos en las cercanías y nos íbamos caminito de la escuela (1) por las calles de Lindavista.

Haciendo una revisión del anecdotario tuve que darle la razón: para ser maestro de nosotros había que tener la paciencia de Gandhi, la vocación de la enseñanza a prueba de maremotos y estar convencido de que el paraíso existe antes de ser devorado por los leones.

En el recuento de nuestras imprudencias y complicidades llegamos a cosas inauditas, casos de crueldades extremas como amarrar a algún compañero en el pupitre y dejarlo sentado en calzones fuera del salón de clase o el robo de charolas completas de sopes, cuando Amadita la de la tienda se descuidaba, para repartirlas entre todos.

Y por supuesto, lo típico de cualquier colegio, los temas ocultos de los que nadie habla: sustracción ilegal de exámenes, sobornos, y relaciones extrañas y travesuras inofensivas como calentamiento de asientos con encendedor, apertura de hoyos reveladores en el escritorio de los maestros y torneos de basta, gato y timbiriche. También era usual la famosa quiniela en la que apostábamos a cuántos de nosotros sacaría el Tío Gamboin en la clase de lógica.

Parecería hipérbole contar que alguna vez alguien escaló tres pisos para meterse al aula de modelado y que lo de diario era trepar la reja de tres metros junto a la dirección y escabullirse por una ventana cuando se llegaba tarde.

Había que evitar la prefectura a toda costa, “el Foco” no se andaba con cuentos, mal geniudo buscaba cualquier pretexto para hacer valer su autoridad, era todo lo contrario a Juan Cuadros, un hombre pausado que utilizaba el poder de la palabra como medio de persuasión y por lo mismo lo queríamos y lo respetábamos.

Abundan las historias colectivas, hemos cambiado pero en el fondo seguimos siendo los mismos, imberbes de corazón en cuerpos añejos que descubrimos la vida día a día, compartimos la mística y un código mutuo, sí, somos afortunados, fuimos delincuentes en potencia, ahora pretendemos ser hombres de bien.

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(1) Canción de Francisco Gabilondo Soler “Cri-Cri”

Gabriel Otero

19 de noviembre de 2009

HACER O SER EL RIDÍCULO

PALABRA DE CÍCLOPE


Ilustración cortesía de www.plataformasinc.es


Dícese de la catagelofobia al intenso temor de alguien o miedo de ser presa de la risa o burla de los demás, en otras palabras es la fobia al ridículo.

Japón es el país adonde existen más personas que padecen esta enfermedad y por ende también abundan los katagelaticistas o gente que disfruta el causar sufrimiento mediante la risa o humillación de los otros (1).

Todos hemos sido ridiculizados en algún momento de nuestras vidas, en la tierna infancia cuando el maestro nos preguntaba la complicada y temible tabla del nueve o exhibía nuestros garabatos que ocupaban todo el renglón al intentar escribir con el método Palmer. La falta de memoria o destreza como ejemplo aleccionador para los demás y la tácita advertencia o terror sicológico de “que te haré pasar el ridículo sino aprendes rápido”.

Y de adolescentes cuando le declarábamos nuestro amor a la que nos hechizaba y ella simplemente nos hacía añicos con su indiferencia, y no sólo eso, sino que le contaba a sus amigas y a todos, que nos había dicho “no” por feos, dientones, enclenques, gordos, pobres o por tener la piel oscura o ser albinos con ojos rojos de conejo.

Sin embargo, ser ridiculizado nunca será lo mismo que hacer el ridículo voluntariamente, eso es todo un arte, se debe tener convicción, afán de notoriedad y además poseer una dosis de sadismo para torturar a los otros con la estolidez o la ausencia de talento propios.

Hay personas que su única manera de sobresalir es haciendo el ridículo fomentando la catagelofilia como una opción, hombres y mujeres que casi llegan al éxtasis al escuchar las carcajadas de su audiencia.

La televisión actual es especialista en ridiculizar y en convertir en mercancía las fobias y filias humanas porque ser y hacer el ridículo vende y genera rating, gran parte de la programación se basa en las pretensiones artísticas de algunos o en la inconformidad física de otros o en la búsqueda de amor de aquellos y así nos trasmiten bazofias como “La Academia”, “Buscando a una estrella”, “Me quiero enamorar”, “Sexos en guerra”, “El resbalón”, “Jackass” y tantos más.

Y no hay que subestimar el poder curativo de la risa, como diría el Guasón, pero también producir emisiones en las que se exalte la ridiculez se ha convertido en un síntoma más de la decadencia de la televisión que aún no encuentra otra razón para reinventarse y superar sus taras.
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(1) Fuente: “La risa es un placer, pero no para todos”, cable de la Agencia EFE fechado en julio de 2008.


Gabriel Otero

2 de noviembre de 2009

LA ABUELA

PALABRA DE CÍCLOPE

Fotografía de Tejutepeque cortesía de www.tejutepeque.com


Para la abuela Ángela

Recuerdo a mi abuela hablando de céntimos, de leguas, del Cerro de los Coyotes, de Tejutepeque, de la “Circasia Salvadoreña”, de la ruina familiar, del Partideño, de la huelga de brazos caídos que derrocó al Gral. Hernández Martínez, de sus hermanos que se fueron y los que se quedaron, de la tristeza de ver morir a los que amaba y saberse sola poco a poco.

La abuela era una mujer de carácter forjado en yunque, de esas “mujeres de fuego, mujeres de nieve” (1) estremecedoras, pioneras del siglo y de todas las épocas, le encantaba la fruta y contarme las mismas historias una y otra vez, yo no entendía que era su manera de no olvidarse, de afincarse en la memoria de su descendencia.

Le fascinaba escuchar a los pájaros y expresarme sus cantos en palabras, era mágica, testigo de tanto y protagonista de mucho en tan poco tiempo. Leía en voz alta, degustaba la fuerza de la letra, leía pausada para aprehender todo el conocimiento.

Su peor error, decía, era haberse ido con el primer jinete que le regaló un pedazo de luna, un seductor a caballo: mi abuelo, tan ilustre en la reminiscencia como desconocido a los ojos, un personaje incidental de enorme relevancia porque sin su semilla nunca hubiese nacido mi madre.

Cosas de la vida, eventualidades afortunadas, la abuela fue madre a los veinte años y partió a la ciudad, ahí era feliz con su hija, después nacería la Tía Concha, aunque falleció siendo niña. El deceso se escribió en tinta indeleble en su alma, alguna vez vi una fotografía de ella, una imagen borrosa de alguien al que se le escapó el hálito vital en un suspiro.

En San Salvador, la abuela padeció de la pobreza, el mal generalizado que se ha incrementado por el egoísmo de unos cuantos, el vicio de acaparar todo lo que se produce. Relataba haber vivido la solidaridad de clase, algo inexistente hoy en día, sobrevivió montando un puesto en el mercado con la dignidad por las alturas.

Yo oía atento sus lecciones de existencia mientras escudriñaba el mapa de arrugas en su rostro, para ella siempre fui “Gabrielito” el menor de sus nietos, el arcángel personificado.
La vi por última vez en 1995 cuando le faltaban nueve años para cumplir su primer centenario, dicen que perdió la lucidez poco antes de morir, no lo creo, seguramente se burlaba de mis hermanas mayores que se excedían en cuidarla.

La abuela aún me acompaña en sueños, es una figura tutelar que se aparece amable durante mis tribulaciones, la recuerdo siempre al alba cuando intento interpretar lo que me dicen los pájaros.

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(1) “Mujeres” de Silvio Rodríguez


Gabriel Otero