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LA BELLA DURMIENTE

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Ineptitud aniquila perseverancia, hay cosas para las que uno, en definitiva, no nace. Por más que se intenten vencer las inhabilidades, éstas se erguirán victoriosas recordándonos que es mejor darles la espalda para no caer en abismos de frustración. De niños nos siembran la idea que los imposibles son montañas escalables, vaya, cualquiera puede ser astronauta, piloto, actor, futbolista, cantante o presidente. Aunque esta última profesión ha sido  devaluada por el cretinismo progresivo en la que es suficiente dibujar bellezas con la lengua o convencer de que el paraíso está en cada esquina. Vorágine de reflexiones y sentires, hace 43 años a mis maestras de kínder se les ocurrió acercar a sus alumnos al fenómeno artístico y hacerlos partícipes de una obra de teatro: la versión libre y tropical de “La Bella Durmiente”. Los actores éramos infantes, que hacía muy poco habíamos dejado de babear, a los que obligarían a aprenderse las líneas más significativa...

LOS TALLERES EN LA LITERATURA SALVADOREÑA

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PALABRA DE CÍCLOPE    Lauri García Dueñas, Ana Escoto, Rolando Reyes, Gabriel Otero y Otoniel Guevara durante la mesa redond a de literatura salvadoreña en el Museo del Estanquillo Colecciones Carlos Monsiváis en el marco de la Décimo Segunda Feria Interna cional del Libro en el Zócalo 2012 Haber sido editor de suplementos, libros y revistas buena parte de mi vida tuvo sus ventajas: conocer de la mano de sus autores, lo que producían y en muchos casos, por las fortalezas o azares de la amistad, los alientos anímicos o cataclismos coyunturales que los impulsaban a escribir. El aspecto que siempre me pareció llamativo de la literatura salvadoreña es la propensión de sus autores a concentrarse en círculos creativos, que, en mi opinión se conjuntaban obedeciendo a dos razones subyacentes: una por afinidades ideológicas, como sucedió en la mayoría de los talleres literarios de la década de los ochenta; o bien, el fomento al culto de la personalidad del organiz...