13 de enero de 2013

TODO CAN ES INOCENTE HASTA QUE SE DEMUESTRE LO CONTRARIO


PALABRA DE CÍCLOPE




Los insondables caminos de la justicia a veces toman giros insospechados, lo que parece de seguro no lo es y lo que es no es lo que parece.

Hay vidas complicadas, de perros, dedicadas a la lucha descarnada por la supervivencia, el castigo de Adán recibido de ese Jehova vengativo y caprichoso del Viejo Testamento, anciano bipolar del que absolutamente nadie se quiere acordar, ni siquiera los ortodoxos que flagelan sus pecados con silicio. Cristo no sólo vino a salvar la humanidad sino también a rescatar la imagen bastante maltrecha de su padre.

En el Cerro de la Estrella, escenario de representaciones religiosas  como el tradicional Vía Crucis, organizado desde 1843, aparecieron cinco cadáveres en menos de una semana: los primeros fueron una mujer y su bebé, los segundos una pareja de adolescentes y la última una estudiante de secundaria que abandonó la escuela por la necesidad de trabajar. Los cuerpos tenían señales de mordeduras de cánidos e incluso había partes de las extremidades inferiores en los que quedaban los puros huesos.        

El Cerro de la Estrella está ubicado en la Delegación Iztapalapa al oriente de la ciudad, ésta es una de las 16 demarcaciones del Distrito Federal en la que habitan 1 millón 800 mil personas, es de hecho, la circunscripción más poblada de todo el país y es una zona con altos índices delincuenciales y de marginación.

Toda ficción es permisible para los impartidores de justicia en México, como los suicidios de cinco balazos por la espalda, los muertos que caminan y se entierran solos y los cadáveres de niñas que se esconden entre el colchón y la base de la cama para aparecer inodoros y frescos quince días más tarde.

Para los cinco asesinados en el Cerro de la Estrella las conclusiones periciales en criminalística eran contundentes: “….las lesiones que presentaban los cuerpos fueron provocadas por presión, deslizamiento y perforación de los tejidos blandos…y fueron producidas antemortem y postmortem, y que el lugar del hallazgo corresponde al lugar de los hechos”(1).

Las indiciadas, según las indagatorias, resultaron las jaurías de perros ferales por lo que las autoridades se dieron a la tarea de revisar parte de las 60 cuevas del Cerro de la Estrella y de capturar 25 canes famélicos, pulgosos y de aspecto inofensivo para presentarlos a la luz pública alimentando así la perversidad de las conjeturas.

Los cánidos fueron exhibidos tras las rejas y tuvieron el mismo tratamiento mediático que se les da a narcotraficantes y secuestradores. Nadie creyó el montaje lastimero y ridículo y hasta ofensivo para los familiares de las víctimas, es inaudito que las jaurías ataquen con la precisión de un asesino serial, y además, en lapsos muy cortos para intentar satisfacer su gula de carne humana.  

No se cuestiona en ningún momento su ferocidad pero en otros sitios de la Ciudad de México las agresiones de cánidos ferales han sido aisladas y muy espaciadas temporalmente y sin llegar a causar la muerte.

Las hipótesis populares señalan que lo más factible es que hayan tirado los cadáveres en el Cerro de la Estrella o bien que los autores materiales de los crímenes los hayan cometido in situ y que los perros se comieran los restos.

Y después de haberles practicado los análisis correspondientes a los 25 canes presos se concluyó que no eran culpables, no encontraron evidencias gástricas que los sentenciaran al matadero.    
     
El asunto dejó al descubierto el maltrato animal, el abuso sistemático  de otras especies por parte del hombre y la crueldad del abandono de mascotas. Se calcula que siete de cada diez perros que andan en la calle tuvieron dueño (2) y que hay 120 mil canes sueltos en el Distrito Federal.

Este es otro más de los problemas creados por el hombre que sigue empecinado en autodestruirse.

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(1)  “Muertes en Iztapalapa si fueron por mordidas de perros”, nota de Expediente Noticias, 7 de de enero de 2013, http://www.expedientenoticias.com/muertes-en-iztapalapa-si-fueron-por-mordidas-de-perros-5795  
(2) “Tuvieron dueño 7 de cada diez perros”, nota de El Universal, 12 de marzo de 2011, http://www.eluniversal.com.mx/notas/751301.html
 
Gabriel Otero