24 de julio de 2012

CHACHI CHACHITA

PALABRA DE CÍCLOPE





Jacob Ochtervelt "La señora con su sirvienta y su perro"



Ellas resuelven la praxis rutinaria, hacen lo que a cualquiera le cuesta y que nadie quiere hacer, todólogas expertas, desempeñan la suma de oficios hogareños en uno, las traen de los pueblos para explotarlas de dieciocho a veinte horas diarias, y las horas restantes, guardarlas en cuartos adjuntos a tendederos de ropa y cocinas.

Les llaman por apelativos genéricos, muchas veces burlones y despreciativos: criadas, chachas, gatas, domésticas, sirvientas, muchachas, fámulas, nanas, niñeras, mozas, mucamas, recamareras, esclavas, marías, ronroneras, cholinas y choleras.

Carecen de contratos y seguridad social, son un gremio dormido sin nombre que al despertar será inmensamente poderoso, las que tienen suerte se convierten en parte de las familias, las que no rebotan de casa en casa, de cuadra en cuadra y de colonia en colonia.  

En ciudades grandes son un lujo y en provincia son las corre ve y dile fundamentales que no se pierden los sueños de la telenovela de las cinco.

Para la doña de la casa encarnan muchos roles: aliadas en las labores y piezas clave en el engranaje doméstico, orejas y mironas cuando deben serlo. Y si tienen buen ver casi casi les cuelgan la humillación de un cencerro, para escuchar sus movimientos y evitar el feudal derecho de pernada que creen tener el patrón y sus vástagos.

Lo peor es que a los meses se desconoce de quién es lo que le crece en la panza a la chachi chachita, si del novio de fines de semana o del marido furtivo que de noche camina de puntitas para alborotarle el sexo y chingársela.

Sí, vil y literalmente le han jodido la vida antes de cumplir su mayoría de edad, ahora no sabe qué hacer, porque ella indefectible, ante ojos ajenos, será la culpable de haber buscado su violación: la quita maridos, la nuera por accidente, la futura madre de un hijo que nadie desea.

Y busca consuelo en la fe y los curas la reprenden por ofrecida y le dicen que su asunto es la voluntad de Dios y que ni se le ocurra eructar al feto que lleva en el vientre.

Y la señora de la casa la corre, la deja en la calle por igualada, huérfana de todos, estará fuera del mercado laboral mientras se desembaraza.

Se las ve negras hasta dar a luz en un hospital público, ahí le reprochan sus gritos de dolor y el haber abierto las piernas sin pensarlo, “camine hasta que no aguante”  le dijeron cuando se asomó la cabeza del niño.

Y estas historias son tan comunes que forman parte de una rutina oculta y cierta que a nadie le conviene revelar. 

Gabriel Otero

9 de julio de 2012

LOS VIEJOS NUEVOS DE SIEMPRE

PALABRA DE CÍCLOPE

 Fotografía de Yamina del Real


Desconfía de las primaveras.
Son solo el anuncio del regreso de los dinosaurios
Miguel Huezo Mixco


Regresaron campantes hablando de cambios y de institucionalizar revoluciones venideras, siguen desconociendo su imagen  resquebrajada en vidrios y reflejos, compraron cientos de miles de votos y voluntades, son la tribu jurásica invocada por el fastidio de 18 millones de electores.

Representan el autoritarismo que tanto seduce y ultraja a la nación: son la pierna enterrada de Don Antonio López de Santa Anna; son la mano en formol del General Álvaro Obregón; son los caprichos del Tlatoani Moctezuma Xocoyotzin; son las siete décadas trágicas del México moderno.

Son el pasado estrangulando al porvenir en el ahuehuete de la noche triste, son los personajes incómodos que nadie quería ver pero que ya llegaron, son la cúspide de lo abyecto, son el régimen telenovelero en el que abundan los suicidios de ocho balazos de tres calibres diferentes.

Es la corporación política especialista en manipular; es la dictadura perfecta moliendo a golpes el cuerpo sin tocar la cara; es el partido con el logo de los colores de la bandera que se anuncia en el medio tiempo, y en todas partes, para recordarnos que ahí están mientras bebemos.

Es el cacicazgo que esclaviza los campesinos; es la charola recogiendo dádivas y donativos para el México excelso de unos cuantos; es la impunidad con nombre y apellidos; es la reforma laboral en la que prevalece el criterio que pesan más dos tetas 38 D que un coeficiente intelectual de 150.

Es el imperio de los influyentes, ahora las y los peñas son de alcurnia aunque analfabetas, ahora las y los nietos surgen sin abuelos y por generación espontánea.

Es la celebración del sindicalismo clientelar con jornadas de trabajo inexistentes porque todos están de comisión bajo las órdenes del partido; es el regreso triunfal del chayote y del periodicazo y si no te gusta dale tu sobre al de al lado porque nunca faltará quien publique los milagros del sistema mexicano con errores ortográficos.         

Es el México que nos duele vuelto Nigeria, corregido y aumentado,  el país más corrupto de la tierra por el retorno de los viejos nuevos de siempre.

Y lo hecho en México está bien hecho.

Gabriel Otero