9 de mayo de 2011

GUERRAS AJENAS

PALABRA DE CÍCLOPE



Nosotros ponemos los muertos y otros el dinero, esa es la máxima directriz de la guerra en contra del narcotráfico en México, asesorada por extranjeros expertos en estrategias, guerrillas y cambios de piel.

Esos extraños personajes le regalaron sus cuernos de chivo a ex presidentes en señal de paz y amistad, ellos son los emprendedores de operaciones como “rápido y furioso” para atiborrar de armas el norte de la república, ellos y otros acostumbrados a actuar a escondidas.

Atrás quedaron los tiempos de la no intervención en la política interna de los pueblos, el liderazgo y la integridad de México en América Latina, mientras la dignidad es utilizada por los políticos como moneda de cambio para ganar todas las elecciones posibles, que viva la libertad de expresión siempre y cuando no sirva para gritarles a ellos: necios, corruptos e incompetentes.

Don Antonio López de Santa Ana “El Guerrero Inmortal de Cempoala”, “Su Alteza Serenísima” y “Visible Instrumento de Dios”, también conocido como el vende patrias más famoso de México, sería una coja caricatura de los gobernantes de hoy.

Ya no hace falta regalar territorios para pertenecer a otras naciones, con el pretexto de cuidar el patio trasero seguro llegaremos a la ignominia.

Sí, los ciudadanos lo sabemos, los malos son los asesinos, los ladrones, los extorsionadores, los secuestradores, los violadores, los que masacran al país con armas blancas y de fuego, pero también lo son los infiltrados, los vendidos, los que reciben fajos de dinero en lo oscurito, los que desintegran averiguaciones previas y pierden expedientes.

Y son villanos también los que se volvieron ciegos para no ver las atrocidades, los que proporcionan los terrenos para excavar las fosas comunes, los que escuchan los gritos de las víctimas y no se sienten aludidos, los que persiguen a sus hermanos pequeños para desaparecerlos, los que sustentan a todo un sistema con su oratoria.

¿Qué decirles a los familiares y amigos de cuarenta mil muertos? ¿Que su sacrificio significó un aporte al México que todos queremos? ¿Cómo justificar lo injustificable? ¿Que la mierda rebasó a las instituciones y que no saben contenerla?

¿Cómo llamar héroes a los policías que nos acosan? ¿Cómo sentirnos protegidos cuando no distinguimos entre héroes y villanos? ¿En qué lenguaje se puede hablar de ética con un político? ¿Habrá mayor torpeza de declarar una guerra cuando se conoce el estado del “sistema” de impartición de justicia?

Y nos ofendemos cuando en las noticias se difunde la “colombianización” de México, y nos punza ver en llamas al país de nuestras entrañas, el amado y maravilloso ombligo de la luna que no merece estar como está.

Como sociedad tenemos la palabra para extirpar lobanillos, excrecencias y verrugas, refundar el país siempre es posible.

Gabriel Otero