29 de diciembre de 2009

¿CUÁNDO NACIÓ JESÚS?

PALABRA DE CÍCLOPE
Imagen del Santo Sudario de Turín


Es perogrullada afirmar que el nacimiento de Jesús marcó un hito en la historia cuando cada día nos acercamos un poco más al exterminio de nuestra especie.

Considerado por muchos como el Mesías, no es necesario creer en los orígenes divinos de Jesús para tener la evidencia de que su vida y ejemplo transformó otras vidas, las de mujeres y hombres carentes de esperanza.

¿Cómo no deificar al hijo del carpintero que predicaba el amor a sus semejantes a pesar de recibir desprecio, escupitajos, tortura y muerte de su misma sangre?, minimizar su grandeza o compararlo con otros personajes históricos es tarea estéril, nadie ha podido impactar tanto la humanidad como para que dos mil años después celebremos su natalicio.

Eso es en esencia la navidad, aunque tenga una buena parte de matices paganos y cuya tradición la hemos adoptado como propia sin interesarnos el sincretismo sufrido a través de las épocas. La celebración de la navidad llegó a nuestra América por los conquistadores españoles.

¿Cuándo nació Jesús?, nadie tuvo ni tiene la certeza sólo aproximaciones, la fecha se diluyó por las conveniencias de la iglesia romana. En el año 525 el Papa Juan I le encargó al monje y matemático Dionisio el Exiguo establecer el año primero de la era cristiana (1).

Dionisio el Exiguo se equivocó en sus cálculos entre cuatro y siete años por lo que no pudo determinar con exactitud el día en que Jesús vio la luz.

Otras teorías se basan en el evangelio de San Lucas, en el que se señala la muerte de Jesús el 6 de abril y hacen una regresión temporal de acuerdo a su edad y a los nueve meses de gestación dando como resultado la fecha de su nacimiento que fue entre el 6 y el 8 de enero (2).

Sin embargo, se debe contemplar que los evangelios fueron elaborados cuarenta años después de su muerte y aquí cabría ponderar los límites entre el mito y lo real.

Sería terminante dilucidar la fecha precisa del nacimiento de Jesús para conocer los orígenes del hombre que hicimos Dios, aunque por la fuerza de la costumbre y la unidad es muy probable que sigamos celebrando la navidad el 25 de diciembre.

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(1) Fuente: Wikipedia
(2) De la nota “Investiga historiadora del INAH orígenes de la navidad”, El Financiero, jueves 24 de diciembre de 2008, México D.F.,


Gabriel Otero

15 de diciembre de 2009

EL GATO

PALABRA DE CÍCLOPE

Fotografía cortesía de Diario CoLatino www.diariocolatino.com


Para Armando Herrera

En la vida uno se encuentra con muchos tipos de personas que pueden ser agrupadas en cinco categorías: las entrañables, las esenciales, las invisibles, las abusivas y las pendejas. Estas tres últimas abundan, nos interceptan a cada paso, fieles a su naturaleza estorban aunque no se vean, malsanas cuestionan, intentan dañarnos, su idiotez es tan grande como sus afanes de sobresalir.

Y no es que pretenda hurgar en la epistemología de las relaciones humanas, ni tampoco teorizar en algo tan vano, pero de esta propuesta tipológica se ramifican variantes amplísimas y mezclas realmente perversas que no vale la pena ni siquiera mencionar.

En las aguas del río vital también convergen personajes disímiles a nosotros, con ellos raras veces congeniamos y más extraño es tenerles afecto, esos son verdaderos hallazgos, joyas descubiertas a la luz de los sucesos.

Allá por 1990, en el San Salvador de mis recuerdos, conocí a los integrantes del grupo Códices, un colectivo de artistas plásticos y escritores respetables como Camilo Minero, Julio Reyes, Alfonso Quijada Urías, Mauricio Marquina, Joaquín Domínguez, Mario Castrillo y Armando Herrera.

No tengo preciso si acordamos con Códices la publicación de una página semanal o quincenal en el Tres Mil, suplemento que apenas nacía pero que poseía la fuerza de un volcán en erupción, cuyas planas invariablemente eran incluyentes y democráticas.

Con Armando Herrera simpatizamos de inmediato, la irreverencia, el cinismo y el humor fueron los toques que salpicaron largas charlas, diálogos diáfanos en los que nos burlábamos el uno del otro, le decían El Gato, tal vez por su mirada felina, imagen rancia y tradicional para identificar a alguien que tiene ojos claros.

Las visitas del Gato al diario eran frecuentes, hablábamos de todo, de coyunturas y ortodoxias, de literatura y de erratas mutuas, nos leíamos ambos, alguna vez mencionó en su columna que “degustaría los versos del místico Otero”, me cagué de la risa y se lo dije, yo ya me hacía pergeñando metáforas en algún jardín zen como todo un asceta.

En otra ocasión en el Bar Café La Luna, durante una conferencia con alguien de Códices en el que el Gato era el moderador, el personaje invitado era probablemente Alfonso Quijada Urías, utilizaron el reverso de las hojas en blanco para estampar el logotipo y el eslogan del colectivo, aquello parecía el Show de Cristina entre comunistas de cepa, algo bastante surrealista.

El Gato seguramente rechazaría cualquier cenotafio porque su actitud celebraba la existencia, con él tuve el placer de platicar con alguien esencial, de esos protagonistas ocultos de la historia que actúan silenciosos, ¿para qué necesitar reflectores si siempre se hace lo que dicta el corazón?.

Gabriel Otero

8 de diciembre de 2009

SOÑAR Y VIVIR

PALABRA DE CÍCLOPE


Me resisto a creer que un tercio de mi vida la he pasado dormido, 14.66 años intentando llegar a los sueños, porque habemos noctámbulos por naturaleza que nos resulta inadmisible perder ocho horas diarias en futilidades, en esas actividades pasivas que son tan necesarias para no llegar a la insania.

No es lo mismo dormir que soñar, uno no es consecuencia de lo otro, sin dormir sería imposible la higiene mental y la regeneración del cuerpo, el descanso obligado cuando los párpados nos vencen, pero ¿qué sería de nosotros sin el sueño?, ¿podríamos vivir sin soñar?, ¿soñaríamos sin vivir?.

Querámoslo o no requerimos traspasar el umbral hacia lo onírico, cruzar el estado del movimiento ocular rápido*(1) y llegar adonde todo es insoportablemente permisible: volar sin tener alas, nadar sumergido por horas sin tener branquias, sentirse omnipotente y fundar mundos paralelos, escuchar colores, ver sonidos, hurgar los orígenes del inconsciente, en síntesis, personificar y parafrasear el Cogito ergo sum de René Descartes: “Sueño, luego existo”.

Hay quien sueña despierto en momentos de abstracción extrema cuando ningún estímulo le perturba, a ellos se les llama soñadores y se les trata de forma despectiva, son los genios y los locos, solitarios y creativos, muchas veces incomprendidos pero que luego con el tamiz del tiempo son adorados e incluso venerados.

Los visionarios nos han beneficiado con la concreción de sus sueños, la raza humana depende de ambos, de gente sobresaliente que ha dado su vida por un sueño y de la libertad que conlleva el simple hecho de soñar como piedra angular de motivaciones personales y colectivas.

Porque los sueños nadie nos los quita, son individuales y alimento de la lucidez, materia prima del arte, sustancia de estudios y discusiones filosóficas, sicológicas y religiosas a través de los siglos.

Los sueños son enigmáticos, en la Grecia Antigua surgió la oniromancia o técnica de interpretarlos a los que se consideraba con poderes premonitorios y fue hasta en el siglo XX cuando Sigmund Freud pretendió darles un contexto científico.

Los sueños se basan en símbolos, dilucidarlos es adentrarse en terrenos pantanosos, aclararlos implica jugar con conceptos contrarios otorgándoles valores emocionales y sicológicos.

En estos momentos yo sueño que escribo y que alguien en su sueño también me lee y que ambos formamos parte de otro sueño que es la vida.

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(1) Movimiento Ocular Rápido: actividad física que indica la presencia de los sueños mientras se duerme, conocido también por estado REM.

Gabriel Otero