30 de junio de 2008

DECLARACIÓN DE ODIO

BARDOS Y GOLIARDOS DE SIEMPRE



Efraín Huerta
Silao, México
(1914-1982)


Estar simplemente como delgada carne ya sin piel,
como huesos y aire cabalgando en el alba,
como un pequeño y mustio tiempo
duradero entre penas y esperanzas perfectas.
Estar vilmente atado por absurdas cadenas
y escuchar con el viento los penetrantes gritos
que brotan del océano:
agonizantes pájaros cayendo en la cubierta
de los barcos oscuros y eternamente bellos,
o sobre largas playas ensordecidas, ciegas
de tanta fina espuma como miles de orquídeas.
Porque, ¡qué alto mar, sucio y maravilloso!
Hay olas como árboles difuntos,
hay una rara calma y una fresca dulzura,
hay horas grises, blancas y amarillas.

Y es el cielo del mar, alto cielo con vida
que nos entra en la sangre, dando luz y sustento
a lo que hubiera muerto en las traidoras calles,
en las habitaciones turbias de esta negra ciudad.
Esta ciudad de ceniza y tezontle cada día menos puro,
ciudad de acero, sangre y apagado sudor.

Amplia y dolorosa ciudad donde caben los perros,
la miseria y los homosexuales,
las prostitutas y la famosa melancolía de los poetas,
los rezos y las oraciones de los cristianos.

Sarcástica ciudad donde la cobardía y el cinismo son alimento diario
de los jovencitos alcahuetes de talles ondulantes,
de las mujeres asnas, de los hombres vados.

Ciudad negra o colérica o mansa o cruel,
o fastidiosa nada más: sencillamente tibia.

Pero valiente y vigorosa porque en sus calles viven los días rojos y azules
de cuando el pueblo se organiza en columnas,
los días y las noches de los militantes comunistas,
los días y las noches de las huelgas victoriosas,
los crudos días en que los desocupados adiestran su rencor
agazapados en los jardines o en los quicios dolientes.

¡Los días en la ciudad! Los días pesadísimos
como una cabeza cercenada con los ojos abiertos.
Estos días como frutas podridas.
Días enturbiados por salvajes mentiras.
Días incendiarios en que padecen las curiosas estatuas
y los monumentos son más estériles que nunca.

Larga, larga ciudad con sus albas como vírgenes hipócritas,
con sus minutos como niños desnudos,
con sus bochornosos actos de vieja díscola y aparatosa,
con sus callejuelas donde mueren extenuados, al fin,
los roncos emboscados y los asesinos de la alegría.

Ciudad tan complicada, hervidero de envidias,
criadero de virtudes desechas al cabo de una hora,
páramo sofocante, nido blando en que somos
como palabra ardiente desoída,
superficie en que vamos como un tránsito oscuro,
desierto en que latimos y respiramos vicios,
ancho bosque regado por dolorosas y punzantes lágrimas,
lágrimas de desprecio, lágrimas insultantes.

Te declaramos nuestro odio, magnifica ciudad.
A ti, a tus tristes y vulgarísimos burgueses,
a tus chicas de aire, caramelos y films americanos,
a tus juventudes ice cream rellenas de basura,
a tus desenfrenados maricones que devastan
las escuelas, la plaza Garibaldi,
la viva y venenosa calle de San Juan de Letrán.

Te declaramos nuestro odio perfeccionado a fuerza de sentirte cada día más inmensa,
cada hora más blanda, cada línea más brusca.

Y si te odiamos, linda, primorosa ciudad sin esqueleto,
no lo hacemos por chiste refinado, nunca por neurastenia,
sino por tu candor de virgen desvestida,
por tu mes de diciembre y tus pupilas secas,
por tu pequeña burguesía, por tus poetas publicistas,
¡por tus poetas, grandísima ciudad!, por ellos y su enfadosa categoría de descastados,
por sus flojas virtudes de ocho sonetos diarios,
por sus lamentos al crepúsculo y a la soledad interminable,
por sus retorcimientos histéricos de prometeos sin sexo
o estatuas del sollozo, por su ritmo de asnos en busca de una flauta.

Pero no es todo, ciudad de lenta vida.
Hay por ahí escondidos, asustados, acaso masturbándose,
varias docenas de cobardes, niños de la teoría,
de la envidia y el caos, jóvenes del "sentido práctico de la vida",
ruines abandonados a sus propios orgasmos,
viles niños sin forma mascullando su tedio,
especulando en libros ajenos a lo nuestro.

¡A lo nuestro, ciudad, lo que nos pertenece,
lo que vierte alegría y hace florecer júbilos,
risas, risas de gozo de unas bocas hambrientas,
hambrientas de trabajo,de trabajo y orgullo de ser al fin varones
en un mundo distinto!

Así hemos visto limpias decisiones que saltan
paralizando el ruido mediocre de las calles,
puliendo caracteres, dando voces de alerta,
de esperanza y progreso.

Son rosas o geranios, claveles o palomas,
saludos de victoria y puños retadores.
Son las voces, los brazos y los pies decisivos,
y los rostros perfectos, y los ojos de fuego,
y la táctica en vilo de quienes hoy te odian
para amarte mañana cuando el alba sea alba
y no chorro de insultos, y no río de fatigas,
y no una puerta falsa para huir de rodillas.

25 de junio de 2008

MÉXICO DISTRITO FEDERAL

VITRAL



Paseo de la Reforma vista desde el Castillo de Chapultepec, Fotografía de Hajor

Si uno quiere practicarse la eutanasia prematura o fastidiarse la vida de forma gratuita, se debe residir en el Distrito Federal, aquí los días terminan antes del amanecer y las noches son cortas y frías.

Hace un tiempo el poeta Efraín Huerta le declaró su amor y odio a esta ciudad adonde todos se miran sin ver y caminan sin rumbo, siempre con la prisa de sentirse importantes. Los he observado en los parques o en el transporte público, en los cines, plazas y restaurantes, los persigue esa idea del tiempo que se hace agua en las manos.

Es el universo de los chilangos, viven hacinados en departamentos cargando en sus espaldas el privilegio o estigma de haber nacido aquí. En provincia son sagaces o prepotentes, competitivos o astutos, frágiles a veces, se sienten desnudos sin su ciudad pero esta los olvida desde el momento en que se van.

La ciudad también es espléndida y bella, baste caminar sobre el Paseo de la Reforma para sentirse dueño de la Diana Cazadora y levitar junto al Ángel de la Independencia o tan sólo contemplarla de noche con su marea de luces que compiten con el manto estelar.

Vista aérea de la Ciudad de México, fotografía tomada del foro Los Viajeros


Es una ciudad con opciones aunque haya que formarse para cualquier cosa, pareciera que todo fuese gratuito, hay gente por todas partes y a todas horas que pululan en un hormiguero buscando algo sin saber qué es.

Así es el Distrito Federal, ciudad orgullosa e inmensa, como cualquier mujer, nadie puede ufanarse de conocerla entera. Todos los días se traga a cerros, lomas y oteros para crecer.

Es ruidosa, goza de la algazara, hierve a cada instante, no es París ni es Nueva York es México City, la amada y la odiada, la que chupa la vida y se vive para ella.

Cualquier capitalino me exiliaría ipso facto si hablara mal de su ciudad, la única ventaja de irse a provincia sería poder escudriñar a alguna estrella languideciendo de nostalgia por desaparecer.



Gabriel Otero

Publicado en el periódico Siete Días, 30 de octubre de 2000, Cuernavaca, Morelos

EL ÚLTIMO SALMO

BARDOS Y GOLIARDOS DE HOY

Noche de verano y estanque, Edvard Munch

EL ÚLTIMO SALMO

I
Dios
concédeme un poema
que cante a voz de trino
los pájaros del campo,
todos los mares
y los ríos del mundo.


Señor
concédeme un poema
como delicada brisa
de tarde,
como tenue sol de estío.


Dios
deja fluir de mi pluma
todos los rincones de antaño,
has que salga de mis labios.

Señor concédeme el poema.

Mauricio Vallejo Márquez
San Salvador, El Salvador
1979

CANONICEMOS A LAS PUTAS

BARDOS Y GOLIARDOS DE SIEMPRE

Jaime Sabines
Tuxtla Gutiérrez, México
1926-1999

Santoral del sábado: Bety, Lola, Margot, vírgenes perpetuas, reconstruidas, mártires provisorias llenas de gracia, manantiales de generosidad.

Das el placer, oh puta redentora del mundo, y nada pides a cambio sino unas monedas miserables. No exiges ser amada, respetada, atendida, ni imitas a las esposas con los lloriqueos, las reconvenciones y los celos. No obligas a nadie a la despedida ni a la reconciliación; no chupas la sangre ni el tiempo; eres limpia de culpa; recibes en tu seno a los pecadores, escuchas las palabras y los sueños, sonríes y besas. Eres paciente, experta, atribulada, sabia, sin rencor.

No engañas a nadie, eres honesta, íntegra, perfecta; anticipas tu precio, te enseñas; no discriminas a los viejos, a los criminales, a los tontos, a los de otro color; soportas las agresiones del orgullo, as asechanzas de los enfermos; alivias a los impotentes, estimulas a los tímidos, complaces a los hartos, encuentras la fórmula de los desencantados. Eres la confidente del borracho, el refugio del perseguido, el lecho del que no tiene reposo.

Has educado tu boca y tus manos, tus músculos y tu piel, tus vísceras y tu alma. Sabes vestir y desvestirte, acostarte, moverte. Eres precisa en el ritmo, exacta en el gemido, dócil a las maneras del amor.

Eres la libertad y el equilibrio; no sujetas ni detienes a nadie; no sometes a los recuerdos ni a la espera. Eres pura presencia, fluidez, perpetuidad.

En el lugar en que oficias a la verdad y a la belleza de la vida, ya sea el burdel elegante, la casa discreta o el camastro de la pobreza, eres lo mismo que una lámpara y un vaso de agua y un pan.

Oh puta amiga, amante, amada, recodo de este día de siempre, te reconozco, te canonizo a un lado de los hipócritas y los perversos, te doy todo mi dinero, te corono con hojas de yerba y me dispongo a aprender de ti todo el tiempo.

19 de junio de 2008

EL ADULTO CONTEMPORÁNEO

PALABRA DE CÍCLOPE




El Grito, Edvard Munch
Loton, Noruega
1863-1944


Hablemos del pragmatismo postmoderno, lo único que tenemos en común usted y yo en esta época que nos tocó vivir como adultos contemporáneos, el nexo entre la temporalidad y la praxis vital que a la larga serán nuestras únicas defensas, antes que este mundo nos engulla y regurgite nuestros cráneos.

En el ánimo ecléctico de estos tiempos, ¿a quién se la habrá ocurrido mezclar los adjetivos adulto y contemporáneo? seguramente a algún enajenado advertising expert, redescubridor de la semántica, al que hicimos millonario a causa de nuestras nostalgias.

Alelados pensamos alejar nuestra vejez mediante la invocación: las imágenes remedio de la locura, surgen vertiginosas empalmadas a las sensaciones, afirmamos siempre que el pasado fue mejor que el presente, escuchamos sonidos estremecer recuerdos, los estímulos nos aturden en todos los flancos, reaccionamos salivando como perritos pavlovianos y no nos percatamos que Maquiavelo ha reencarnado en los mercadólogos con matices aún más perversos: dinero mas poder a más no poder es la consigna, la manipulación de mentes y conductas es lo consuetudinario, el homo sapiens tecnológico está más endeble que nunca.

Somos el target de la publicidad, la presa codiciada de la boa constrictora, los que podemos adquirir colecciones enteras de nostalgia hibernada en pepsi retro, discos, libros, películas, series de televisión, coches, lociones y ropa, todo en corte clásico bajo la ilusión global de bienestar.

La generación X somos los apocalípticos integrados, juego de contrarios como proclamaba hace unos años Umberto Eco, somos un segmento bastante amplio, coexistimos los que crecimos en los setentas y ochentas, pero no se asuste amigo contemporáneo, ¿lo puedo llamar así?, le aclaro que esta familiaridad patibularia nos convierte en cómplices.

Pronto cambiaremos de estatus, ¿acaso no expira la vida en un suspiro?, tenga la certeza que en un plazo máximo de veinte años nosotros seremos parte de la nostalgia ya no como adultos contemporáneos sino como adultos en plenitud, clientes seguros y esperados de funerarias y crematorios, ya no seremos un nicho de mercado sino que buscaremos nuestros nichos en criptas, cementerios y mercados, sólo entonces conoceremos la sabiduría de los gusanos mientras nuestro polvo se esparce hacia el centro de la tierra.

Gabriel Otero

Publicado en:
http://www.diariocolatino.com/es/20080826/articulos/58204/
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EL METRO

VITRAL



El metro de la Ciudad de México
Fotografía de René Venturoso


Después de haber perdido más de 400 horas, en un lapso de siete meses, en trasladarme de mi casa a Chapultepec y viceversa y contar y recontar luces de neón y estaciones y medir tiempos y secuencias de trenes y mirar rostros y apretujarse en el anonimato entre decenas de cuerpos, algunos hediondos, y aburrirse como molusco cuando olvido la esencial lectura y dormirse por el tedio y después de todo eso no me acostumbro a utilizar el metro.

¿Pero qué haríamos sin el metro?, es un transporte, rápido, económico, eficiente y en una palabra: esencial. En esa ciudad subterránea lo común son los empujones y codazos, las masas desbocan su agresividad en cosas banales. He presenciado disputas encarnizadas por un asiento, el típico “¿qué le ves a mi reina? guey”, muchas escaramuzas verbales y rara vez los golpes.

En las horas pico sus vagones anaranjados asemejan cámaras de gases, hombres y mujeres se encogen en la asfixia por la prisa de llegar a marcar la tarjeta.


El metro es un lugar donde lo pintoresco es lo cotidiano, un mundo en donde abundan todo tipo de vendedores, la oferta es variadísima: chocolates, dulces, chicles, pastillas para el mal aliento, pilas, pelotas, revistas, cuadernos, desarmadores, flexómetros y estuches de costura hasta libros de leyendas prehispánicas, diccionarios escolares o recetarios de medicina natural.

Ahí también se pueden escuchar todo tipo de expresiones artísticas como el estudiante de teatro ocurrente que grita algún monólogo de Albert Camus; el ciego que canta la melancolía de “Gavilán o paloma”; los tríos de quena, guitarra y flauta que interpretan la nostalgia andina de “El Cóndor pasa” o dúos de guitarras que tocan rolas de la primera época de los Beatles.

Por desgracia tengo que seguir utilizando el metro para recorrer los 25 kilómetros obligados a la chamba, lo positivo es que he podido leer y releer y así me sumerjo en mares de palabras que me abstraen a lugares ignotos adonde lo único subterráneo que hay son los sótanos y las tuberías.

Gabriel Otero

Publicado en el periódico Siete Días, 13 de noviembre de 2000, Cuernavaca, Morelos.

CAMINO


BARDOS Y GOLIARDOS DE HOY

Sun, Edvard Munch

CAMINO

1
Hice promesas
no recuerdo
si al viento

tracé mundos
en un párpado
que no se abre

votos
cosas dichas
al camino
río

la tarde
lluviosa
cae

2
En mi juventud
acostumbraba
a rezar

a coser
almendras
en las mañanas
de ocio

a sentir
lo que nunca
habría
de sentir

a saber
lo que ahora
no sé


Gabriel Otero


Publicado en www.lalupe.com, Suplemento Cultural Tres Mil No.938, Diario Colatino, 16 de Febrero de 2008, San Salvador, El Salvador y en el libro Nueva Poesía Hispanoamericana, compilador Leo Zelada, Ediciones Lord Byron, Madrid, España, 2008.

16 de junio de 2008

POÉTICA

BARDOS Y GOLIARDOS DE SIEMPRE
Manuel Bandeira
Recife, Brasil
1886-1968

Estoy harto del lirismo comedido
Del lirismo bien educado
Del lirismo funcionario público con libro de
registro expediente protocolo y
manifestaciones de aprecio al señor director

Estoy harto del lirismo que se detiene para
buscar en los diccionarios el cuño vernáculo
de un vocablo

Abajo los puristas
Vengan todas las palabras sobre todo los
barbarismos universales
Todas las construcciones sobre todo las
excepcionales

Todos los ritmos sobre todo los innumerables
Estoy harto del lirismo enamorado
Político
Raquítico
Sifilítico
Del lirismo que capitula ante lo que fuera
de sí mismo

Además no es lirismo
Será contabilidad tabla de cosenos secretario
de los amantes con cien modelos de cartas y
las diferentes maneras de agradar a las
mujeres, etc.

Prefiero más bien el lirismo de los locos
O el lirismo de los borrachos
El difícil y punzante lirismo de los borrachos
O el lirismo de los clowns de Shakespeare.

-No quiero saber nada del lirismo que no es
liberación.

Traducción de Luis Alberto Sánchez

14 de junio de 2008

LA BLACKBERRY

PALABRA DE CÍCLOPE
Otro mundo, Xilografía de © M.C.Escher, 1982
Entiendo que usted sea un representante del mundo de hoy, a sus cuarenta y tres años no puede vivir sin su blackberry, esa maravilla de los gadgets que le facilita sus citas de negocios, hay que vivir para contarlo, una historia de éxitos, un poco truculenta como la de todo buen yuppie, nimiedades claro está, hizo su primer millón antes de los 30 años, por supuesto que fueron más, los dineros siempre hay que tenerlos escondidos como los amores, es un decir, la especulación es una licencia poética-monetaria permitida por la codicia, que dicho sea de paso, no conoce límites.

¿Qué haría sin el aparatito que le rige su vida?, ahí tiene su memoria electrónica, ella le indica los cumpleaños de su catedral, así le llama a su esposa la rubia alta, la de apellido escupidor y la de las capillitas, así le dice a sus amantes las morenas, las que se apellidan Pérez, Rodríguez o Martínez, pero como saben a paraíso las condenadas, las color tierra, las intensas.

Ayer lo vi colocarse el puño derecho en el corazón mientras cantaba fervoroso el himno nacional, estaba todo el comité del partido, el pleno en sesión solemne y la blackberry que suena y la blackberry que vibra y usted que se tienta las bolsas, nervioso pálido busca el botón fulminador.

Imagínese, sudoroso lo nombran candidato presidencial y usted no sabe como carajos silenciar la blackberry, imagínese mañana cuando todo el país grite y usted en resumidas cuentas no sepa qué botón apretar, y alarmado le hablará a su gabinete, la mayoría yuppies y codiciosos igual que usted, algunos argumentarán que al país hay que manejarlo como una empresa y que los gritos son consecuencia del precio del petróleo y de la crisis alimentaria internacional y que lo mejor es sustituir la tortilla por la cal, y que hay que dolarizar y que hay que mandar tropas a Irak.

Imagínese ¿qué haría sin su blackberry?.

Gabriel Otero

http://www.diariocolatino.com/es/20080902/articulos/58390/
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REFLEXIÓN

BARDOS Y GOLIARDOS DE HOY

Untitled, © Jerry Uelsmann , 1969


REFLEXIÓN

1
Se ha olvidado la locura
la revelación que camina
expectante

se ha diluido la risa
en sombras salitrosas
de solemnidad

¿por qué no sanar el alba?
¿por qué no ver caer
las hojas de un mito?

2
Si aún es de día
para acariciar
el lomo
del sol

3
Si aún es hora
del saludable
fornicio

Gabriel Otero, del poemario Cronogramas, publicado en Revista Destiempos No.8 Mayo-Junio 2007
http://www.destiempos.com/n8/gabrielotero_n8.htm

DE MAIN STREET A INSURGENTES

VITRAL


De niño me sedujeron las orejas del ratón Miguelito, la pronunciación ininteligible del pato Donald, las torpezas de Tribilín, que nunca supe si era un híbrido entre perro y ratón, y las travesuras de Hugo, Paco y Luis. En las tres veces que visité Disney World me maravillaron el monorriel y Tomorrowland y casi se me sale el corazón por la boca cuando osado me subí a la Space Mountain. En Main Street, de día me atraganté de pretzels, de noche me conmovieron sus desfiles idílicos y fantasiosos en los que aparecían los personajes iconos de muchas generaciones de enajenados, yo entre ellos.

Disney ha cambiado desde entonces, de tener dos parques de diversiones ahora es un megaconsorcio cuyos tentáculos llegan a los recovecos de cualquier infante. Sus negocios son diversos como las serpientes de la cabeza de medusa: canales de televisión, libros, películas, hoteles, estudios, entretenimiento y parafernalia por doquier que pregonan que después de todo es necesario fantasear en este mundo tan pequeño.

Por eso no fue raro que el 80 % de la población del Distrito Federal, excluyendo sus áreas conurbadas, dato duro arrojado por periódicos y noticiarios televisivos, asistiera al anunciado y corto desfile de unos cinco kilómetros de Insurgentes en el que Mickey Mouse y sus secuaces pretendían causar sonrisas hasta en el más escéptico.

Los políticos y el clero criollos presenciaron ese escandaloso poder de convocatoria, que seguramente será tomado en cuenta en próximas campañas electorales, y en un futuro no muy lejano no sería extraño que un ilustre suspirante a la presidencia se vistiera con el traje de marinerito del pato Donald o que para ganar votos hiciera marometas como el cretino de Goofy.

En el desfile se manifestó la idiosincrasia nacional: la gente llegó desde las tres mañana con cobijas, chamarras, bufandas y guantes para verlo en primera fila, en los alrededores habían camiones de redilas cargados de los olores del vientre y las extremidades, a esa hora los vendedores se apostaron para la que sería una copiosa venta, llegó de todo, desde señoras perfumadas que se justificaban “porque no habíamos tenido al real Mickey en México” hasta ilusos intelectuales que pretendían atisbar el evento desde una mesa de Vip’s o Sanborn’s y que fueron llevados por sus mujeres e hijos literalmente a rastras.

Está por demás decir que el ambiente era asfixiante, desde el sol penoso que se asomaba entre una telaraña de nubes grises hasta la ansiedad de millones de chilangos que tenían la certeza absoluta de no viajar nunca a Orlando o a Anaheim para ir al Magic Kingdom y que por eso se acompañaron de escaleras, bancos, sillas, lazos y piolets para rebasar la estatura media nacional y así poder verle aunque fuera la cola al rey león o las escamas a la sirenita.

Y, según dicen, el espectáculo fue decepcionante, momentos antes huimos con la familia hasta encontrar un taxi como a seis kilómetros de la hecatombe. Y lamentablemente no se pudo recrear el glamoroso desfile de Main Street en Insurgentes, “tendríamos que cobrarlo” es lo que de seguro afirmarían los expertos en mercadeo.

Gabriel Otero


Publicado en el periódico Siete Días, 11 de diciembre de 2000, Cuernavaca, Morelos.











ES LA BABA

BARDOS Y GOLIARDOS DE SIEMPRE
Oliverio Girondo
Buenos Aires, Argentina
1891-1967
ES LA BABA
Es la baba.
Su baba.
La efervescente baba.
La baba hedionda,
cáustica;
la negra baba rancia
que babea esta especie babosa de alimañas
por sus rumiantes labios carcomidos,
por sus pupilas de ostra putrefacta,
por sus turbias vejigas empedradas de cálculos,
por sus viejos ombligos de regatón gastado,
por sus jorobas llenas de intereses compuestos,
de acciones usurarias;
la pestilente baba,
la baba doctorada,
que avergüenza la felpa de las bancas con dieta
y otras muelles poltronas no menos escupidas.
La baba tartamuda,
adhesiva,
viscosa,
que impregna las paredes tapizadas de corcho
y contempla el desastre a través del bolsillo.
La baba disolvente.
La agria baba oxidada.
La baba.
¡Sí! Es su baba...
lo que herrumba las horas,
lo que pervierte el aire,
el papel,
los metales;
lo que infecta el cansancio,
los ojos,
la inocencia,
con sus vermes de asco,
con sus virus de hastío,
de idiotez,
de ceguera,
de mezquindad,
de muerte.